Mano derecha, mano izquierda...


No hagas mucho caso de eso que pone: "código de sanación emocional" ni (con perdón) tonterías por el estilo. Más bien y sencillamente, escucha, que a lo mejor, (quién sabe!), te regala un destello pequeñito de eso que tú y yo llamamos "Luz".



Cortesía de Jesús Carrasco.

Los sentidos interiores


La verdad era que ella (que se llama Nico de Nicolasa) no quería ni uno sólo de los dones y talentos que le fueron concedidos sin solicitarlos y sin que tampoco nadie le pidiera su permiso. Resultaban incómodos y la reportaban cero beneficios pero no lograba sacudírselos de encima por más intentos que hacía.

Podía oír, aunque no quisiera, los cientos de rumores detrás de las palabras y por si cabía la duda sobre esa certeza, lo que las sostenía y animaba se acompañaba de imágenes y escenarios como en destellos. Pero no podía convencer a nadie de que estaba diciendo lo que no quería decir.

Podía oler a distancia la mentira y el miedo porque como le informó su amigo el astrólogo, las estrellas de su nacimiento hacían pocas migas con las cosas que se escondían y ocultaban.  Y bien que se daba cuenta de que era cierto porque, aunque cubierta de oscuridad cada vez que se echaba el kesa sobre el cuerpo, prefería estar a kolomo descubierto. Pero no podía deshacer ni la mentira ni el miedo.

Podía encontrar los mil y un lugares dónde quedan atrapados los fragmentos de un alma cuando se rompe pero no tenía la habilidad de juntarla de nuevo y que brillara espléndida como deben hacerlo las almas que se precien de serlo.

Afortunadamente en cuanto al gusto de los sabores, estaba escasamente dotada, así que al menos se evitaba el sabor de la rabia, de la vergüenza o cosas parecidas que tenía la impresión, por otro lado bien fundada, de que sabían a demonios.

Sentía envidia de aquellos de entre sus hermanos que sin saber nada de lo que ella sabía podían, sin embargo y eficazmente, hablar con palabras que suenan, desconocer lo que nadie quiere que se sepa y restaurar lo roto sin dejar huella de forma que parecía que se había hecho solo.

Pero no sabía cómo volver atrás y olvidar porque si algo tenía por sobre encima de todo lo demás que no había pedido, era memoria; una memoria infinita que empezaba a pensar (por proteger su salud mental más que nada) que no era solamente la suya propia de su cuerpo y mente sino la de todos los demás que en el mundo han sido. Y eso fastidia. Dice.

Ryaku Fusatsu, la ceremonia del arrepentimiento


También conocida entre nosotros como "ceremonia de arrepentimiento", aunque este nombre no acabe de encajar por sus fuertes resonancias cristianas (que no sé qué problema le vemos a lo cristiano si a lo mejor es la Iglesia Católica la que, en general, mete la pata), cuando el sentido es muy diferente.

Ryaku Fusatsu significa, "fusatsu abreviada", mientras que fusatsu hace referencia a la clásica ceremonia budista de "uposatha" cuando cada luna llena y nueva se reúnen las cuatro divisiones de la sangha monjes, monjas, laicos y laicas (y dale con señalar género. Que no hace falta, que nos damos por incluidas!) para recitar las reglas del vinaya, el código monástico. La ceremonia completa dura varias horas por lo que ésta es la versión breve.

La ceremonia gira alrededor de los versos de arrepentimiento:

  "De todos los males que haya podido producir,
generados por mi mente, mi cuerpo y mi boca,
de todo este mal karma que es sin principio  ni fin,
ahora me confieso y arrepiento"

Y cantidad de pais (prostraciones), de hecho oí una vez el  comentario de que el significado de esta ceremonia era precisamente hacer muchas postraciones, quizá esto aclare mejor su sentido. El pai es caerse y volverse a poner de pie, una y otra vez.

Veo su sentido en el reconocer los errores y comenzar de nuevo, en recordar el momento de cuando pronunciamos nuestros votos.

Hay un principio en el zen que es repetir las cosas básicas una y otra vez, insistir sobre los mismos pocos pero importantes, puntos, tan fáciles de olvidar. Y ponerse de nuevo en camino, renovado, como el año que está a punto de comenzar

Recogido de Dojo Zen de Bilbao (que ya les avisé, que se lo dije, que cualquier día copiaba y pegaba a diestro y siniestro y así lo hago porque alguien-es nos tienen que ir contando las cosas que no sabemos de la forma tradicional que llamamos zen)






Ahora yo sin acotaciones al margen: Andaba a vueltas con el asunto de la confesión...

... que sé (del verbo saber intelectual que no es lo mismo que el verbo saber de tripas) que no hay nada que confesar ni nadie ante quien disculparse ni agradecer. Vale, sí, en según qué planos y niveles. En según qué otros, al menos a mí, me viene bien hacerlo de alguna manera. Y como me borré de los católicos me quedé (creía) sin forma de poner a servir la culpa en algún sitio que no fuera mi mente que se empeña en recordar hasta lo que no debe porque ya pasó y es pasado. Y vaciarme en el arrepentimiento que es el inicio de la reparación del daño que me permite sacudir las manos alegremente y continuar comenzando.

Sé que sobre esto voy a seguir porque me importa, por la vergüenza que siento cuando me doy cuenta de lo mal que me comporto aunque sea sin querer o queriendo un poco. O sea, mal :(

Zen en el asfalto



Para los que no vivimos en un monasterio tan ricamente arropados y protegidos por normas y ritmos naturales que nadie se salta

Para los que hacemos kinhin en los pasillos de un hospital, consulta, IES o primaria, conserjería y consejería, carrefour o nuestra propia casa o la de nuestros padres que van para mayores y ya se sabe...

Para cuando no podemos entrar en un dojo a la hora prevista y porque queda fatal hincar las rodillas en el asfalto de la parada de autobús

Para nosotros, los de a pie, los apuntados al zen del loto que nace en el fuego porque aquí nos ha tocado y así lo asumimos, allá va un ánimo que muchas veces necesitamos los que no somos marcianos:

"En el mundo de los deseos,
podemos practicar zaZen
por el poder de la sabiduría.

Cuando el loto nace en el fuego
jamás puede ser destruido".

Yoka Daishi (que también tiene lo suyo)

Mañana o al otro día me pongo más seria todavía y largo una de doctrina budista por su sitio:)

¿Soy budista?



¿Soy budista?
¿Soy zen?
¿Soy soto?
¿De qué continente?
¿De la sangha de quién?

¿De qué continente de qué sangha de qué maestro de qué dojo?

¿En qué sesshines de qué dojo de qué sangha de qué maestro?

¿Qué guenmai como en qué sesshines de qué dojo de qué sangha de qué maestro?

Soy el humano que comió la guenmai de las sesshines de tal dojo de tal sangha de tal maestro de la escuela soto zen budista de tal continente que lo único que de verdad quiere aunque ni lo sepa del todo no es la guenmai, ni las sesshines ni el dojo ni la ciudad del dojo ni  la sangha ni el maestro ni la escuela soto del planeta zen del budismo oriental o europeo.

Soy el humano que no tiene ni idea de a qué huele el aire de su casa verdadera pero sí sabe que está (y no la ve, no la ve) debajo de sus rodillas en zazen, de sus pies en kinhin, de sus manos y frente en sanpai, de su mano al mokugyo, de su boca en el hannya............................................

............................... de su culo en la silla de la oficina, de su nariz inclinada sobre la cazuela, de su garganta que canta... por encima, por debajo, por dentro, por fuera y todo alrededor.

Esto no está completo porque falta todo lo demás.
Es que a lo mejor me estoy haciendo un lío con tanta etiqueta.

Inspirado en la canción inglesa “Ésta es la casa que Jack construyó” donde todo está desde el principio y al final.

Ésta es la casa que  Jack construyó
Esto es la malta que estaba en la casa 
que Jack construyó

Ésta es la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Esto es el gato, que mató la rata, 
Ésta es la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó 

Esto es el perro, que fastidia la gata
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Ést aes la vaca, con los cuernos acodados,
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Ésta es la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el hombre andrajoso,
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó 

Éste el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el cocinero
que se regocijó por la mañana
que despertó el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Éste es el campesino que siega el trigo,
que sostuvo el cocinero 
que se regocijó por la mañana
que despertó el párroco afeitado y trasquilado
que casó el hombre andrajoso
que besó la chica abandonada
que ordeño la vaca con los cuernos acodados
que sacudió el perro, que fastidió el gato,
que mató la rata, que comió la malta,
que estaba en la casa que Jack construyó

Feliz Navidad


La "cosa" del tiempo de la Navidad es ésta.

Reconciliemos el alma y el cuerpo,
contemplemos en reposo la llegada del Espíritu celeste.



No tiene un estilo zen y no estoy segura de si es cristiano o pagano. Al final da lo mismo porque Lo que Es lo es igual para unos que para otros y en todos los tiempos.

