Este dojo es el relevo de otro que fue el primero en Valladolid e hijo de Deshimaru porque con él se educó quien lo puso en pie.

Han sido muchos años y han pasado muchas cosas como en el resto de dojos del mundo.

Han pasado por ambos infinidad de gente a la que desilusionamos o que se desilusionó ella sola sin nuestra ayuda. Gente para la que no fuimos suficiente, que esperaba más o que esperaba otra cosa. Infinidad de gente que desapareció sin más nada y qué queréis que os diga, humana que es una, aburre y fastidia.

Que para practicar zazen y entrar en el silencio y contemplar el universo y refrescarnos en la fuente de todo si es que llego y no me quedo en un arroyo, me quedo en casa.

Hace mucho tiempo que tuve la impresión de que este asunto de aupar un dojo, y mantenerlo vivo, era para profesionales; gente que pusiera toda su energía, mucho de su tiempo y toneladas de esfuerzo y sacrificio en mantener algo que, sinceramente, es bastante elitista se mire como se mire. En un sentido zazen es para todos porque no hace falta ser muy listo pero no es para todos porque no hay un dios que aguante un día detrás de otro soltando, soltando sin obtener, sin obtener u obteniendo tan solo para soltar y repartir...

mushotoku

shikantaza

zazen 

11 pensamientos +:

marcos dijo...

Desde unos 700 kms, ¡ánimo!. sampai

Comando Dharma dijo...

muchas veces he meditado con todos los Budhas del pasado presente y futuro (o sea, solo en el Dojo).

El Dojo para mi es solo una puerta, un agujero en el muro por el que alguien pasa solo un instante y sin dejar huella.

Mi compromiso es tocar esa madera cuando es la hora, el compromiso de los otros es para mí un misterio.

Siempre me acuerdo de la historia del Gran Pez.

«Quería pescar un gran pez, pero ningún pez nadaba en aquellas aguas demasiado puras.»
Para hacerse sus cañas de pescar había cortado todos los bambúes de la selva y se disponía a replantarlos cuando, un día, un hombre llamado Kassan llegó a la orilla del río. Inmediatamente Tokujo comprendió que este hombre era «el» gran pez.

Toni

Muiso dijo...

El Zen siempre ha sido minimalista. jajajajajajajajaa

Anónimo dijo...

He sido una de esas personas que pasó por el dojo.
Dejé de ir por causas ajenas. En mi caso, no tuvo nada que ver la desilusión. Iba y me sentaba. Me sentaba y no esperaba ni más ni nada.
Varias veces me planteo retomarlo, quien pisa un dojo una vez...
Y solo puedo decir que es muy grande que alguien mantenga un dojo y que a resistir y ánimo.

maite martin dijo...

un fuerte abrazo, soy de otro "dojo" y tambien he abandonado por causas que desconozco pero el dojo está en mi y yo en él. Paso por este blog una y otra vez a refrescarme y beber agua fresca.
Por favor recibe en el corazón mi reverencia ante ti por todo tu trabajo, mi sincera gratitud.

melenap dijo...

Yo todavía no he pisado ninguno. Niños, trabajo... Las horas que me quedan no son para salir de casa, sino para recogerme dentro y entrar en mi espacio virtual.
Pero te leo, y me sirve el saber que estas. Y me hace ilusión pensar que, quien sabe si en unos años, ya podré acercarme aunque sea para darte las gracias personalmente. Porque cerca estoy, no mas de 10 minutos,... pero tan lejos....

Ane Elexpe dijo...

Podría decir que los agradecimientos los merece muiso por mantener el dojo abierto contra todo sentido común. Pero estaría faltando a la verdad y eso suele sentarme mal así que me resisto a hacerlo. Por eso tengo que decir que quienes de verdad lo sujetan ya sea de forma permanente o a ratos, dependiendo del tiempo que pueden rescatar de sus complicadas vidas, son: Nicolás, Javier, Verónica, Óscar, Sara, Patricia, Pablo, Laura... y ninguno de todos estos son sus nombres verdaderos. En el fondo los nombres importan poco, lo que importa es la función que cumplen y las Tres Gracias que todos y cada uno simbolizan: la de dar, la de recibir, la de devolver..... así funciona un dojo. Creo.

Sea como sea y por los ánimos personalmente recibidos: Gasshô y que los dioses permitan que algún día nos encontremos para celebrar, por ejemplo, el solsticio de invierno que es el que más me gusta de todos.

^^

Siddharta dijo...

La historia del Gran Pez ... me recuerda otra historia: la del maestro tántrico tibetano Tilopa, que tuvo un solo discípulo: Naropa. Toda una vida, todo un maestro, para un solo discípulo. ¿Parece mucho para tan poco?

TODO mi agradecimiento para aquellos que hacéis posible que los dojos existan. Toni, Ane, todos. Dejarme ser un poco egoista y pediros, que por favor, no tireis la toalla.

Un abrazo muy fuerte.

Siddharta dijo...

Y si, el zen es minimalista .....ahora lo pillo, muy bueno, ja, ja.

Pero es verdad que parece que está de moda, pero mucha gente viene y se echa atrás. Demasiado directo, demasiado desnudo, demasiado exigente. Sin escapatorias, sin fantasías, sin especulaciones de esas que tanto gustan a nuestras mentes. Sin jugar al gato y al ratón con el ego. Pero a cada uno lo suyo.

Anónimo dijo...

Asistir a un Dojo me cambió la vida. Llegué roto y me fuí recomponiendo día tras día, zazen tras zazen. Y aunque ahora las circunstancias me impiden asistir, no tengo más que infinito agradecimiento a las personas que me abrian la puerta y tocaban la madera de lunes a sábado, por la mañana o por la tarde, y que siempre estaban dispuestan a intentar ayudar al despojo humano que se arrastraba hacia el zafu.

Y se que si algún día regreso al Dojo, allí seguiran.

Gracias a todos.

Anónimo dijo...

Pues yo también llegué roto, y roto sigo, que de algo tiene que servir ser un hipocondriaco.
No obstante, con los límites de la asquerosa confianza que muiso y ane tienen conmigo, y la mayor limitación de vivir a 800 km y por tanto con visitas esporádicas, siempre he percibido aquel lugar como un templo de paz, un hogar, con calorcito y todo, en el que te reciben y te acarician como merecemos las almas perdidas.
Salud, paz y libertad.

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