Es Navidad y los libros nos han enseñado tantas cosas...

Aunque parezca mentira lo que celebramos en Navidad es el Solsticio de Invierno que corresponde al instante en que la posición angular del Sol en el cielo está más lejos de nosotros. En nuestro hemisferio, el hermisferio norte, tiene lugar, todos los años, entre el 20 de diciembre y el 23 de diciembre.

Simbólicamente es el momento en que los dioses vuelven. El Buda obtuvo la Iluminación, el Cristo encarnó en un niño, el Sol retornaba, Invicto, entre los romanos... en todas las formas tradicionales Dios se acerca tanto que encarna en cada humano que asiente y consiente para que así sea en él.

Cada año, durante Rôhatsu, se dan las condiciones favorables para realizar cada uno, en su propia carne, la Iluminación del Buda. No celebramos su Iluminación, que también, sino que decimos "sí" a realizarla personalmente. Rôhatsu y Navidad no son distintas.

Puede ser que tuviera que ser un tiempo de retirada hacia el interior para preparar un hueco tibio que acoja al Dios que todavía es bebé, chiquitito. Cuidarlo y alimentarlo para que se haga grande y luminoso. Para que no muera al poco de poder nacer. En mí. Para todos. Yo incluida. Y en eso andamos.


La forma tradicional de usar los ôryôki (si os atrevéis)

Aviso Importante: El presente documento digital ha sido traducido a partir de distintas fuentes que dan su permiso para la impresión y reproducción de manera que tenga la difusión más amplia posible. Se ofrece de manera gratuita y tan solo os pedimos respetarlo en su integridad y citar las fuentes y el autor.
Está terminantemente prohibida sin embargo su utilización con fines lucrativos
De la traducción y el presente documento:
Dojo Zen Bilbao. A Zen de Euskal Herria, afiliado a la AZI, también es posible consultar los originales en inglés:
http://www.villagezendo.org/pdfs/oryoki_book.pdf
http://www.zenriver.nl/Oryoki.htm

El presente trabajo es una traducción de distintos manuales para utilizar los Ôryôki según enseña la escuela Sôtô japonesa, recogiendo la forma concreta en la que hacemos la comida en la AZI. En todo caso, el texto básico es el capítulo de las Eiheishingi de Dôgen dedicado al “dharma de las comidas”, el Fushukuhanpo.

Las principales diferencias estriban en que hacemos el servicio a la europea, sirviendo primero un plato, luego otro y finalmente el postre, no a la forma japonesa que consistiría en servir todos los platos de una sola vez. Igualmente comemos sentados en sillas y apoyándonos sobre mesas, de modo que muchos practicantes se contentan con utilizar un solo cuenco. Pese a que esta descripción lo es de la forma tradicional con cinco o seis cuencos, puede ser fácilmente adaptada al uso de uno o tres.

(Nosotros lo hemos extraído de http://dojozendebilbao.blogspot.com/  Desde aquí les agradecemos y saludamos y os invitamos a visitar su blog. Son hermanos de sangha y dharma.)


ÔRYÔKI, LA MANERA FORMAL DE COMER EN LA TRADICIÓN ZEN.
Los cuencos para comer que se utilizan ahora en los monasterios zen han sido utilizados en China y Japón durante unos mil años. Llamados Ôryôki, (pronúnciese: Ooryooki porque los circunflejos sobre una vocal quieren indicar que hay que alargarla) estos cuencos son parte de la tradición budista del dar y del no-apego.
El japonés la palabra Ôryôki se compone de tres kanjis
Ô: la respuesta del receptor al ofrecimiento de comida.
Ryô una medida, una cantidad a recibir.
Ki: el cuenco

La palabra Ôryôki incluye no solamente el vehículo de la comida, sino la práctica y el dar del que recibe.