Dicen que es durante el solsticio de invierno cuando La Puerta se abre y el Espíritu lo tiene más fácil para encarnar en humano.

Pienso yo que lo que nos querían decir los antiguos es que éste es el tiempo más propicio y favorable para que anide Lo que necesita de quietud y silencio para hacerse cierto y traducirse momento a momento todos los días en todo cuanto hacemos.

Sea como sea: que si puedo aliviar, que alivie; que si puedo animar, lo haga; que si puedo dejarme catapultar por el Espíritu al infinito, rechace la tentadora oferta y me quede aquí para llevarme conmigo el universo entero. Más que nada porque así lo prometo zazen a zazen y me sienta mal saltarme una palabra de honor dada libremente.

Inspirado en Arte Sacro

Hablando de Deshimaru


Anticipo el final: ¿Cuchara o tenedor? 

El monje que se tomó la molestia de montar un dojo a menos de doscientos metros de mi casa (cosa que me vino muy bien porque perezosa que soy si hubiera estado aunque solo fuera a un par de kilómetros ni me habría acercado), primero me cayó bien y luego fatal por cuestiones que no vienen al caso y sobre todo porque, bien simple: no congeniábamos.

No sé qué le parecía yo al principio pero sé que al final no me podía soportar.

A la monja que dirigía al monje a quien yo le parecía horrible, tampoco le gusté mucho.

Fueron importantes en mi vida no por afinidad personal (que no, que no y que no) sino porque estaban empeñados en poner fácil y cerca la Vía aún a gente que les sacaba de quicio. En mi mundo se le llama Generosidad, en grande y es una cosa de las más respetadas.

Y algo de eso hay también con Deshimaru y todos los demás a quienes hoy adoramos seguramente porque no los sufrimos (Esto es como lo de House, mola ver de lejos y en la tele un médico tan borde... excepto que te toque y aunque te salve la vida).

Si decimos que tal o cual compañero de cuadrilla y Vía es insoportable en sus disertaciones no quiero ni imaginar lo que tuvo que ser Dôgen, y a día de hoy sigue siendo, que es que hay que cogerlo con tiempo (mejor en invierno) y ganas y cuaderno para coger apuntes y traducir.

Uno no debe olvidar (ya lo dice el Comando en sus comentarios en esta entrada: fukanzazengi paso a paso (iv) que fue un erudito, que es reconocido como el filósofo más importante de toda la historia de Japón y eso suena a "ladrillo" hasta que uno se pone y descubre que sí, que es un ladrillo pero que con ese ladrillo se construye mucho más que una casa. Ah! y un experto esotérico tendai, no lo digo por fastidiar, aunque sé que a todo el mundo le pone nervioso el esoterismo y la metafísica............ tan necesarios y en algún momento obligatorios y luego descartables..........

A lo que voy: así y por llamar las cosas por su nombre, Deshimaru siempre me pareció un engreído más bien tirando a fascista en lo que se refiere a su personalidad PERO eso es lo de menos en el plano que nos importa, lo de MÁS es que acercó una práctica que necesitábamos, que casi-muchos de los mensajes que repitió las tres veces mínimas que cualquier mensaje necesita para ser procesado en lo profundo, fueron de acuerdo a la Ley  (¡Dios, qué cosas, yo diciendo esto!)

Y agradecida.

Agradecida por no haberlo conocido personalmente.

Agradecida de poder quedarme con la esencia ya decantada de algunas de sus afirmaciones (algunas).

Agradecida porque me obligó a fijarme en lo que decía y a discriminar que no es poco.

Y agradecida porque, equivocado o no (¿quién sabe?) transmitió lo que tenía y eso es lo único que se le puede exigir a un eslabón de cadena. Espero, porque si no la gran mayoría lo llevamos de “color”.

Tengo que decir que cuando encontré a Rafu y Alonso no me lo podía creer. 

No reñían sino que animaban. 

Sabían dulce. 

Que puede parecer proselitismo barato pero de verdad que no, que sé yo que tienen sus cosas pero aún así ....

Que necesitamos cariño y comprensión y confesión y ánimo tanto como espuelas y collejas ...........



..............me he vuelto a ir por las ramas....... cosas del kraken que también soy y se me escapa sin control del vez en cuando :(

musgo de estrellas


Al llegar la navidad, cuando era más pequeñita de lo que soy ahora, los primos nos juntábamos en la finca de unos de mis muchos tíos (porque entonces éramos lo que se conoce como una familia extensa que a día de hoy se ha quedado en una familia diminuta, sosa y bien avenida a base de hacer todos un esfuerzo un poco sobrehumano).

Y como los que “los pequeños” llamábamos “los mayores” tenían que entretenernos con algo en las mañanas de invierno, nos mandaban a coger musgo de estrellas como base para el belén que montaríamos, de poco en poco, de rey en rey y figurita a figurita, en las tardes de invierno tan, tan, tan largas y oscuras.

Por alguna razón que desconozco la única que encontraba el famoso musgo era yo, todos los demás se desesperaban con líquenes y musgos de largas cabelleras que “los mayores” decían que no servían, que no quedaban bonitos, que la navidad y el belén estaban hechos de estrellas y no de cosas secas y grises.


Total, que todo eso debió de ser que se me quedó en la memoria permanente y cuando tuve que inventar un nombre para este blog, musgodeestrellas fue todo lo que se me ocurrió. Y me pareció bien. Y puestos a buscar el significado de los símbolos (cosa a la que soy tremendamente aficionada y adicta), decidí que cuando muchas estrellas se juntan hacen un cielo y que entonces ese cielo en vez de ser azul sería verde porque la vida y el crecimiento comienza en verde brillante según todos los chinos que son de la gente más sabihonda del planeta.

Y que éste blog no sería nada o sería poco si no fuera por... lo que todos sabemos: que somos distintos y diferentes e iguales y que juntos componemos todos los colores. Que donde no llega el pragmático llega el trascendente. Que donde llega el científico lo supera el místico..... y así...

Y que de todos modos, todos tenemos la misma Orientación.........






................ Suerte y Gracia


Las investigaciones de Roberto Poveda


Como los de blogspot dicen (y dicen verdad ¡! en este caso) que el gadget "últimos comentarios" está estropeado y que de momento no consiguen arreglarlo; por si acaso no habéis visto éste en relación a la anterior entrada zazen, natural. Porque no tiene desperdicio y merece una entrada permanente y porque una de las intenciones iniciales del musgo era ser portal de entrada de las buenas cosas que circulan por la red... ahí van los resultados de las investigaciones de Roberto Poveda, que mantiene y alimenta Huellas del zen (buen, buen, buen, blog. Recomendado por el musgo y muchos otros blog hermanos).

"¿Era zazen, quiero decir shikantaza, el zazen de Nyojo y Dogen, lo que buscaba tu amiga? ¿O, tal vez, se había equivocado de sitio? Con frecuencia, tristemente con demasiada frecuencia, por no decir casi siempre, tiendo a pensar que los supuestos practicantes que se adhieren a la corriente iniciada por Dogen, en Japon, en el ss. XII, y rehabilitada por Kodo Sawaki, también en Japón, en el ss. XX, en realidad están ahí por error.



¿Sabe la gente que si lo que busca son iluminaciones, el satori, el kensho, las cumbres, los éxtasis, pueden dirigirse, por ejemplo muy cerca de España, en Francia, al templo "La Falaise Verte", perteneciente a la escuela del Zen Rinzai, donde les dirán como orientarse, por medio de los koan, en esa dirección? (pincha aquí para visitar su web)



¿Sabe la gente que si lo que desea es la llamada "iluminación" junto con relatos orientales, unida a un cristianismo renovado, probablemente menos decepcionante de aquel del que huyeron para después sentirse huérfanos y perdidos, pueden dirigirse, esta vez sin necesidad de salir de España, al Znedo Betania, dirigido por Ana María Schlüter, perteneciente a la escuela Sambo Kyodan, donde también encontraran koan y búsqueda del kensho, de la iluminación? (pincha aquí para visitar su web)





¿Saben que si tan solo necesitan sentirse un poquitín "espirituales" en un ambiente "japonés" pueden inscribirse en clases de ikebana, que no sólo no produce "tedio", sino que sirve para tener preciosa la casa?






¿Saben que, si necesitan hablar de "sus cosas", existen grupos de psicodrama? ¿Qué si necesitan sentirse miembros de un grupo existen los movimientos asociativos, los club de fútbol, los grupos excursionistas, etc., dependiendo de los gustos de cada cual? ¿Que si necesitan amigos, hay estupendos manuales de cocina que, tras practicarlos un tiempo con atención, nunca suelen fallar como reclamo?






¿Saben que para experiencias "intensas" y "trascendentales", con logros rápidos y garantizados, existe una substancia llamada LSD?, aunque creo que últimamente su calidad ha bajado mucho, pero buscando seguro que hay alternativas en el comercio.





