Los sentidos interiores


La verdad era que ella (que se llama Nico de Nicolasa) no quería ni uno sólo de los dones y talentos que le fueron concedidos sin solicitarlos y sin que tampoco nadie le pidiera su permiso. Resultaban incómodos y la reportaban cero beneficios pero no lograba sacudírselos de encima por más intentos que hacía.

Podía oír, aunque no quisiera, los cientos de rumores detrás de las palabras y por si cabía la duda sobre esa certeza, lo que las sostenía y animaba se acompañaba de imágenes y escenarios como en destellos. Pero no podía convencer a nadie de que estaba diciendo lo que no quería decir.

Podía oler a distancia la mentira y el miedo porque como le informó su amigo el astrólogo, las estrellas de su nacimiento hacían pocas migas con las cosas que se escondían y ocultaban.  Y bien que se daba cuenta de que era cierto porque, aunque cubierta de oscuridad cada vez que se echaba el kesa sobre el cuerpo, prefería estar a kolomo descubierto. Pero no podía deshacer ni la mentira ni el miedo.

Podía encontrar los mil y un lugares dónde quedan atrapados los fragmentos de un alma cuando se rompe pero no tenía la habilidad de juntarla de nuevo y que brillara espléndida como deben hacerlo las almas que se precien de serlo.

Afortunadamente en cuanto al gusto de los sabores, estaba escasamente dotada, así que al menos se evitaba el sabor de la rabia, de la vergüenza o cosas parecidas que tenía la impresión, por otro lado bien fundada, de que sabían a demonios.

Sentía envidia de aquellos de entre sus hermanos que sin saber nada de lo que ella sabía podían, sin embargo y eficazmente, hablar con palabras que suenan, desconocer lo que nadie quiere que se sepa y restaurar lo roto sin dejar huella de forma que parecía que se había hecho solo.

Pero no sabía cómo volver atrás y olvidar porque si algo tenía por sobre encima de todo lo demás que no había pedido, era memoria; una memoria infinita que empezaba a pensar (por proteger su salud mental más que nada) que no era solamente la suya propia de su cuerpo y mente sino la de todos los demás que en el mundo han sido. Y eso fastidia. Dice.

Ryaku Fusatsu, la ceremonia del arrepentimiento


También conocida entre nosotros como "ceremonia de arrepentimiento", aunque este nombre no acabe de encajar por sus fuertes resonancias cristianas (que no sé qué problema le vemos a lo cristiano si a lo mejor es la Iglesia Católica la que, en general, mete la pata), cuando el sentido es muy diferente.

Ryaku Fusatsu significa, "fusatsu abreviada", mientras que fusatsu hace referencia a la clásica ceremonia budista de "uposatha" cuando cada luna llena y nueva se reúnen las cuatro divisiones de la sangha monjes, monjas, laicos y laicas (y dale con señalar género. Que no hace falta, que nos damos por incluidas!) para recitar las reglas del vinaya, el código monástico. La ceremonia completa dura varias horas por lo que ésta es la versión breve.

La ceremonia gira alrededor de los versos de arrepentimiento:

  "De todos los males que haya podido producir,
generados por mi mente, mi cuerpo y mi boca,
de todo este mal karma que es sin principio  ni fin,
ahora me confieso y arrepiento"

Y cantidad de pais (prostraciones), de hecho oí una vez el  comentario de que el significado de esta ceremonia era precisamente hacer muchas postraciones, quizá esto aclare mejor su sentido. El pai es caerse y volverse a poner de pie, una y otra vez.

Veo su sentido en el reconocer los errores y comenzar de nuevo, en recordar el momento de cuando pronunciamos nuestros votos.

Hay un principio en el zen que es repetir las cosas básicas una y otra vez, insistir sobre los mismos pocos pero importantes, puntos, tan fáciles de olvidar. Y ponerse de nuevo en camino, renovado, como el año que está a punto de comenzar

Recogido de Dojo Zen de Bilbao (que ya les avisé, que se lo dije, que cualquier día copiaba y pegaba a diestro y siniestro y así lo hago porque alguien-es nos tienen que ir contando las cosas que no sabemos de la forma tradicional que llamamos zen)






Ahora yo sin acotaciones al margen: Andaba a vueltas con el asunto de la confesión...

... que sé (del verbo saber intelectual que no es lo mismo que el verbo saber de tripas) que no hay nada que confesar ni nadie ante quien disculparse ni agradecer. Vale, sí, en según qué planos y niveles. En según qué otros, al menos a mí, me viene bien hacerlo de alguna manera. Y como me borré de los católicos me quedé (creía) sin forma de poner a servir la culpa en algún sitio que no fuera mi mente que se empeña en recordar hasta lo que no debe porque ya pasó y es pasado. Y vaciarme en el arrepentimiento que es el inicio de la reparación del daño que me permite sacudir las manos alegremente y continuar comenzando.

