Desde dentro o desde fuera

 
Los antiguos que querían hacer de su reino un ejemplo de virtud, ordenaban primero sus propios estados.

Queriendo ordenar primero sus estados, regulaban primero sus familias.

Queriendo regular sus familias, primero cultivaban sus personas.

Queriendo cultivar sus personas, rectificaban primero sus corazones.

Queriendo rectificar sus corazones buscaban primero ser sinceros en sus pensamientos.

Queriendo ser sinceros en sus pensamientos, extendían primero al máximo su conocimiento.

Esta extensión de conocimiento se basa en la investigación de las cosas.


Y al revés...


Al investigar las cosas, el conocimiento se hacía completo, sus pensamientos eran sinceros.


Siendo sinceros en sus pensamientos, sus corazones se corregían.

Corregidos sus corazones, sus personas quedaban cultivadas.

Estando cultivadas sus personas, sus familias estaban reguladas.

Estando reguladas sus familias, sus estados estuvieron gobernados justamente.

Estando gobernados sus estados con justicia, todo el reino estaba tranquilo y feliz.

(La gran enseñanza, I)
 
tomado prestado de http://pensamientofraterno.blogspot.com/

EL VIENTO LO BARRE........



En otros tiempos un monje estaba haciendo una peregrinación. Llegó junto a un monasterio en ruinas y preguntó qué había sucedido en aquel templo para que estuviera así. Los vecinos le contaron que un monje vivía allí solo, no tenía discípulos por eso cuando murió el templo quedó abandonado. Pasaba los días practicando zazen y escribiendo poemas. Un día escribió dos versos y después murió, no pudo terminar su poema. Todas las noches su fantasma vuelve al templo intentando terminar el poema. Los dos versos que escribió eran:
“El templo helado de la montaña está desierto y solitario,
Ningún monje vive en él”

El monje de paso decidió quedarse una noche en aquel templo, se puso el kesa y empezó a practicar zazen. A media noche llegó el fantasma y con su dedo escribió sobre las cenizas frías el principio del poema:

“El templo helado de la montaña está desierto y solitario,
Ningún monje vive en él”

Inmediatamente el monje de paso escribió a continuación:

“estas torres vacías, el viento las deja limpias.
Las salas viejas iluminadas por la luna”

En ese momento el fantasma quedó libre de sus tormentos. Nunca más volvió espantado por las ruinas de ese viejo monasterio. Este cuento es muy bello. Cada instante de nuestra vida debe llegar a término y dejar un lugar fresco y libre para el instante que viene después. Demasiado a menudo en la vida somos como ese fantasma, erramos entre el deseo y el lamentar el tiempo pasado. Incluso si no hay nadie hemos de limpiarlo todo, el viento lo limpia todo y la luna disipa la oscuridad. Poner la mirada atrás para observar el tiempo pasado, lamentar el tiempo pasado y así se vuelve uno como un fantasma. El fantasma no tiene pies.

Raphael Doko Triet

eso no se dice, eso no se hace

      

no se viola la tierra no se ensucia el aire no se vacía el mar no se roban los sueños no se come del miedo la ansiedad o el duelo no se engaña incluso si hay necesidad de mentir no se cortan los caminos no se oculta lo que debe ser conocido no se secretea no se niega el saludo ni el pan ni el agua ni el techo ni la sonrisa ni la opinión solicitada ni el aviso de peligro a cualquier camarada de vida tiempo y espacio que total y por resumir somos todos no se echan culpas como basura podrida sobre nadie no se recogen esas culpas si alguno tiene la desvergüenza de intentarlo no se esclaviza a los niños y no se los maltrata convirtiéndolos en los tiranos soberanos de todos los reinos no se excluye de la vida a los mayores no se olvidan los malos pasos y aún así el rencor no es un tesoro que guardar no se acapara no se usurpan los espacios ajenos no se grita no se deja uno morir a lo tonto y tampoco a lo bobo no se destrozan amistades ni amores pisando sobre ellas como el caballo de atila no se asalta el cielo sin respeto ni se transita por lugares que ni los propios ángeles se atreven a hollar... ¿más?.......

....y, después de todo, lo que hace tan precioso (en el sentido de tener precio y valor) todo lo que hacemos "bien" es que perfectamente sabríamos y podríamos hacerlo "mal".

Y elegimos no hacerlo.
    
   

El océano cabe en un kesa

  
  
Cuando se pronuncia la palabra "océano", surgen una infinidad de imágenes y símbolos. Evoca lo infinitamente grande, la profundidad, pero también la impermanencia: a veces algo apacible, a veces la tempestad.

También evoca el movimiento perpetuo, como una inmensa respiración, a veces suave, otras violenta. Su color como el del kesa.

Cuando el maestro Dôgen habla del kesa dice: "No es ni de algodón ni de lino ni de cáñamo, no se puede atrapar".

Su etimología, kasaya, quiere decir color velado, no se puede definir del todo, es marrón, es negro pero no es solo eso.

Es también comprender la dimensión elevada del kesa.

Como el océano, es azul, es verde, es negro, a veces adquiere un tinte cobrizo, a veces plateado.

Bajo algunos cielos casi tiene el color de la arena. No se puede nombrar del todo, nombrar su color. Es infinito.

Como el kesa, si se pretende nombrar, explicarlo en exceso, hay algo que se nos escapa. Como la práctica, se ha de comprender su elevada dimensión, la dimensión del Buda, la dimensión oceánica. Comprender que al venir aquí para practicar juntos uno no viene para perfeccionarse uno mismo ni para el propio bienestar. Que hay una dimensión salvadora.

Raphaël Doko Triet
Egino, en un octubre
      

Defender la casa del padre

  
 
Nire aitaren etxea
defendituko dut,
otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra,
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.

Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak;
galduko ditut
korrituak
errentak
interesak
baina aitaren etxea defendituko dut.

Harmak kenduko dizkidate,
eta eskuarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
eskuak ebakiko dizkidate
eta besoarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
besorik gabe
sorbaldik gabe
bularrik gabe
unziko naute,
eta arimarekin defendituko dut
nite aitaren etxea.
Ni bilen naiz,
nire arima galduko da,
nire askazia galduko da,
baina nire aitaren etxea
iratunen du
zutik.

Defenderé
la casa de mi padre,
contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la ley.
Defenderé la casa de mi padre.

Perderé
ganado,
huertos,
pinares;
perderé
interés,
ingresos,
dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.

Me arrebatarán las armas,
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán sin brazos,
sin hombros,
sin pecho,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Moriré,
mi alma se perderá,
mis descendientes se perderán,
pero la casa de mi padre
perdurará
erguida.

(Gabriel Aresti)