El Filandón



"El filandón es una reunión que se realiza por las noches una vez terminada la cena, en la que se cuentan en voz alta cuentos al tiempo que se trabaja en alguna labor manual (generalmente textil). Tal reunión se solía hacer alrededor del hogar, con los participantes sentados en escaños o bancadas" (me aclara wikipedia)


La cuestión es que me gustan los cuentos, historias y cotilleos. Me gusta escucharlos y me gusta contarlos.

Esas que comienzan por “me acuerdo de una vez...” que pueden ser de dojo y sangha o de tiempos clandestinos;

De montaña y escaladas de esas en las que uno se sabe como una arañita agarrada a la roca que Ella (la montaña) se puede sacudir en cuanto quiera con la pequeña ayuda del viento y la niebla y la nieve.

O del Gran Sol donde faenan algunos locos marinos porque dicen que no es un buen sitio para estar.

Y como todo esto suele suceder por la noche, me encanta que también me cuenten cosas misteriosas y un poco de miedo.

También me gusta que me narren de intuiciones extraordinarias y coincidencias asombrosas; de esas ocasiones en que uno siente, sin lugar para la duda, que realmente hay un ángel atento contratado a tiempo completo para guardar la espalda y la vida que tan alegremente nos jugamos demasiadas veces.

Claro que no hago ascos a esas otras que se inician con una sonrisilla y un “¿ah, que no sabíais que Tal está con Cuál? Pues sí, veréis...” o algo parecido......

Parece que ya no se llevan las noches de invierno al calor de la chimenea. Sólo parece porque apuesto algo (y seguro que no lo pierdo) a que no habría ni uno sólo de los que hasta aquí habéis llegado leyendo que se resistiera a una tertulia de estos estilos.

Pues nada, cualquier día después de un buen zazen de invierno.....

(ésta se la debo a Kosiki por una cosa y a una prima mía que es tonta, tonta, pero tonta del todo, por otra. Y sin embargo...)

Sesshin con Comando Dharma


A lo mejor tenías pensado hacer nada.......

o cuidar tus flores........

o saltar olas.......

o tumbarte al sol.......

o cocinar delicias............ y comértelas.......

o arreglar el mundo con media docena escasa de amigos de los de verdad y en serio ........

o dormir hasta que el mundo despierte y te llame de nuevo a la acción ........

o.......

¿sentarte sin más y a secas?

En cualquier caso..............
 

La lógica de la naturaleza


La naturaleza no entiende de justicia, ni de bondad, ni de merecimiento; sólo entiende la lógica de la causalidad, el equilibrio y la adaptación.


(Adicción al pensamiento. Pedro Jara)


depende


... de según cómo se mire.......

.... todo depende........


así que, y en este caso...



A la Vida se la obedece


Dentro de un dojo uno aprende a obedecer a la Vida y obedece. Será porque se dice que con la Vida no se hace nada, a la Vida se la obedece.

Le dicen que quieto y uno se queda quieto aunque le duela el alma o le tiemblen hasta las pestañas.

Que estirado y, atento al estiramiento, de vez en cuando, enderezará la espalda hasta parecer que quiera desplazar de su sitio al mismísimo cielo.

Que el mentón hacia dentro y uno lo hace aunque con ello aumente una antiestética papada de la que se arrepentirá, seguro que se arrepentirá.

Que respire con la tripa y también lo hace y también le crecerá la barriga de tanto empujarla hacia dentro y hacia fuera.

Que no cruce el altar y aunque no sepa por qué esotérica razón, motivo o circunstancia, no sea reglamentario atravesar ese espacio que es la línea más recta hacia su zafu, se abstendrá de hacerlo.

Que no apague las velas del altar a soplidos y nada, lo hace dando papirotazos al aire con la mano (que hay que ver lo que cuesta apagarlas de esa extravagante manera)... y así con todo.

En el dojo.

Y como resulta que dentro del dojo uno se pone de acuerdo y conforme con la Ley, curiosa y paradójicamente, cuando sale del dojo a la vida de todos los días,


a uno no le queda más remedio que desobedecer las leyes pequeñas para seguir obedeciendo la Ley grande.


Continúa quieto ante lo injusto, manteniendo la justicia.

Erguido ante otro humano erguido, apostando por la igualdad esencial de su naturaleza humana.

Entrado el mentón afirmando su determinación de hacer lo que hay que hacer.

Aireando las tripas donde almacena y esconde los olores que peor huelen. 

Evitando cortar el cordón que une el altar donde simbólicamente consagra sus mejores aspiraciones y su pequeño mundo egoísta. Y que ambos vuelvan a ser uno.

Moviendo el aire, tan sólo el aire, sutil y perfumado, para apagar los fuegos con el gesto preciso y contundente de una sola mano una sola vez. Como son las cosas en realidad.