En la tradición budista antigua, la forma habitual para los monjes de conseguir su comida diaria era la mendicidad. Esta practica, takuhatsu, actualmente existe, practicada en diferentes maneras, pero alcanzó un sentido más amplio en el budismo, en el que la mendicidad se volvió un acto de ofrenda, un intercambio entre laicos y monjes.

La tradición budista reconoce el hábito y el cuenco del monje como representativos de las dos cosas mas necesarias para mantener la vida. En el budismo primitivo la transmisión del kesa y del cuenco fueron un importante aspecto de la sucesión patriarcal. Ambos eran símbolos del Buda, y transmitiéndolos los patriarcas enfatizaban su existencia ininterrumpida.

DESCRIPCION:
Los ôryôki utilizados actualmente por los monjes zen consisten en los siguientes artículos:

Cuenco grande, del Buda, o Zuhatsu, con bordes recogidos. Este cuenco no ha de tocarse con los labios, por lo que no se sirven en el sopas, té u otros líquidos. Tradicionalmente su forma es redondeada por abajo, a semejanza de la “cabeza de Buda” por lo que es necesario un soporte para mantenerlo estable. Versiones modernas incorporan ya un fondo plano, pero no el soporte

Cuatro cuencos cada vez más pequeños y que encajan en el cuenco del Buda.

Un pequeño soporte, en forma de último cuenco, para apoyar el cuenco del Buda. .

Hattan, o salvamanteles, hecho de papel lacado.

Una cuchara de madera y un par de palillos de comer (o tenedor). Es recomendable el uso de cubiertos de madera porque no producen ruido.

Una espátula para limpiar los cuencos o setsu, con punta de tela cosida.

Una funda para guardar cuchara, palillos y setsu

Una tela blanca para secar

Una servilleta para el regazo. En una esquina de esta servilleta se puede ocultar un pequeño triangulo de tela blanca con el nombre del propietario, para distinguirla del resto

Una tela para envolver el conjunto. Esta tela, la servilleta y la funda son del mismo material, de un color apagado: negro, gris, azul o marrón oscuro.

Una placa, mizuita, utilizada por los monjes como tapa en su petate de viaje, kesagori, para resguardarlo de la lluvia. Sirve igualmente para que el extremo húmedo del setsu no manche el resto. (nota: Hattan y mizuita normalmente tan solo vienen con los juegos de cuencos encargados en Japón)

USO Y CUIDADO
En un monasterio, donde los estudiantes tienen sus plazas en el Sôdô (sala de meditación) ya asignadas, es costumbre guardar los ôryôki en el kanki, armario personal a su disposición. Una limpieza más en profundidad se efectúa en los días libres (días con 4 ó 9). Durante estos días los monjes disponen de tiempo para atender sus necesidades personales como la colada o el afeitado, etc. Cambia la punta de tela del setsu cuando esté muy sucia. En los monasterios, es habitual hacerlo antes de las sesshines.

Prueba de la importancia acordada a los Ôryôki es que cuando un monje, durante el ango o retiro de verano, perdía o se le rompían los cuencos, debía abandonar el monasterio.

ANTES DE LA COMIDA
1.- Coloca el Ôryôki delante de ti, con las puntas anudadas apuntando a la derecha.

2.- Antes del Sutra: Al primer golpe de claquetas nos sentamos todos, al segundo, manos en gasshô comenzamos el Sutra.

3.- Tras la primera estrofa, abre los Ôryôki.
A: Con dos dedos y el pulgar de la mano izquierda, sujeta los Ôryôki desde arriba. Con la mano derecha, tira de la punta más corta (casi escondida) del paño.
B: Abre la tela y estira hacia fuera los dos extremos derecho e izquierdo.

4.- Tela para secar.
A: Pinza la tela para secar con ambas manos desde el centro del borde izquierdo y derecho, respectivamente.
B: Dóblala en tercios, llevando la mano derecha sobre la izquierda.
C: Sujetando el alto de la tela, doblada en tercios, con dos dedos de la mano izquierda y el bajo con dos dedos de la mano derecha, haz girar la tela de modo que la mano derecha se encuentre arriba.
D: Coloca nuevamente la tela sobre el mizuita, encima de la funda de los cubiertos. Las esquinas se encuentran en la parte superior izquierda.