El zen de Dogen, es decir el budismo según Dogen, (aviso para navegantes informados: digo Dogen y Nyojo e, intencionalmente, no añado Keizan Jokin) es un zen sin "iluminaciones", sin trasformaciones milagrosas, sin obtener nada, que se desarrolla en la cotidianeidad y en el silencio interior. O, como dice Ane: "hay un momento [...] en el que zazen se incorpora él solito a la lista no escrita de necesidades básicas y fisiológicas que ni se ponen en duda ni se eligen tales como cocinar y comer, procurarse techo y cama y dormir, respirar, comprar (pedir prestado o robar) ropa y vestir, llorar, reír"... 

Quién no esté interesado en esto, mejor sería que buscase en otro lugar, así no perdería su tiempo ni nos lo haría perder.

Y quien tenga piedad haría bien en informar de estas cosas a la gente... aunque los dojos se queden semidesiertos como la cueva de Bodhidharma".

Zazen, natural




Al principio zazen (me parece) se hace para uno mismo, tiene poco sentido y no suele suceder, que a uno se le ocurra algo parecido a "voy a hacerle un favor al mundo: me voy a sentar" (¡!).

Y generalmente, que no siempre, se encuentra con un regalo de bienvenida: un algo más de serenidad, un algo menos de rabia, tristeza o lo que sea que a uno le sobra.

Pasa un tiempo de luna de miel y poco a poco puede ser que llegue un tiempo de aburrimiento supino o eso al menos le escuché decir a una compañera de dojo: "me aburro como una ostra durante el zazen", dijo.

Tiene su explicación,  claro, porque es que la encantaba hablar y que la miraran (y lo digo como descripción de su persona, nada de censuras porque humanos somos y algo de eso tenemos todos). Y en zazen ni podía hablar (bueno, que poder, lo que se dice poder, se puede, pero casi nadie lo hace excepto uno que respondió a un kusen y fue uno de los mejores momentos que recuerdo dentro de un dojo. Resulta que el monje habló algo sobre el láser añadiendo que no recordaba bien el significado de las siglas y ése que os cuento, por allí al fondo, mientras continuaba inmóvil mirando sin ver su trocito de pared, contestó: "light amplification by stimulated emission of radiation, amplificación de luz por emisión estimulada de radiación"... genial! y más genial todavía fue que el monje, usando su mejor estilo zen estándar, le contestó a su vez: "no te he preguntado". El practicante nuevo, porque si no es nuevo ni se le ocurre comentar nada, dijo en voz alta y con toda cortesía: "perdón, como has dicho que no lo sabías"...).

Retomo, que mi compañera ni podía hablar ni nadie la miraba y esa era la causa de su tedio.

Personalmente no me he aburrido nunca porque, contraviniendo todas las instrucciones, tengo que reconocer que de vez en cuando, en zazen, también me dejo pasear por mis mundos internos, charlar con sus habitantes y proyectar escenarios, por ejemplo. Vale, que no hay que hacer eso pero que conste que sé que no soy la única, que sé de quien se dedica a hacer circular órbitas microcósmicas, quien recita mantras o mil otras cosas con tal de no caer de golpe en nada. O sea, igual que yo :)

Pero si uno decide no hacer caso de esa etapa y continúa impertérrito como si tal cosa en la práctica, hay un momento (que viene después del mesiánico de: "lo hago por la humanidad"...) en el que zazen se incorpora él solito a la lista no escrita de necesidades básicas y fisiológicas que ni se ponen en duda ni se eligen tales como cocinar y comer, procurarse techo y cama y dormir, respirar, comprar (pedir prestado o robar) ropa y vestir, llorar, reir.

O morir de la muerte verdadera o de la otra.

Pequeño buda



También tú has tenido la inmensa fortuna  de ser amado sin condiciones ni peros? o de amar así, al estilo de los budas?

El texto es de Ladrón de Guevara.

Hoy es cuatro de diciembre en Madrid.
Tú tendrías once años, y seguirías siendo una sombra en blanco y negro acurrucada en la cama, buscando brazos moteados de pecas y nuestro calor.

Ahora estarías dormido cerca del radiador, friolero,
tratando de conciliar el sueño, pero atento a sus gestos cómplices.
Dispuesto a seguirla, con paso firme, hasta el fin del mundo.
Yo os estaría observando desde cerca, amando ese mundo que es sólo vuestro.

Hoy es cuatro de diciembre en Madrid,
y aunque parezca extraño, se echan de menos tus ladridos,
los gruñidos al quitarte tu hueco en el sofá, justo entre los dos,
llevándote toda la manta y las caricias, y su sonrisa.

Me gustaría que la vieses ahora, infinitamente hermosa,
aunque echándote de menos cada día. Doliéndole tu nombre,
tu ausencia, tu recuerdo, el botón que movías cuando te abrazaba 
o regresaba a casa.

Siento que no estés en tu cumpleaños, pero en casa, te espera una vela encendida.

Para Mar

tanto para un roto como para un descosido


Los del yoga son de una manera así como ascética. Bien.

Los cristianos de otra un punto ladeada hacia la bondad excesiva, al menos en apariencia. Bien.

Los sufíes tienen el estilo de un amante apasionado y exquisito con sus manos y espíritu repletos de vino y rosas. Bien.

Los cabalistas tirando a racionales y científicos dentro de la obvia imposibilidad de reducir tan sólo a ciencia el plano del espíritu. Bien.

Los chamanes se encargan del trato y comercio con las entidades del mundo intermedio. Bien.

Se podría decir que los taoístas son la élite de la élite de puro reducidos a nada, silencio y sombra. Bien.

Los tibetanos, expertos exploradores de la conciencia, paso a paso. Bien.

... ya, pero si eres de esos a quienes todo les vale para un buen cocido; que hacen vestido tanto de un roto como de un descosido; inocentes primitivos bendecidos con el sagrado talento de mutar lo útil y lo inútil en fruto que alegra y alimenta, si eres hermano y amigo de las Tres Gracias: Dar, Recibir, Devolver... entonces a lo mejor el kesa es tu cobijo y tu lugar un zafu.

Y que el buen dios se encargue del resto que para eso le ha tocado el papel de ser Dios.


Este dojo es el relevo de otro que fue el primero en Valladolid e hijo de Deshimaru porque con él se educó quien lo puso en pie.

Han sido muchos años y han pasado muchas cosas como en el resto de dojos del mundo.

Han pasado por ambos infinidad de gente a la que desilusionamos o que se desilusionó ella sola sin nuestra ayuda. Gente para la que no fuimos suficiente, que esperaba más o que esperaba otra cosa. Infinidad de gente que desapareció sin más nada y qué queréis que os diga, humana que es una, aburre y fastidia.

Que para practicar zazen y entrar en el silencio y contemplar el universo y refrescarnos en la fuente de todo si es que llego y no me quedo en un arroyo, me quedo en casa.

Hace mucho tiempo que tuve la impresión de que este asunto de aupar un dojo, y mantenerlo vivo, era para profesionales; gente que pusiera toda su energía, mucho de su tiempo y toneladas de esfuerzo y sacrificio en mantener algo que, sinceramente, es bastante elitista se mire como se mire. En un sentido zazen es para todos porque no hace falta ser muy listo pero no es para todos porque no hay un dios que aguante un día detrás de otro soltando, soltando sin obtener, sin obtener u obteniendo tan solo para soltar y repartir...

mushotoku

shikantaza

zazen 

Aquí y ahora



El título tiene algo que ver con el contenido. Algo.

Lo que pasa es que las cosas en el cosmos universal van lo que se dice despacio.

Más o menos como las cosas de palacio.

Y los pobres humanos que habitamos tanto el cosmos cósmico como nuestro palacio-cuerpo estamos fabricados con una pasta hecha de impaciencia pura.

Dicho sea en nuestro descargo, el tiempo no es el mismo para el mencionado cosmos que para nosotros los humanos de a pie de tierra. Mientras él cuenta con la eternidad, nosotros solo tenemos el átomo más diminuto de todo ese tiempo.

O eso nos parece porque hay filósofos que avisan del eterno ahora. No sé si es para animar o porque realmente si sólo te quedas en el aquí y ahora nada nunca es tan grave. Pero bueno, eso son las cosas abstractas de los filósofos que siempre andan se diría que en la estratosfera.

Lo malo de todo esto es pensar. Aunque creo yo que, más que pensar, lo malo es preocuparse, todo el mundo sabe eso de que preocuparse, sin el pre, es muy saludable. La pequeña diferencia me parece que está en que si me preocupo lo único que hago es poner a mil revoluciones la cabeza, que además ya sabemos que tiene un gran "repris" (y que me aspen si sé cómo se escribe semejante palabreja). Y en definitiva no hacemos.

