Hallelujah (Rufus Wainwright)

 
Hay músicas que me llevan en volandas hasta el hospital o la consulta incluso aunque no pueda ni con las botas, músicas que me recuerdan el orgullo y responsabilidad de saber cierto lo que alguien dijo un afortunado día de especial lucidez: "nosotros, los espíritus, no sólo somos lo que parecemos ser y debemos comportarnos como lo que decimos ser" (que se den por buenas las redundancias ya que, al fin y al cabo, estamos entre amigos)

... Como el Comando, no puedo vivir sin música (click, anda y verás qué selección hermosa han preparado)
 




Now I've heard there was a secret chord

That David played, and it pleased the Lord

But you don't really care

for music, do you?

It goes like this

The fourth, the fifth

The minor fall, the major lift

The baffled king composing Hallelujah

Hallelujah…

Your faith was strong but you needed proof

You saw her bathing on the roof

Her beauty and the moonlight overthrew her

She tied you

To a kitchen chair

She broke your throne,

and she cut your hair

And from your lips she drew the Hallelujah

Hallelujah…

You say I took the name in vain

I don't even know the name

But if I did, well really, what's it to you?

There's a blaze of light

In every word

It doesn't matter which you heard

The holy or the broken Hallelujah

Hallelujah…

I did my best, it wasn't much

I couldn't feel, so I tried to touch

I've told the truth, I didn't come to fool you

And even though It all went wrong

I'll stand before the Lord of Song

With nothing on my tongue but Hallelujah

Hallelujah…
      

Revoltijo

 
 



Lo igual y diferente
porque todo es lo mismo con diferentes formas y colores.
Me encanta Kandinsky y esta imagen no es de ninguna manera lo mejor.
Este sitio, como reza la cabecera, es no oficial por muchas razones.

Una es que quien elige los copypaste, enlaces, temas, cuentos y canciones soy yo según mi historia personal,  gustos y pareceres; no es ningún maestro certificado ni sin certificar.

Otra es que practico zazen y punto y hasta ahí. No soy monja, no soy boddhisattva, no soy nada de nada aunque pueda parecer extraño (y lo es) después de tantísimos años perteneciendo a la “Orden”.

Otra es que de la misma forma que casualmente tropecé con el Zen, también me he dado de manos a bruces con otras tradiciones que antes de conocerlas detestaba y despreciaba sin más motivo que ningún motivo: masones, cristianos, cabalistas y sufíes por nombrar los más famosos pero por ahí también ha habido más de un chamán de pacotilla de los de engañar poniendo cara de interesante y haciendo mil pases de manos extravagantes, wiccanos, brujas y magos en minúsculas aunque también he encontrado una Bruja y un Mago en mayúsculas que menos mal que los tengo como amigos porque como enemigos me doy por muerta antes de que desplieguen el más pequeño de sus poderes (esas cosas existen y operan por mucho que yo me empeñe en racionalizalas e incluso descartarlas como fantasías todo lo que puedo que es bastante).

Y me reconozco occidental con todo lo bueno y lo regular que pueda tener.

No puedo negar, ni ganas que tengo, cierta querencia norteña y caballeresca (en conclusión: friki) que me puede a la hora de sentir y expresarme además del gusto por la simbología y el esoterismo que, a excepción del zen, me regalaron las tradiciones ya mencionadas.

Todo eso lo he bebido, comido y lo digiero poquito a poquito, con tiempo porque la digestión y asimilación requiere su tiempo, ritmo y forma.

Algunas marcas han sido tan importantes en mi vida como el Zen y a veces -las menos que puedo para no dar la lata con cosas que me interesan a mí exclusivamente- no puedo aguantarme y cuelgo algo de ellas que me parece especialmente revelador.

Guénon es uno de los autores que más veces me ha abierto los ojos y más alegrías me ha dado pero hay otros. Por ejemplo Toshihiko Izutsu que tiene dos volúmenes deliciosos y no muy extensos sobre sufismo y taoísmo o Peter Kingsley (“En los oscuros lugares del saber”). A Tolkien le considero hermano por compartir un sueño recurrente, el de “la Gran Ola” y Úrsula K. LeGuin ha escrito las cosas que yo hubiera querido escribir y como las hubiera querido escribir si hubiera sabido hacerlo...

Quiero decir que estoy hecha de una pasta que no es puro Zen sino un conglomerado de mil cosas y colores.

Al contrario de la gran mayoría de los compañeros de sangha (si tengo que atenerme a lo que dicen en voz alta) me sé y reconozco religiosa sin ninguna vergüenza puesto que para mí fue semilla, plataforma y trampolín.

Lo cierto es que creo que todo lo dicho es palpable en las entradas de elaboración propia pero lo aclaro por si  acaso.

Por consiguiente, y aunque me esfuerce, no todo lo que hay aquí es doctrina Zen, ni mucho menos, en el caso de que semejante cosa existiera -que no estoy segura del todo-.
  
Ve con cuidado y discrimina porque lo que fue y es bueno para mí no tiene por qué serlo para nadie más. O sí y todo sirve para la Vía...
 

SpanishRevolution: otra visión

 
A través del Templo Luz Serena
Aviso,  es largo pero tiene algunas cosas: entrevistas a Dokushô Villalba, Carlos Taibo, Fabio Gándara.
Dirigido por José Ortega. Música de José Luis Salas. Fotografía de José Vicente Bosch.


 

Piérdelo todo...

 
Tal cual lo encontré, tal cual lo paso con permiso de Los Hermanos Cervantes que por algún sitio de su "sitio" lo conceden con la sola condición de citar la autoría, como debe ser. Merece una visita y más de una. Ahí va el botón de muestra sin cambiar casi ni un punto ni una coma.