5.- Mizuita y Funda.
Levanta la funda, el mizuita y la tela de secar conjuntamente, la mano derecha por fuera, la mano izquierda por dentro. Gira todo 90 grados en el sentido de las agujas del reloj y colócalo delante de ti, antes de los cuencos. Las esquinas de la tela de secar tendrían que estar ahora arriba a la derecha, mientras que la punta de tela del setsu apunta a la izquierda.

6.- Servilleta.
Dos esquinas de la servilleta deben estar arriba a la izquierda de los cuencos.
A: Toma la esquina de arriba con la mano derecha.
B: Toma la esquina de abajo con la mano izquierda.
C: Abriendo las manos, extiende la servilleta sobre el regazo.

7.- Tela.
A: Abre las otras dos esquinas de la tela que lo envuelve todo, la de arriba hacia fuera, la de abajo hacia ti.
B: Dobla las cuatro esquinas en forma de estrella, en la secuencia indicada, doblándolas parcialmente por debajo, pero dejando las puntas que asomen.

8.- Hattan (Papel lacado negro)
A: Toma la esquina superior con la mano derecha.
B: Toma la esquina inferior con la mano izquierda.
C: Abriendo las manos, abre y desliza el hattan bajo los cuencos.

9.- Cuencos.
A: Con ambas manos, levanta todo el juego de cuencos y colócalos a la izquierda, sobre el hattan.
B: Saca los dos boles más pequeños, con los pulgares por dentro, y disponlos en línea y por orden de tamaño hacia la derecha.

10.- Utensilios.
A: Levanta el paño de secar con la mano derecha y toma la funda de los cubiertos con la izquierda. Posa de nuevo el paño de secar.
B: Desdobla la funda con dos dedos de la mano derecha.
C: Con la mano izquierda sujetando la funda, haz asomar de la funda la cuchara, palillos y setsu con la derecha.
D: Saca los palillos con la mano derecha, tómalos con los dos primeros dedos y el pulgar por debajo, pulgar a la derecha.
E: Gira la mano y coloca los palillos en la parte izquierda, debajo del cuenco del Buda, apuntando hacia el centro.
F: Repite lo mismo con la cuchara, colocando el hueco de la cuchara hacia el centro.
G: Repite lo mismo con el setsu, pero esta vez con los dos primeros dedos arriba y el pulgar debajo. Haz girar la mano y coloca el setsu con su tela hacia ti entre los cuencos segundo y tercero.
H: Coloca la funda debajo de la tela para secar, doblada en tercios, el tercio derecho por debajo y abierta hacia la derecha.

RECIBIR LA COMIDA
1: Cuenco del Buda.
A: La Comida se sirve durante la segunda estrofa. Permanece en gassho durante la misma. Si termina antes de que seas servido, no permanezcas más en gassho.
B: Cuando el servicio salude, responde con gassho.
C: Ofrece el cuenco del Buda. Ayuda si es necesario con tu propia cuchara. Indica que es suficiente levantando ligeramente la mano palma hacia arriba.
D: No dejes restos de comida en el borde del cuenco del Buda.
E: La siguiente persona en ser servida toma su cuenco justo antes de que la primera termine de serlo.

2: Cuenco medio.
Este cuenco se utiliza para sopas en la comida o la cena, u otros platos líquidos. No se ha de aceptar sopa en el cuenco del Buda, puesto que la forma habitual de tomarlas es beber directamente del cuenco, y el cuenco del Buda no debe ser tocado con los labios. Un cuenco del Buda de un monje tiene los bordes recogidos de modo que hace más difícil el tomar sopa de este cuenco.

3.- Cuenco pequeño.
Este cuenco se maneja del mismo modo que el cuenco medio.