En el planeta zen se dice que es mejor hacer. Hacer da resultado y satisface. Claro que hay que saber cómo; las cosas no son tan sencillas...

Una vez un monje me explicó un poquito del secreto: dijo que en cada momento hay que hacer lo que toca, que eso sabemos más o menos todos.

No es una cuestión de elección, sino que todo el mundo sabe que a eso del momento en que a uno se le abren los ojos, pues toca despertarse; y uno se despierta. Y toca remolonear; y uno remolonea y se estira en la cama y en el cuerpo se le pone como un gustito. No es que uno piense: "¿remolonearé? ¿y si se me estira un tendón? ¿y si alguien entra y me ve y piensa que vaya vaga...?..." No, una no piensa nada, es que toca hacer eso y lo hace con todas las ganas. Y después se levanta y se va al cuarto de baño y abre el grifo y pone las manos debajo de él y siente el agua fresquita. Y si una es un poco agradecida se da cuenta de la inmensísima suerte que tiene de tener agua de una forma tan sencilla como hacer un giro de muñeca y, hale, agua va!.

¿Sabes lo que quiero decir?. 

Lo mismo sucede pongamos por caso, con la comida.

Estoy segura de que, por ejemplo, las primeras comidas que hiciste en tu propia casa, no sólo no te importó, sino que disfrutaste porque, si bien lo miras, pensar en qué comida hago es francamente divertido: puede que primero lleguen a la cabeza los tomates, o igual son las cebollas... y después piensas qué puedes hacer con ellas: que si las cueces, que si las fríes, que si las pongo a hacer miguitas con el aceite o con unos ajos para que se hagan novietes...

Y luego toca ir a comprarlas. Y claro, puede que a una le dé un poco de rabia y pereza vestirse para "bajar" y encontrarse con la verdulera. Pero puestos a seguir el ejemplo de Pollyana, meter las piernas en los pantalones de forma que cada pierna vaya por su sitio y no se te quede el pie a media pernera y entonces casi te caigas poniendo en peligro, puede que no tu vida, pero sí un buen golpe; y luego meter la cabeza en la camiseta y mientras resbala orejas abajo levantar de golpe los brazos justo para que se cuelen por las mangas. Y más luego a continuación poner un pie delante de otro de forma que, ¡vaya maravilla!, tus pies y tu cabeza se ponen de acuerdo para dejarte justo delante de la puerta de la verdulería llena de colores listos para comprar, cocinar y comer...

¿Sabes ahora a qué me refiero?. 

Quiero decir, volviendo a lo de las comidas, que al principio igual porque era nueva, la cosa tenía más gracia. Fue después, que se convirtió en rutina, que las comidas pasaron de ser comiditas (hay que poner tono dulce y cariñoso) a ser "las comiditas" (aquí el tono ha variado ostensiblemente hacia la coña marinera pintada de cierto cansado resentimiento porque "nadie me lo agradece", "y yo qué" o cosas por el estilo). Pero los ajos y las cebollas, la cocina, las recetas..  no han cambiado. Ellas siguen siendo igual, ofreciendo sus colores a quienes los quieran ver, oler y saborear. Eres tú y yo (con el tú de mi canción no te aludo compañero, ese tú soy yo, que diría Machado) quienes hemos cambiado y ya no nos hace ninguna gracia. Y me parece que es porque en vez de seguir viéndolo como una novedad, como una aventura (al estilo de la mente de principiante de Suzuki el joven), nos vence la sensación esa de “¡otra vez!, ¡uf!”. Como que tenemos la  capacidad de hacer que las cosas envejezcan y se llenen de arrugas cansadas que no es lo mismo que arrugas ancianas, (la versión noble y políticamente correcta de "viejas").

En fin que eso: que para estar normal, como decía el monje, a lo mejor no hay que hacer más que lo que toque, con la precisión y el cuidado más exquisito, como si fuera un acto de supervivencia o una obra de arte en un lienzo caro y con escasos tubos de buen óleo. Y disfrutarlo. Y luego que llegue el momento siguiente y entonces igual toca estirar las piernas en un magnífico sillón y abrir el mejor libro del mundo con el café más aromático de la tierra.

Piénsalo a tu manera y ya me contarás si el buen monje tenía un poquito de razón.

El dibujo aclaratorio tomado de No todo es lo que parece

Invisibles





El clan de los invisibles está compuesto de esos que por más que salten y brinquen, levanten el dedo afanosamente para hablar y hasta la voz finalmente desesperados, ni se les ve ni se les oye ni se les tiene en cuenta; de los que, más se esfuerzan en ser simpáticos para que los quieran, menos caso les hacen.


Siempre a la cola de aplausos y parabienes que no llegan nunca y que generalmente creen que necesitan como se necesita el aire para vivir y en tanto vivo, tener un sitio.

Si viviéramos en un entorno culturalmente taoísta el asunto no sería grave sino todo lo contrario porque los taoístas adoran la invisibilidad y la bruma. Pero el nuestro es un tiempo-mundo en el que solo vale lo que más brilla si bien, como la vida se ha encargado de dejarme bien clarito, no siempre es lo mejor aunque a veces incluso coincida.

Conozco a más de uno y de dos así, de esta manera. 

Pero también conozco a otro que de pronto un día debió de ser que se levantó rebelde y levantisco y se dijo: "basta y hasta aquí hemos llegado, que si no me quieren no me merecen. Y no me esfuerzo más", añadió. 

Entonces ése que conozco soltó de su espalda el anhelo de reconocimiento ajeno y se dedicó al propio y todos los días desde entonces fueron una fiesta porque...
  

La gota que moja y suena






de maremoto6 en flickr. Tiene una forma de mirar y ver que deshace el mundo y lo vuelve a construir en un momento repleto de esperanza. Esas son sus credenciales.

Quédate cinco minutos mirándola y verás lo que pasa........ suena y moja.

No fui capaz de comprender que dos gotas de agua nunca son iguales,
mientras unas se cuelgan de lo incierto,
otras buscan su futuro rompiendo el presente.


Texto de Ladrón de Guevara (www.pintoresde.blogspot.com)

Las siete diferencias


Si las hay.......

........¿las hay?

puede que sí, puede que no, puede que sí y que no, puede que no pero que sí o al revés y todo incluido.....

removida, eso sí. Doy mi palabra de honor.






Y a lo mejor es por esto que me remueve y que encuentro mucho más que siete diferencias.



las fotos de https://www.facebook.com/deshimaru.zen 

la magia de soltar


  
Llegó al dojo con su carga del día: una mujer maltratada, un hombre aburrido, tres obsesionados, todos ansiosos, todos deprimidos, dos avariciosos y siete egoístas. 

Mientras vistió su bata blanca de médico los contempló a la manera científica, observando signos y síntomas, analizando y diagnosticando, buscando el mejor tratamiento y aplicándolo. Ellos no eran él. Ellos eran los equivocados. 

Mientras se vestía con el kimono, el kolomo y se cubría con el kesa, el hombre recordó cada uno de sus pacientes y, desalentado, pensó: "dios mío, no soy tan diferente! "

Cuando atravesó el umbral del dojo y se sentó, el médico y el hombre, la maltratada, el aburrido, el obseso, el ansioso, el deprimido, el avaricioso y el egoísta, el padre, el amigo, el marido y el hijo y todos los demás, cobijados bajo el kesa, entregaron sus pensamientos al viento y permitieron, por la inmensa fuerza de la mera decisión de soltarlos, que se deshicieran en el vacío de origen.  

Fue entonces que la maltratada recuperó la dignidad, el aburrido tuvo una idea genial que le lanzó fuera de su silla, el obseso pensó que bah, tampoco es tan importante!, el ansioso pisó el presente, el deprimido agradeció la vida, el avaricioso se puso a repartir cuanto tenía y el egoísta pronunció la palabra mágica que todo lo cura.

Pero el monje nunca lo supo y tampoco hacía falta. La vida se encarga de lo suyo.

Los siete principios estéticos del zen


1.- Fukinsei,  asimetría
Para el zen la idea de perfección representa una barrera que impide el pleno acceso al camino, por lo tanto una de las finalidades de la práctica es eliminar esa barrera.

La perfección es presuntuosa y rígida, la asimetría es libre y respira.

2.- Kanso, austeridad
El espíritu del zen se desarrolla dentro de la austeridad. Los excesos llevan al caos, generando otra barrera que hay que evitar. En la práctica de las vías del zen es necesario eliminar todo aquello que resulta innecesario y superfluo.

Eliminar lo innecesario y superfluo 
para descubrir la simplicidad de la naturaleza.

3.- Kokôdignidad solitaria
Este termino, difícil de traducir en una sola palabra, está directamente relacionado con esos cambios naturales que se dan con el paso del tiempo. Representa las calidades de la edad, esa pátina antigua en que se ha transformado el brillo inicial, dejando ver la belleza y la dignidad que se adquiere a través del uso y de la existencia.