Son un poco efectistas, vale, pero es porque, como Sócrates, se comportan con las formas y maneras del tábano. Me reservo los comentarios.

Piérdelo todo y otras razones de por qué quedarse sin nada te transforma.
Si perdiera mi computadora, buscaría conectarme con el mundo a través de miradas, sonrisas y abrazos.
 
Si perdiera mi automóvil, haría amigos en el autobús, respiraría el aire fresco de camino a la parada, y bajaría de peso caminando más.

Si perdiera mi casa, me consumiría en dolor y angustia. Me sentiría desnudo, pero me quedaría mi trabajo y mi capacidad para generar abundancia y conseguir otra casa aún mejor.

Si perdiera mi trabajo, me sentiría desorientado y fracasado. Pero me quedaría mi talento, mis artes y mis dones para que otro trabajo venga a mí.

Si perdiera a mis amigos, los extrañaría y lo resentiría. Pero me queda mi encanto y mi humildad para atraer otras amistades que me ayuden a cambiar.

Si perdiera mi familia, a mis seres queridos, a quienes amo. Tardaría tiempo en recuperarme, pero me quedaría una vida para vivir honrando lo que ellos me enseñaron.

Si perdiera mi salud, me sentiría débil y sin esperanza, pero me queda mi espíritu y mi coraje para descubrir que no soy mi cuerpo, y que mi sanación va más allá de lo físico.

Si perdiera mi talento, me sentiría inseguro e inferior. Pero me queda mi sabiduría, para descubrir que el talento nunca se fué, sólo se tomó un decanso para que yo explorara en el sótano de mis dones olvidados.

Si perdiera mi dignidad, me sentiría avergonzado y amargado. Pero me quedaría la soledad para reflexionar y entender que nadie me puede quitar mi dignidad más que yo mismo. Si yo me la quité, yo me la puedo devolver.

Y si lo perdiera todo, todo lo que tengo, todo lo que soy, todo lo que hago. En medio de mi desnudez material y mental, entendería que perderlo todo significa ganarlo todo. Porque con mi piel celestial al viento entendería que venimos de la nada, nacimos sin nada y que nada y vacío son libertad, libertad de sacudirnos de lo que pensábamos que éramos y comprender que debajo de todo lo que nos liga a este mundo está la fuerza que nos impulsa a superar cualquier límite impuesto por nuestras ataduras...

Entonces comprendí que perder no es perder. Perder en realidad, es descubrir, deshechar el papel de regalo que nos envuelve, perder es abrir los ojos, es despertar.

Comprendí que nunca lo perdería todo, pues yo soy todo.

¿Y ahora qué?

Esta es la parte de auto-ayuda. Talvez no tan sublime y poética, pero si queremos ser integrales hay que vincular lo subjetivo con lo objetivo.

Lo primero que pensamos al leer este tipo de pensamientos es que podríamos estar subestimando el valor de lo que tenemos, somos y hacemos. ¿Qué acaso debo deshacerme de mi familia y vender mi casa para descubrir esta desnudez celestial de la que hablan estos hermanos de pacotilla?

Pues no. Esa no es la idea. Más bien, por cuanto amamos y valoramos lo que tenemos, es imperante desarrollar nuestra capacidad de emular nuestra desnudez sin necesidad de abandonarlo todo. Recordemos que este es un blog para gente normal, no para super gurúes espirituales.

Así que los dejamos con la siguiente práctica:

Todas las mañanas o todas las noches, busca un espacio relajado y privado donde puedas meditar. Durante esta meditación imagina qué pasaría contigo si perdieras algunas de tus cosas, relaciones y valores más preciados. Desde luego, las primeras emociones que imaginarías serían de desdicha y sufrimiento. Vívelas, no las reprimas.

Luego intenta visualizar en esta meditación qué harías para seguir adelante. ¿Cómo te levantarías? ¿De qué te arrepientes? ¿Qué hubieras hecho si hubieses sabido que ibas a perder eso que tanto apreciabas?

Con el tiempo, verás que tu capacidad de vivir más intensamente lo que tienes se irá refinando. Querrás pasar más tiempo de calidad con tu familia, redimir errores del pasado, perdonar gente, dar más abrazos y ¿por qué no? hasta en algunos casos puedes dejar ir aspectos y cosas de tu vida que sólo te estorban en tu camino de evolución personal.

Imagínate desnudo todos los días. Piérdelo todo en tu imaginario mental a diario. Entrénate para ser quien realmente eres. Un desnudista permanente. Un actor porno de la vida espiritual.

Namasté
 

La forma Zen de resolver un problema

     
 

El maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio Zen.

Cierto día, el Guardián murió. Se necesitaba alguien que pudiera ocupar su lugar.


El maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién haría la función de Guardián del Templo.

-"Voy a presentarles un problema",- dijo el maestro,- "y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo Guardián del Templo".

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; sobre él había un exquisito florero de porcelana con unas hermosísimas flores.

-Éste es el problema-, dijo- ¡resuélvanlo!

Los discípulos contemplaron, perplejos, aquella belleza.
¿Qué representaba? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al maestro y a los alumnos, caminó resueltamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el maestro - ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el maestro explicó:
- Fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un problema. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un hermoso amor que ya no tiene sentido, un camino que hay que abandonar… Sólo existe una manera de tratar con un problema.

Un problema, es un problema. No tiene sentido tratar de "acomodarlo" y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que "UN PROBLEMA".