DURANTE LA COMIDA.
1.- Al comienzo de la tercera estrofa “hitotsu ni wa” haz gassho. En el “hakari” de la tercera línea cambia rápidamente a la postura de kin hin y después a la de zazen
2.- A mediodía tan solo, coloca un pequeño trozo de pan en el mango del setsu.
3.- Al comienzo de la quinta estrofa, “Jobun Sanbo”, coloca la cuchara dentro del cuenco del Buda con el mango hacia fuera y los palillos en diagonal, \\, sobre el cuenco medio.
4.- Vuelve a gassho. Cuando llegues a “Gekyû roku dô” levanta el cuenco del Buda con ambas manos y manténlo enfrente a la altura de los ojos.
5.- Al terminar la quinta estrofa, saluda con el cuenco del Buda y comienza a comer de él. Mientras comes mantén el mango de la cuchara apuntando hacia las 12:00.
6.- Mientras no estés comiendo del cuenco del Buda, mantén dentro la cuchara en la misma posición.
7.- Mientras no uses el cuenco del medio, deja los palillos cruzados encima.
8.- Repetición
Si no deseas repetir coloca la cuchara o los palillos encima del correspondiente cuenco. Si deseas ser servido nuevamente, deja libre el que corresponda.

En general, evita apuntar a la persona que tienes delante con la punta de los palillos o con el extremo manchado del setsu.

TRAS LA COMIDA.
1.- Lavar los cuencos.
A: Cuando termines, coloca la cuchara sobre el cuenco del Buda y los palillos sobre el del medio.
B: Gassho
C: Toma los palillos con la mano derecha y, cubriéndolos con la mano izquierda, limpia rápidamente las puntas en la boca.
D: Coloca los palillos en la parte derecha, apuntando hacia el centro.
E: Toma el setsu con el pulgar y el índice de la mano derecha . Colócalo en el cuenco del Buda al mismo tiempo que tomas la cuchara con el dedo índice y el medio. Deja el setsu y toma la cuchara.
F: Limpia la cuchara del mismo modo que los palillos, y colócala igualmente en la parte derecha, hueco hacia abajo apuntando al centro.
G: Toma el setsu con la mano derecha y limpia las partículas de comida del cuenco. Limpia el setsu en la boca.
H: Deposita el cuenco del Buda en la mesa junto con el setsu; transfiere el setsu al cuenco medio y límpialo de la misma manera.
I: Repite la operación con el cuenco pequeño.
J: Termina con el último cuenco y deja el setsu en el cuenco del Buda. Espera a que se sirva el agua caliente.

2.- Lavado de los cuencos.
A: Cuenco del Buda.
*Saluda al servicio cuando trae el agua del mismo modo que cuando trae la comida. Toma el agua de la misma manera.
*Toma el cuenco y el setsu. Toma el setsu con la derecha fuera del cuenco, ofreciendo el cuenco para el agua.
*Cuando se haya servido suficiente agua, levanta el setsu ligeramente.
*Vuelve a colocar el setsu en el cuenco, apuntando hacia fuera.
*Limpia el cuenco con el setsu.
*Coloca el setsu en el cuenco y con ambas manos tómalos conjuntamente, sujetando el setsu con los pulgares. Vierte el agua en el cuenco del medio hacia ti.
*Coloca el setsu en el cuenco del medio.
*Toma el paño de secar pizcando de la esquina superior con el índice y el medio de la mano derecha. Déjalo caer encima del cuenco en una forma aproximadamente triangular.
*Con el pulgar y el índice toma juntamente el trapo y el cuenco cerca del borde.
*Seca el cuenco haciéndolo girar a través del trapo en sentido de las agujas del reloj.
*Tras una vuelta completa, deja el cuenco en la mesa y enrolla el trapo en la mano derecha, dejando una punta fuera. Seca el fondo del cuenco y deja el trapo dentro.