 Es la esencia más pura, que se alcanza solo cuando los accesorios han dejado de ser necesarios.

4.- Shizen, naturalidad
En el zen la naturalidad va unida a la sinceridad. Todo aquello que surge o aparece de forma natural, refleja en su origen una condición auténtica.
La naturalidad no lleva propósito ni intención, surge sin esfuerzo como resultado del no-pensamiento ( mu-shin).

No hay mejor maestra que la naturaleza. En ella las cosas surgen espontáneamente, por eso son auténticas.

5.- Yuugen profundidad
Este principio hace referencia a la verdadera esencia que se encuentra más allá de la superficie que miramos. Sí deseamos captar la totalidad de lo que observamos para apreciarlo y llegar a sentirlo íntegramente, tenemos que hacer un esfuerzo para no quedarnos en su aspecto superficial.

Es la esencia verdadera de las cosas, que transciende su mera materialidad, su aspecto superficial.

6.- Datsuzoku desapego
Aunque parezca contradictorio, la disciplina indicada para las prácticas del zen no significa apego ni sumisión. La práctica se realiza dentro de una libertad e independencia , ya que no se busca controlar el espíritu sino liberarlo, y el aprendizaje del método es el camino para llegar a esa liberación.

7.- Seiyaku,  quietud y serenidad interior
El último de estos siete principios es la tranquilidad necesaria para que puedan surgir los otros seis. Está relacionado con la paz interior que permite el equilibrio y el estado meditativo que buscamos desde el inicio de toda práctica. Antes de comenzar cualquiera de las artes zen es imprescindible tomarnos un tiempo para entrar en ese estado de paz, dejando a un lado cualquier situación o pensamiento que suponga inquietud. Sólo con una mente despejada donde los pensamientos no intervienen, podemos encontrar la paz necesaria para sentir la liviandad del alma.

Con la mente como un estanque quieto, la piedra lanzada producirá ondas perfectas.

Cada uno merece una atenta contemplación. Y ponerlo en marcha, actualizarlo, transmitirlo y perpetuarlo.

compartido desde akikazeakizuki, que supongo que lo habrá encontrado en algún sitio que lo encontró en otro sitio. O no. De todos modos es bello ser eslabón en la cadena de transmisión...


Fan de Quino


Verás..............


para ir a su fb aquí........ merece la pena :)

y gasshô a ESTRELLA FAVORABLE que nos lo descubrió.

Que se note



Un día, en una sesshin, alguien comentó que desde hacía años se sentaba en el trabajo al lado de otro alguien que también practicaba zazen (supongo que con otra sangha u otro maestro...) y que no se habían dado cuenta hasta que, por circunstancias de esas que por lo que sea dices algo y el otro indaga y pregunta, y ¡anda! si estamos en lo mismo.

Pero no se había notado nada de nada, ni un poco durante tantos años, en la práctica real del día día.

Eso es malo, muy malo.

Digo yo que se nos tiene que notar, que actuamos con más coherencia, que nuestra palabra de honor tiene el valor que tiene una palabra de honor; que nos comportamos como lo que decimos ser aunque cueste, que cuesta y mucho. Que de nosotrxs se desprende un cierto aroma hecho de ausencia de ego o de presencia de sagrado (que viene a ser lo mismo aunque no sea igual).

Pero puede ser que esté equivocada y que, después de todo, solamente pueda oler a humana, eso sí, empeñada en hacer de nuestro mundo y nuestro tiempo un lugar que no tengamos prisa en abandonar.

Alan Turing

  

El padre de la computación como bien saben los informáticos y matemáticos.

Entre él, Tesla y Einstein (dicen) construyeron el siglo XX. 

Solamente Eisntein consiguió renombre y recuerdo. Tesla y Turing sufrieron la tragedia del juicio romo de la gente de su tiempo que, por lo que voy viendo, no fue muy distinto del que hoy se les haría.

Ésta es una pequeña parte de la historia de su vida, contada por XL Semanal con motivo del centenario de su nacimiento. Faltan muchos detalles importantes porque una vida no se puede contar entera, tan sólo se puede vivir, pero os podéis hacer una idea y seguir buscando si os interesa algo de todo lo que viene a continuación. 

Personalmente me caen bien los genios; hacen que reflexione, asombrada, cómo "los normales" censuramos duramente lo que con el tiempo alabaremos con entusiasmo. Sobre el inapreciable valor de las vanguardias empeñadas en el conocimiento más y más, más allá y más allá, en cualquier ámbito. Aunque el precio, individualmente pagado, sea alto.

"Encadenaba su taza de café al radiador por miedo a que se la robaran. Y en los malos momentos buscaba consuelo en un osito de peluche. Le gustaba llevar el pijama debajo del abrigo y no dudaba en caminar bajo el sol de la primavera con una máscara antigás para combatir su alergia al polen. Solitario y gran corredor de fondo, afirmaba que su película favorita era «Blancanieves y los siete enanitos». Nunca leyó un periódico, se confeccionaba sus propios guantes y muy pronto eligió confiar antes en las máquinas que en las personas. «Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia», decía. También: «Una computadora puede ser llamada "inteligente" si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano»

Este perfil solo da locos o genios. Alan Turing perteneció a los segundos.

El primer día de clase se recorrió más de 60 millas en bicicleta para ir a la escuela.

Fue concebido en Chatrapur, la India, pero nació en Londres el 23 de junio de 1912: su padre era un funcionario inglés destinado en el gigante asiático. Allí, Turing pasó los primeros años de su vida y destacó por su inteligencia: aprendió a leer por sí solo en tres semanas y mostró desde muy pequeño un gran interés por los números y los puzles.

Desde los seis años deslumbró a todos sus maestros y en 1926, a los 14, ya definitivamente en Gran Bretaña, ingresó, feliz, en el internado de Sherborne, en Dorset. El primer día de clase había huelga general, pero sus ganas de asistir a clase le hicieron recorrer más de 60 millas en bicicleta hasta la escuela, en Southampton, pasando incluso una noche en una posada.

La prensa local publicó la hazaña del joven. Con 16 años, Turing ya comprendía los planteamientos de Einstein y, sin estudios de cálculo elemental, resolvía problemas muy complejos para su edad. Pese a ello, sus profesores de Sherborne, más afectos a los clásicos que a los científicos contemporáneos, no mostraban demasiado interés por él. Poco le importó. Su vocación era clara.

Muere su primer novio.
En febrero de 1930, a los 17 años, la vida lo golpea por primera vez: su compañero de estudios y primer amor, Christopher Morcom, muere de tuberculosis bovina tras beber leche de una vaca infectada. Turing, destrozado, se hace ateo y empieza a creer que todos los fenómenos, incluyendo el funcionamiento de nuestro cerebro, son enteramente materialistas.

Cuatro años después de estar Cambridge ya era profesor.

A pesar de su talento y de que ansiaba seguir sus estudios en el Trinity College de Londres, debió conformarse con cursarlos en el King`s College, en Cambridge, su segunda opción. Su falta de interés en el estudio de los clásicos lo había hecho suspender los exámenes finales. Eso sí: una vez en Cambridge, en cuatro años ya era profesor.

Y entonces llegó la gloria: un año después, en 1936, con solo 24 años publica su revolucionario estudio sobre los números computables y sienta las bases teóricas de un cerebro electrónico capaz de ejecutar todas las operaciones matemáticas resolubles: acababa de inventar la idea de un ordenador y, con su Máquina de Turing, de crear el concepto de algoritmo, que es la base del funcionamiento de todos los ordenadores actuales y, aún hoy, tantas décadas después, el objeto central de estudio en la teoría de la computación.
Espía británico.

Con 27 años, los servicios de Inteligencia británicos lo reclutan para integrar el equipo de matemáticos que debían descifrar los códigos secretos de los nazis. Trabajó en Bletchley Park, la célebre instalación militar. Casi en solitario, Turing logró descubrir los misterios de la mítica máquina encriptadora de Hitler, llamada Enigma. Y diseñó la suya propia, denominada Bombe, capaz de romper los códigos de Enigma y permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares nazis.

La Bombe de Turing fue clave en el espionaje contra Hitler.

La Bombe de Turing, clave en el espionaje contra el Führer, fue la herramienta principal de los criptógrafos aliados. Estos trabajos de ruptura de códigos de Turing han sido secretos hasta los años 70. Ni sus más íntimos amigos los conocían.

La vida parecía sonreírle. Y, convertido en discreto héroe de guerra, pasó a trabajar en el Laboratorio Nacional de Física hasta ser nombrado director de computación de la universidad de Mánchester, donde desarrolló el software de uno de los primeros ordenadores reales: el Manchester Mark I.