Sé que sobre esto voy a seguir porque me importa, por la vergüenza que siento cuando me doy cuenta de lo mal que me comporto aunque sea sin querer o queriendo un poco. O sea, mal :(

Zen en el asfalto



Para los que no vivimos en un monasterio tan ricamente arropados y protegidos por normas y ritmos naturales que nadie se salta

Para los que hacemos kinhin en los pasillos de un hospital, consulta, IES o primaria, conserjería y consejería, carrefour o nuestra propia casa o la de nuestros padres que van para mayores y ya se sabe...

Para cuando no podemos entrar en un dojo a la hora prevista y porque queda fatal hincar las rodillas en el asfalto de la parada de autobús

Para nosotros, los de a pie, los apuntados al zen del loto que nace en el fuego porque aquí nos ha tocado y así lo asumimos, allá va un ánimo que muchas veces necesitamos los que no somos marcianos:

"En el mundo de los deseos,
podemos practicar zaZen
por el poder de la sabiduría.

Cuando el loto nace en el fuego
jamás puede ser destruido".

Yoka Daishi (que también tiene lo suyo)

Mañana o al otro día me pongo más seria todavía y largo una de doctrina budista por su sitio:)

¿Soy budista?



¿Soy budista?
¿Soy zen?
¿Soy soto?
¿De qué continente?
¿De la sangha de quién?

¿De qué continente de qué sangha de qué maestro de qué dojo?

¿En qué sesshines de qué dojo de qué sangha de qué maestro?

¿Qué guenmai como en qué sesshines de qué dojo de qué sangha de qué maestro?

Soy el humano que comió la guenmai de las sesshines de tal dojo de tal sangha de tal maestro de la escuela soto zen budista de tal continente que lo único que de verdad quiere aunque ni lo sepa del todo no es la guenmai, ni las sesshines ni el dojo ni la ciudad del dojo ni  la sangha ni el maestro ni la escuela soto del planeta zen del budismo oriental o europeo.

Soy el humano que no tiene ni idea de a qué huele el aire de su casa verdadera pero sí sabe que está (y no la ve, no la ve) debajo de sus rodillas en zazen, de sus pies en kinhin, de sus manos y frente en sanpai, de su mano al mokugyo, de su boca en el hannya............................................

............................... de su culo en la silla de la oficina, de su nariz inclinada sobre la cazuela, de su garganta que canta... por encima, por debajo, por dentro, por fuera y todo alrededor.

Esto no está completo porque falta todo lo demás.
Es que a lo mejor me estoy haciendo un lío con tanta etiqueta.

Inspirado en la canción inglesa “Ésta es la casa que Jack construyó” donde todo está desde el principio y al final.

Ésta es la casa que  Jack construyó
Esto es la malta que estaba en la casa 
que Jack construyó

Ésta es la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Esto es el gato, que mató la rata, 
Ésta es la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó 

Esto es el perro, que fastidia la gata
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Ést aes la vaca, con los cuernos acodados,
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Ésta es la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el hombre andrajoso,
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó 

Éste el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el cocinero
que se regocijó por la mañana
que despertó el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el campesino que siega el trigo,
que sostuvo el cocinero 
que se regocijó por la mañana
que despertó el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Feliz Navidad


La "cosa" del tiempo de la Navidad es ésta.

Reconciliemos el alma y el cuerpo,
contemplemos en reposo la llegada del Espíritu celeste.



No tiene un estilo zen y no estoy segura de si es cristiano o pagano. Al final da lo mismo porque Lo que Es lo es igual para unos que para otros y en todos los tiempos.

Dicen que es durante el solsticio de invierno cuando La Puerta se abre y el Espíritu lo tiene más fácil para encarnar en humano.

Pienso yo que lo que nos querían decir los antiguos es que éste es el tiempo más propicio y favorable para que anide Lo que necesita de quietud y silencio para hacerse cierto y traducirse momento a momento todos los días en todo cuanto hacemos.

Sea como sea: que si puedo aliviar, que alivie; que si puedo animar, lo haga; que si puedo dejarme catapultar por el Espíritu al infinito, rechace la tentadora oferta y me quede aquí para llevarme conmigo el universo entero. Más que nada porque así lo prometo zazen a zazen y me sienta mal saltarme una palabra de honor dada libremente.

Inspirado en Arte Sacro