B: Cubiertos:
1.- Toma la cuchara en la mano derecha con el mango hacia ti. Tómala ahora con la izquierda. Toma el setsu con la derecha; coloca la cuchara en vertical dentro del cuenco medio con el hueco dentro y límpiala con el setsu. Por ambos lados. Mantén la cuchara recta.
2.- Coloca el setsu en el cuenco del medio, hacia fuera. Coge la cuchara con la derecha. Con la izquierda, descubre la esquina del trapo de secar que se encuentra en el cuenco del Buda y sécala cuchara sin sacarlo del cuenco. Gira la cuchara 180 º de modo que el hueco esté hacia ti y sécala haciéndola pasar por el trapo.
3.- Tienes ahora la cuchara en la derecha, con el hueco hacia abajo y apuntando hacia la izquierda. Sin tomar la funda, desliza la cuchara dentro de ella. (la abertura de la funda debería estar hacia la derecha, con el doblez a la izquierda)
4.- Repite los pasos 1 y 3 con los palillos
5.- Con la mano izquierda toma la funda que contiene la cuchara, Desliza dentro los palillos, hacía ti. Lleva los palillos hasta el fondo, con la mano derecha, sin dejarlos caer.
6.- Dobla por la mitad la funda y vuelve a colocarla enfrente tuyo, esta vez con la abertura hacia la izquierda. El extremo apuntado está arriba, con la abertura escondida, mientras que el doblez se encuentra a la derecha.

C: Resto de los cuencos.
1.- Sin levantar el cuenco del medio, sosténlo con la izquierda y límpialo con el setsu.
2.- Coloca el setsu en el cuenco. Tomado cuenco y setsu con la mano izquierda, levántalos y mueve el cuenco pequeño en el centro con la derecha.
3.- Sujetando con ambas manos el cuenco medio, el setsu con los pulgares, vierte el agua en el cuenco pequeño.
4.- Coloca el setsu en el cuenco pequeño.
5.- Bebe el agua que pueda quedar en el cuenco mediano.
6.- Sosteniendo el cuenco del medio con la izquierda, sécalo como está descrito arriba (2 A- 9 a 12)
7.- Tras haber dejado el trapo de secar en el cuenco medio, colócalo dentro del cuenco del Buda, silenciosamente.
8.- Lava el cuenco pequeño con el setsu
9.- Escurre la punta del setsu con pulgares e índices.
10.- Con el setsu en la mano izquierda, sécalo con la esquina expuesta del trapo de secar, entre pulgar e índice izquierdos. El trapo permanece en el cuenco.
11.- El setsu está en tu mano izquierda, dos dedos arriba el pulgar abajo. Gira la muñeca y desliza el setsu en su funda Utiliza la mano derecha para levantar la abertura de la funda y guardar fácilmente el setsu. La punta de tela se encuentra fuera apuntando hacia la izquierda.
12.- Espera a que se recoja el agua.

3.- Ofrecer el agua.
A: Cuando empiece el sutra colócate en gassho.
B: Toma el cuenco pequeño con el pulgar y dos dedos de la mano derecha (si el servicio se encuentra a tu derecha, utiliza entonces la izquierda). Los otros dos dedos se encuentran doblados por debajo.
C: Vierte el agua en el recipiente grande, volteando el cuenco hacia ti, mientras utilizas la otra mano para ocultar el cuenco de la persona que tienes delante.. No termines de girar el cuenco.
D: Bebe las gotas restantes.
E: Toma el trapo de secar y seca el cuenco pequeño de la misma manera que los mayores.
F: Cuando enrolles el trapo, hazlo completamente, sin dejar una esquina fuera, y guárdalo en la palma de la mano derecha tras haber secado el cuenco pequeño.

4.- CERRAR LOS ÔRYÔKI
A: Coloca el cuenco pequeño dentro del medio, suavemente.

B: Con ambas manos, toma todo el conjunto de cuencos y colócalo en el centro de la tela.