Test de Turing.
De esa época también son sus planteamientos de una inteligencia artificial, expuestos en su célebre artículo Máquinas de computación e inteligencia, de 1950. En él, Turing propuso incluso un experimento que hoy se conoce como el Test de Turing y que aún hoy es la gran baza de los defensores de la inteligencia artificial, que tanto alimenta el fascinante desarrollo actual de la robótica. El test postula que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, es inteligente e incluso «sensible» y «sintiente».

El test de Turing dice una máquina pueder ser inteligente e incluso «sensible» y «sintiente».

El Test de Turing consiste en situar a un juez en una habitación y a un ser humano y a una máquina en otra. El juez hace preguntas y, ante las dos respuestas escritas, debe descubrir cuál es del humano y cuál de la máquina. Persona y ordenador pueden mentir al contestar.

Turing defendía que, si ambos jugadores eran hábiles, el juez no podría distinguir quién era quién. Pese a que ninguna máquina ha podido pasar todavía este examen, lo cierto es que el test tiene hoy muchas aplicaciones; entre ellas, detectar el spam -el correo basura-, que, por lo general, es enviado automáticamente por una máquina.

Condenado por su homosexualidad.

A pesar de sus numerosos hallazgos conocidos, la falta de material sobre su vida privada supone un quebradero de cabeza para los historiadores. Turing vagaba de un lado a otro como un poseso y rara vez aguardaba a la aplicación práctica de sus ideas. Producía novedades sin parar, pero de su vida personal solo quedan un puñado de fotos, donde aparece un muchacho de aire juvenil, mirada tímida y peinado con raya.

En 1952, Turing es procesado por su homosexualidad.

Pero lo bueno acabó mal. En 1952, Turing es procesado por su homosexualidad. Su amante Arnold Murray facilitó a un colega el acceso a su casa para robarle y el matemático denunció el caso. Durante la investigación policial, Turing se vio obligado a reconocer su homosexualidad, entonces un delito, y se lo imputó por «indecencia grave y perversión sexual», los mismos por los que habían condenado a Oscar Wilde más de medio siglo atrás. (Dicen que la propia policía encargada del caso, le recomendó guardar silencio, dejarlo pasar. Pero él no veía nada malo en la homosexualidad y pasó lo que pasó)

Compañeros de Historia




Compañeros de historia,

tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad, quisiera preguntar, me urge tanto,

¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?

Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?

¿Hasta dónde sabemos?


El día de todos los santos


  
Esto es samhain, la noche de todos los santos y la sesshin de Egino porque, después de todo, da igual cómo lo nombremos, éste es uno de los momentos en que las fronteras entre los mundos se vuelven delgaditas y permeables. Y los hermanos se encuentran. Por eso...

... fueron llegando desde todos los puntos del tiempo. Del pasado, del presente y del futuro. Desde todos los puntos de la tierra: el norte, el sur, el este, el oeste y sus intermedios. Acudieron habitantes de los innumerables mundos, cada uno con su luz pequeña y una sola voluntad.

Llegaron hasta los que no llegaron porque no quisieron o no pudieron.

Confluyeron para construir, aunque ni lo supieran, el Templo en el centro del mundo. Así sumándose, pudieron deshacer el tiempo y sus actos pequeños hasta transformarlo en la eternidad que es desde el principio.  

Y lo sostuvo la Fuerza y lo coronó la  Belleza porque lo inspiró la Sabiduría.

El universo tiene paciencia para recibir a quienes rinden su tiempo y su vida. Los rescata del olvido susurrándoles  sus nombres verdaderos, recordándoles su promesa, que no puede ser incumplida, de volver a casa.

Tiene que esperar, y espera, la única respuesta posible. Secreta y sellada.

Aclaraciones sobre la "aceptación"


  
La inadecuada definición de conceptos que resultan importantes en nuestra vida puede provocar no poco sufrimiento innecesario. Es el caso de un concepto cuya definición acostumbrada crea confusión y, en la práctica, resulta contraproducente: la aceptación.

Solemos hacernos una idea bastante negativa de ella al equipararla con la resignación. 

"Aceptar -consideramos- es dejar las cosas como están, no movilizarse para cambiarlas, asumir que son y serán siempre así. Aceptar es tirar la toalla". De esta forma juzgamos, no sin orgullo, que hay cosas inaceptables, que, incluso por cuestión moral, no han de ser jamás aceptadas.

Tomemos una actitud filosófica y adentrémonos en un nivel de mayor sutileza: ¿es posible cambiar algo sin tomar conciencia de ello y sin tenerlo presente, sin mostrarse capaz de atender a ello con el fin de conocerlo y ponerle remedio? 

Aceptar es previo a toda acción o inacción: es, sencillamente, tener la disposición de mirar y ver lo que pasa, de abrir la conciencia a lo que efectivamente está teniendo lugar; es no negar lo que existe, reconocer que lo que es, es. 

Pero sucede que el humano no siempre gusta de ver lo que hay. A veces dolorosísimo, nos cerramos por ello a verlo: "No, me niego, esto es demasiado doloroso, no puede ser, esto no debería estar ocurriendo, es inaceptable". Sí, doloroso, pero ello no me exime del hecho de que es, por lo que, cuanto más de cerca lo miremos, en mejor disposición nos hallaremos de poder modificarlo, pues, ¿cómo poner remedio a algo si cuando lo consideramos entramos en una indignación cegadora? Tal reacción de lucha contra algo que está siendo ya -de lucha en el aire pues lo que es ya no puede volver atrás-, no evita el dolor sino que lo agrava; y no permite el remedio, lo obstaculiza.

Por tanto, aceptar no equivale a resignarse. Todo lo contrario: no hay cambio posible sin aceptación. Y es que aceptar algo es reconocer que algo es, aquí y ahora, lo cual es compatible con admitir que a uno no le agrada o que le parece mal. Y buscar los remedio para ponerle fin.

Resignarse es, sin embargo, aceptar el presente sin la pretensión de movilizarse para producir un cambio, es decir, implica también la asunción del mismo hecho en el futuro: quietismo.

Esta confusión entre aceptar y resignarse tiene terribles consecuencias en nuestras vidas. El hecho de no aceptar lo que me ocurre me impide avanzar y me bloquea porque el resistirse a aceptar, a reconocer el estado de cosas actual, es huir de todo ello; es no querer mirarlas a la cara, no atreverse a situarse frente a ellas pues no resultan del agrado de uno, lo cual equivale a centrarse en el "no me gusta" y anteponerlo al "es".

Aceptar no implica necesaria y obligatoriamente "gustar", pero sí "constatar". La aceptación ontológica (del estado de cosas, de la realidad tal y como es) no significa ni conlleva aprobación subjetiva o aceptación moral. El confundir estas dos dimensiones provoca que terminemos resistiéndonos a los hechos, luchando para que las cosas que ya son, no hubieran sido. Pero tal cosa no está en nuestro poder: es nuestra potencia ver y contar con lo que hay y, sólo después, actuar según consideración.

El bien y el mal, el placer y el dolor, lo que me gusta y lo que no, pertenecen a un nivel bien posterior al ontológico (el plano del ser), base que nos viene dada y de la que hemos de partir. Las consideraciones subjetivas, si bien es legítimo poseerlas, no deberían anteponerse al reconocimiento de lo que es.

Si me niego a reconocer la existencia de algo sobre la flaca base de que no me gusta, me estoy cerrando el camino a encontrarle una solución. Y es que la aceptación es el camino de salida a todo problema: en el momento de detenerse a mirar lo que pasa, a aceptarlo, se encuentra la clave de toda transformación. Esto quiere decir que, si frente a una situación dolorosa, me dejo vivirla, ello me dará los instrumentos necesarios para salir de ella. Pero, y con nueva paradoja, si busco la aceptación por el cambio (para cambiar) ni busco realmente la aceptación ni encuentro el cambio. Esto es: no sólo el cambio necesita de la aceptación, además ésta requiere, para ser verdaderamente tal, que cese la pretensión del cambio. Es decir: dirigirse a lo real por lo real.

Lo primero que hay que hacer es dejar de querer cambiar las cosas a toda costa. Hay que detenerse ante ellas, ponerse de parte de lo real, de lo que es aquí y ahora.

Así pues, la verdadera aceptación es aquella que se busca por sí misma, aunque, y precisamente por esta actitud desinteresada de los resultados, traiga grandes frutos consigo.

El movimiento profundo propuesto por la aceptación es, parafraseando a Mercedes García Márquez, "rendirse a lo real y, después, dejarse guiar por lo real"
Teresa Gaztelu (filósofa)

Día y Noche




Versión Píxar de la dualidad.O eso me parece.

De la mano de Mar en fb.

Éste es el que dice Roberto, para más comodidad (¡ay, la comodidad!)

Cuento conmigo


He aprendido que cuento conmigo. Punto. Hasta que muera.

Mi jefe me sustituirá sin problemas por alguien más dócil o más barato.

Mi compañero me cambiará por otra más divertida o apasionada, que cocine mejor o le baile el agua en cualquier circunstancia.