C: Doblar la tela:
1.- Estira las puntas derecha e izquierda de la tela.
2.- Estira la esquina más próxima a ti y colócala sobre los cuencos con la mano derecha.
3.- Estira la esquina más alejada y tráela sobre los cuencos.

D: Servilleta
1.- Con el pulgar y el índice de la mano izquierda, toma la servilleta por la mitad del lado más próximo a ti. Pulgar por abajo.
2.- Con la mano derecha, llévala por debajo de la servilleta y toma de la misma manera la mitad del lado opuesto.
3.- Recogiendo la mano derecha, trae hacia ti el lado de fuera. Levanta ambas manos de modo que la servilleta quede doblada por mitad enfrente tuyo.
4.- Dobla la servilleta en tercios, verticalmente, con la mano derecha más cerca de ti.
5.- Sujetando por arriba con la mano izquierda, lleva la mano derecha hacia el centro y sujétala con el pulgar y el índice.
6.- Con la mano izquierda, dobla la servilleta por la mitad, hacia ti. Con la mano izquierda ahora abajo, voltea la servilleta de modo que las puntas se encuentren la esquina superior izquierda. Déjala encima de los cuencos (Este paso se creó para proteger las servilletas especialmente grandes utilizadas por los extranjeros de piernas más largas)

E: Cubiertos y trapo de secar.
1.- Toma la funda con ambas manos y colócala encima de la servilleta, con la punta de tela del setsu apuntando hacia ti
2.- Con la mano derecha, agita el trapo de secar desenrollándolo. Estira uno por uno los cuatro lados con ambas manos enfrente tuyo. No hagas ruido al estirar.
3.- Gira el trapo de secar en el sentido de las agujas del reloj, llevando la mano izquierda hacia la derecha, soltando la mano derecha, tomando nuevamente el trapo con la derecha y llevando la mano hacia la izquierda.
4.- Repite todos los pasos hasta haber estirado los cuatro lados.
5.- Lleva las manos hacia la mitad de los lados, dejando que el trapo se doble por la mitad hacia ti.
6.- Coloca el trapo así doblado sobre la parte superior de la funda, el doblez hacia ti.
7.- Desdobla el trapo tirando de ambas esquinas hacia ti de modo que ahora el trapo cubra totalmente la funda y los cuencos

F: Cerrar la tela
1.- Gassho a los ôryôki.
2.- Coloca la palma de la mano izquierda sobre los Ôryôki, palma hacia arriba. Abre el pulgar y el meñique.
3.- Con la mano derecha, pasa por encima de la izquierda y toma la esquina izquierda de la tela. Pásala bajo el pulgar izquierdo y sobre los primeros tres dedos de la mano izquierda y bajo el dedo meñique.
4.- Toma ahora la esquina derecha de la tela y llévala cruzando la esquina izquierda, sujetándola con el índice y el corazón de la mano izquierda
5.- Con la mano derecha, sujeta la punta izquierda, soltando los dedos de la mano izquierda que lo sujetan.
6.- Tira de la mano izquierda, deslizándola por debajo de la esquina derecha, sujetando todavía con índice y corazón, de modo que la punta vaya por debajo y se forme un primer nudo.
7.- Con la mano izquierda, toma la punta que ha sido traída por debajo. Con el pulgar y el índice sujétala punta por la base, cerca del nudo. (A)
8.- Toma la otra punta con la derecha, (B) rodeando en el sentido contrario a las agujas del reloj la punta que tienes en la mano izquierda. (A)
9.- Deja ese extremo (B) entre los dedos índice y medio de la mano izquierda.
10.- Sacando ambos dedos de la mano izquierda por dentro de la tela, forma un lazo con la punta sujetada con la mano izquierda alrededor de la punta A dejando una pequeña punta (B) asomando por la parte derecha del nudo.
11.- Termina de arreglar el atado, gassho a los ôryôki y espera manos en zazen hasta la última estrofa del sutra.