Mi amiga me cambiará por quien la escuche sin interrupción ni peros.

Mis hijas por sus novios.

Mis padres por sus otros hijos... pero yo... yo no me voy a sustituir por nadie.

Cuento conmigo, seguro.

Además de porque me caigo bien y me he demostrado en los peores momentos que no me aparto ni me voy lejos, porque conozco las palabras tiernas que debo decirme en la tristeza. No me ofendo por las duras explosiones que nacen de mi ira (potente hasta los extremos más injustos como todas las iras). Conozco las justificaciones de cada uno de mis actos y palabras y muchas veces hago como que los acepto. Los perdono y disculpo o los celebro y admiro sin ningún sonrojo. Me trato con la más dulce ternura.

Cuando todo se ausenta, ahí estoy yo. Presta y dispuesta.

Teresa de Calcuta




Dicen que a la Madre Teresa de Calcuta le pasó en los últimos tiempos que se llenó de dudas, que dejó de ver, que quiso parar, que no tenía ánimo más que para reproches y blasfemias. Y que estaba asustada, muy asustada. Aburrida, cansada, asqueada, inútil y estéril.

De todos modos no paró. No lo hizo. Continuó aunque la confianza la había abandonado. Continuó aún cuando no encontrara ningún motivo personal (ni “cósmico”, seguramente) para hacerlo. Un día y otro y otro más a lo mejor creyendo que lo importante no es lo que uno siente sino lo que hace y regala.

Dicen que de tanto sufrimiento con el que se rozaba perdió la fe en el Espíritu y que “harta ya de estar harta ya se cansó”. Dicen que sufrió de sinsentido y desesperanza. Y que gritaba en sus cartas pidiendo consuelo, socorro y certezas a sus confesores que no sabían qué hacer por ella.

Y después murió y no fue la muerte de una santa aunque lo pareciera. O tal vez sí porque fue fiel mucho más allá de la fidelidad serena y deliciosa de los bendecidos por la gracia de la Fe.

Nasrudín


¿Sabéis de qué voy a hablar?


Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que tengo para decirles.

La gente dijo:

-No, no... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agregó:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero... mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, que los que saben... se lo cuenten a los que no saben.

Se levantó y se fue.

Thoreau, el padre de la desobediencia civil



"Si un hombre se pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán. Pero si se dedica todo el día a cortar el bosque dejando la tierra árida, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor".

Henry David Thoreau decidió en 1845, a la edad 28 años y después de terminar sus estudios en la Universidad de Harvard, instalarse en una cabaña construida por él mismo en medio de un bosque próximo a la pequeña localidad de Concord, Massachusetts.


Utilizó para levantar su pequeña vivienda de 2x3 metros junto al lago Walden los troncos que él mismo taló, instalándose allí durante los siguientes dos años de su vida, cultivando su propio huerto y dedicando la mayor parte de su tiempo a pasear y observar la naturaleza. Realizó trabajos de carpintería, jardinero, pintor de brocha gorda entre otros, pero siempre bajo su filosofía de vida de no dedicar a ello más que lo imprescindible para procurarse lo mínimo necesario.

Esta experiencia inspiraría su obra más conocida, Walden o la vida en los bosques. En ella, junto a una crítica feroz al modelo de vida en el que el hombre vive esclavizado procurándose cosas que en su gran mayoría son prescindibles, narra en un tono cargado de poesía sus solitarios paseos por apartados bosques, montañas, llanuras, lagos y ríos, sumergiéndose en un estado de contemplación que lo llevará a una visión mística de la belleza y misterios de la naturaleza. En el siguiente texto perteneciente a un corto capítulo de Ejercicios espirituales y filosofía antigua, su autor Pierre Hadot hace una lectura de la obra y vida de Thoreau en la que descubre muchos puntos en común con la filosofía de estoicos y epicúreos de la Antigüedad Occidental. Verá en él también a alguien que practicó de forma activa y consecuente su ideal filosófico, a diferencia del modelo actual de profesor de filosofía que transmite sus enseñanzas desde la teoría.

"En la actualidad hay profesores de filosofía, pero no filósofos..."
Pierre Hadot

Resulta destacable que las primeras páginas de Walden estén dedicadas a la crítica de la vida cotidiana. Thoreau la describe irónicamente como una penitencia peor que la ascesis de los brahmanes, peor que los doce trabajos de Hércules. Los hombres llevan vidas insensatas. Sus existencias transcurren entre la ignorancia y el error, absorbidos por preocupaciones ficticias y tareas inútilmente pesadas. Son como máquinas, herramientas de sus propias herramientas. Su existencia está caracterizada por la angustia o por la resignación.

La causa del sufrimiento de los hombres, a juicio de Thoreau, es su ignorancia sobre lo que resulta necesario y suficiente para vivir, es decir, sencillamente lo que se requiere para mantener el calor vital. "La necesidad primordial de nuestros cuerpos es mantenerse calientes, conservando en nuestro interior el calor vital". De hecho, tal como demostraría más tarde, el hombre necesita pocas cosas para conseguirlo, y desde luego ningún lujo. "La mayor parte de lujos y una gran parte de eso que se ha dado en llamar confort vital no son sólo cosas nada indispensables, sino también verdaderos obstáculos para el progreso de la humanidad". Para convencerse de ello basta con recordar la forma de vida de los filósofos chinos, indios, persas y griegos, pobres en lo que se refiere a riqueza exterior pero sobrados de riqueza interior. Se trata de ejemplos hoy día muy alejados de nosotros, pues, continúa Thoreau, "en la actualidad hay profesores de filosofía, pero no filósofos". Y es que según él, "ser filósofo no supone sólo pensar de manera sutil, sino amar lo bastante la sabiduría como para llevar una vida sencilla e independiente, en la generosidad y en la confianza". "Filosofar consiste en resolver algunos de los problemas que nos plantea la vida, pero no sólo de manera teórica, sino de manera práctica".

Thoreau aprovecha la ocasión para atacar a los profesores de filosofía, esos importantes eruditos y pensadores cuyo éxito no es más que "algo propio de cortesanos, que nada tiene que ver con la realeza ni con la virilidad", puesto que al contentarse con permanecer en la esfera del discurso teórico animan a los hombres a seguir viviendo de modo absurdo. La vida de tales filósofos está marcada por el puro conformismo, dejando que la humanidad continúe degenerando por culpa del lujo. Por su parte Thoreau se presenta implícitamente como verdadero filósofo, "aquel que no se alimenta, ni se abriga, ni se viste ni calienta como sus contemporáneos". Y termina su exposición ciertamente con un punto de ironía, definiendo al filósofo de una manera que puede dejarnos atónitos: "¿Cómo se puede ser filósofo si uno no conserva su calor vital por medios distintos al del resto de los hombres?". Y para mantener su calor vital no tiene necesidad de realizar grandes esfuerzos. Para satisfacer sus necesidades, Thoreau ha calculado que sólo debe trabajar seis semanas al año: "Ganarse la vida no supone ningún castigo, sino un pasatiempo siempre que vivamos de manera sencilla y sabia".

Thoreau se va a vivir al bosque no sólo, como resulta evidente, con el fin de conservar su calor vital del modo más económico posible, sino en busca de "una vida sin odio, dedicada exclusivamente a las cosas esenciales de la existencia, aprendiendo cuanto ésta tiene que enseñarme a fin de que, llegado el momento de morir, descubra que realmente he vivido. Desearía vivir del modo más profundo, extrayendo de ella todo el jugo posible". Y entre los actos esenciales de la vida se encuentra el placer de percibir el mundo mediante todos los sentidos. A esto dedica la mayor parte de su tiempo Thoreau en el bosque. Uno no se cansa de releer el sensual comienzo del capítulo llamado "Soledad": "Una noche deliciosa en la que el cuerpo en su totalidad se transforma en una especie de nuevo sentido, percibiendo las sensaciones por todos sus poros. Circulo con extraña libertad entre la naturaleza, convertido en parte de ella. Mientras paseo a lo largo de la orilla pedregosa del lago, en mangas de camisa a pesar del frescor, el cielo nuboso y el viento (...), todos los elementos me resultan sorprendentemente cercanos. La simpatía con las agitadas hojas de los alisos y de los álamos casi me hace perder la respiración; no obstante, al igual que le sucede al lago , mi serenidad se eriza sin turbarse". En este capítulo, "Soledad", Thoreau quiere demostrar que, incluso en soledad, nunca está solo porque tiene conciencia de estar en comunión con la naturaleza: "Circulo con una extraña libertad entre la naturaleza, convertido en parte de ella". "Cualquier objeto de la naturaleza puede proporcionarnos la compañía más agradable, tierna y estimulante". De este modo, nota en el simple sonido de unas gotas de lluvia "una benevolencia tan inabarcable como inconcebible". Todas y cada una de las pequeñas hojas del pino le tratan como amigo, sintiéndose en familia incluso cuando la naturaleza le muestra las escenas más desoladoras y terroríficas. "Por qué habría de sentirme solo? ¿Acaso nuestro planeta no está en la Vía Láctea?" De esta forma su consciencia del mundo se extiende hasta alcanzar una suerte de consciencia cósmica.

Todo cuanto he dicho hasta el momento demuestra destacadas similitudes con la filosofía de Epicuro, pero también con algunos aspectos del estoicismo. En primer lugar encontramos en el epicureísmo esa crítica del modo habitual de vivir de los hombres que hemos visto aparecer en las páginas iniciales de Walden. "El género humano, dice Lucrecio, trabaja sin sacar el menor beneficio de ello, siempre a fondo perdido, y se consume en vanas preocupaciones". Según los epicúreos de los que habla Cicerón, los hombres son desgraciados por culpa de sus inveterados deseos y su ansia de riqueza, gloria y poder. "Algún día, cuando sea demasiado tarde, los hombres se darán cuenta de que es inútil su ansia de dinero, de poder y de gloria (...). Su existencia no es más que una serie ininterrumpida de tormentos". La salvación reside según Epicuro en el discernimiento entre deseos naturales y necesarios, esos deseos relacionados con la conservación de la vida, deseos exclusivamente naturales, como el placer sexual, y aquellos otros que no son ni naturales ni necesarios, como el de la riqueza. La satisfacción de los primeros basta, en principio, para garantizarle al hombre un placer duradero, y por lo tanto la felicidad. Lo que es tanto como decir que para Epicuro la filosofía consiste esencialmente, al igual que para Thoreau, en saber conservar el calor vital de modo más sabio que los demás hombres. Con cierto deseo de provocación, similar al de Thoreau, una sentencia epicúrea declara en efecto: "El grito de la carne: no tener hambre, sed ni frío. Quien goce de este estado y de la posibilidad de gozar bien puede rivalizar en felicidad con el mismo Dios". La felicidad resulta, pues, fácil de alcanzar, tal como sugiere cierta sentencia epicúrea: "Démosle gracias a la benefactora naturaleza, que ha hecho que las cosa necesarias resulten fáciles de alcanzar y que las cosas difíciles de conseguir no resulten necesarias". "Todo cuanto es natural es fácil procurárselo, y todo cuanto es puro vacío trabajoso de conseguir". La actividad filosófica consiste por lo tanto en contentarse simplemente con "no tener hambre ni frío".

Pero todavía en mayor medida que para Thoreau, la filosofía según Epicuro no se reduce simplemente a mantener el calor vital del modo más económico posible. El filósofo epicúreo aspira a liberarse de toda preocupación y deseo inútil para así poder dedicarse, al igual que Thoreau, a los actos esenciales de la vida, al placer de sentir y existir.

Quien no padece hambre, sed ni frío puede rivalizar con el mismo Dios porque, justamente, al igual que Dios, puede gozar sin trabas de su conciencia de existir, pero también del simple placer de percibir la belleza del mundo, placer que es por ejemplo evocado del siguiente modo por Lucrecio: "De esta manera el cuerpo precisa de pocas cosas... Nos basta con estar entre amigos, tumbados en la tierna hierba a orillas de alguna corriente fluvial y a la sombra de un árbol, pudiendo con poco gasto apaciguar agradablemente nuestra hambre, en especial cuando el tiempo nos sonríe y la primavera esparce sus flores entre las verdosas hojas".

La actitud epicúrea hacia las cosas no duda por lo demás en ir bastante más lejos. Pretende la inmersión, incluso, en la infinitud del universo. En sintonía con el mensaje de Epicuro escribe Lucrecio, "los muros del mundo se desvanecen; a través de la inmensidad del vacío puedo ver cómo son creadas las cosas. La tierra no me impide distinguir todo cuanto bajo mis pies surge de las profundidades del vacío. Entonces, ante semejante espectáculo, se apoderan de mí una especie de voluptuosidad divina y un estremecimiento...". Tal presencia del cosmos se encuentra también, como hemos podido ver, en Thoreau, que no olvida que ese sol que hace crecer las judías ilumina al mismo tiempo una constelación de mundos como el nuestro, y que nunca se siente solo puesto que, según él, nuestro planeta está integrado en la Vía Láctea.

Con su traslado a Walden, Thoreau ha tomado la decisión de vivir según lo que podría llamarse una forma de vida epicúrea. Con esto no estoy insinuando que era del todo consciente de disfrutar de una forma de vida epicúrea, sino que estaba recuperando, quizá de la manera más espontanea e inconsciente, quizá influido por determinados textos antiguos y modernos, aquello que Epicuro y sus discípulos habían practicado y enseñado.

 Podría decirse que, del mismo modo que existe una especie de estoicismo universal, existe también una especie de epicureísmo universal, es decir, una actitud permanente, siempre posible, por la cual el hombre, recurriendo a cierta disciplina y reduciendo sus deseos, puede devolver los placeres -mezcla de pena y sufrimiento- al plano del simple y puro goce de existir.

Sin embargo aparecen en Thoreau algunos matices que no tienen demasiado que ver con la actitud epicúrea. Por una parte, Thoreau reivindica la soledad. Pero según el epicureísmo no puede haber auténtico placer si no es compartido con los amigos: sólo junto con sus compañeros epicúreos Lucrecio puede disfrutar de su frugal comida sobre la fresca hierba primaveral. Por otra parte, el epicureísmo no aboga por el sentimiento de comunión y fusión con la naturaleza, sino solamente por la contemplación de la infinitud cósmica y la eternidad de la naturaleza inmutable. Tal sentimiento de comunión, de solidaridad con la naturaleza, recuerda mucho más a la sensibilidad estoica.

El estoicismo, para el que todo está en todo, intenta en efecto tomar consciencia del hecho de que el hombre es una parte dentro del Todo cósmico. Como afirma Séneca, el sabio "se sumerge en la totalidad del mundo": toti se inserens mundo. Otros caracteres estoicos de la obra de Thoreau serían esa gozosa aceptación, profesada a lo largo de las páginas de Walden, de la naturaleza y del universo en sus más variados aspectos, ya sean éstos delicados, terroríficos o repulsivos, y la idea de que cada uno cumple la función cuando son considerados desde la perspectiva de la totalidad: "Esta suave lluvia que rocía mis judías y que me impide pasear hoy no es triste ni melancólica, pues también me es beneficiosa (...); si dura lo suficiente (...) para estropear las patatas en los bajíos, sería no obstante buena para la hierba de las mesetas: y si es buena para la hierba, también es buena para mí". "Estas judías producen ganancias que no debo recoger yo. ¿No son acaso en parte sus frutos para las marmotas?". Por eso una cosecha o una recolección nunca se pierde del todo, pues siempre le aprovechará a algún ser. "El buen cultivador no debe pues inquietarse (...) y terminar cada día su labor, renunciando a cualquier derecho sobre el producto de sus campos y sacrificando en su espíritu no sólo los primeros frutos, sino también el resto". (...)

La experiencia narrada en Walden me parece, pues, en extremo significativa para nosotros, porque al decidir Thoreau vivir en el bosque durante cierto tiempo pretende realizar un acto filosófico, es decir, entregarse a cierta forma de vida filosófica que implica el trabajo manual y al mismo tiempo la pobreza, pero que le propone también una visión del mundo inmensamente ampliada. Se comprende mejor, como hemos visto, el carácter de esta decisión, de esta elección vital, si se compara con la forma de vida filosófica que se impusieran los filósofos antiguos.

Por lo demás, el mismo Walden, es decir, el relato de Thoreau sobre la manera en que ha llevado a cabo esta práctica y este ejercicio filosófico, supone un tipo de discurso filosófico que, por admirable que sea, pertence a un orden muy distinto, a mi juicio, al de la propia filosofía, es decir, a la experiencia realmente vivida por Thoreau.

El verdadero problema no estriba en la escritura, sino en la vida en el bosque, en ser capaz de soportar semejantes experiencias, tan complejas en su aspecto -la vida en el bosque- como en su aspecto contemplativo y, podría decirse, místico -la inmersión en el seno de la naturaleza-. Dicho de otro modo, el acto filosófico trasciende el marco de la obra literaria que le sirve de expresión; y éste no puede expresar por completo todo cuanto Thoreau ha vivido. Hugo von Hofmannsthal afirmaba: "No se puede nunca decir de una cosa todo lo que es".

Creo que se puede descubrir en Thoreau cierta alusión furtiva al carácter
inexpresable de la transformación de la cotidianeidad operada por la filosofía cuando escribe: "Los hechos más sorprendentes y significativos no pueden jamás comunicarse a los demás. El verdadero fruto de mi vida cotidiana es de algún modo tan intangible e indescriptible como los colores de la mañana y del atardecer. Lo que se capta tiene algo de fulgor estelar, de fragmento de arco iris que he podido aferrar al paso".



de Fragmentalia