Publicado por DOJO ZEN DE BILBAO en 23:55

Medicina Tradicional China. Emoción y enfermedad

¿Qué es la enfermedad?
Es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?
El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende. En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma.

Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?
Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional.

Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos.

Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?
De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.

Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?
La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo.

Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico…
¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?
La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra.

Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas.

La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?
Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?
La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte.

La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?
Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.

Es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?
Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?
Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado.

Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más.

Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida.

Cada vez más personas sufren ansiedad…La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire…

Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?
La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera. La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el “debería ser”, y no somos ni lo uno ni lo otro.

El estrés es otro de los males de nuestra época…El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar.

Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?
La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.

Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones.

Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?
Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad.

Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego.

Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?
Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener.

Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?
Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden:

Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte.

Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer.

La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?
El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora. El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo.

En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena.

En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía.

Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama…

Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor… pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego.

Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme.

El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad.

Pero a veces nos sentimos atados a un amor… Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo.

Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor.

Cuando el leño está encendido produce el fuego, Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.

¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?
Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres.

Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro.

Ámate, sincérate y considérate.. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti.

La clave entonces es amarse a sí mismo…Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro.

Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.

Escuchadlo, por favor, es el Dai Shin Dharani

http://vermontzen.org/dharanis_mantras.html#DH

Al lado de la letra está la opción de descagar el  mp3 o escucharlo.

DHARANI es una fórmula mágica que se emplea para alejar las situaciones adversas y se canta todos los días en los Templos Zen de Japón. Tan antigua que, en realidad, no se sabe qué se dice. Dicen.

Aquí lo véis en un antiguo pergamino

Un cuentecito muy pequeñito

Había un maestro zen del que se decía que, además, lo sabía todo sobre la Biblia.

Ortiga, la amiga de Ane, se consideraba (aunque no lo dijera en voz alta) igualmente erudita y decidió ponerle a prueba más que nada para dejarse claro a sí misma que ella sabía más. Éso la importaba mucho.

Lo primero que le preguntó fue: "¿Cuántas veces ha leído la Biblia, maestro?" (Lo de "maestro" lo dijo con un poco de retintín, las cosas como son).

Él contestó: "Nunca he leído la Biblia. No lo necesito. Si se comprende un solo verso de Ella, se la ha comprendido entera."

Ortiga, picada, volvió a interrogar como solamente ella sabe hacerlo: "¿Y cuál ese verso?"

"Jesús lloró", fue la respuesta. Un buda más que sintió y padeció. Porque cuando Dios toma por asalto un humano, el humano, al principio, llora. Después ríe y también puede seguir llorando. Y Jesús fue un humano habitado por un dios. Está dicho. No lo invento.

¿Hablamos de lo que se necesita para vivir?

  
Ane dijo: respirar, comer, beber, dormir, reír, llorar. Soltar lo comido, lo bebido, lo reído, lo llorado, despertar... con mis amigos, compañeros y familiares de sangre, carne, corazón y espíritu. Un poquito de dinero para poder hacerlo y que circule.

Y mi casita, aunque no la "necesite". Es más bien que la "quiero".

No es lo mismo

No es lo mismo un maestro que un profesor.

Algunos de nosotros comenzamos la práctica de zazen en el dojo de Santa María, hoy ya cerrado. José era el monje responsable, éste es el término que se utiliza dentro del mundo zen para designar a quien se hace cargo de buscar y mantener un lugar para la práctica, asegurarse de que los horarios se cumplan, de nombrar a su vez responsables de la limpieza del dojo, de la provisión de incienso, del mantenimiento del altar y del resto de cosas necesarias. El responsable. No el maestro pese a que la mayoría de nosotros en aquel tiempo pensáramos que era "nuestro maestro".

De hecho en los dojos, el que dirige la sesión se sienta a la izquierda frente al altar y fuera de los límites del caminito que a él conducen. En la zona de la derecha suele haber un zafu vacío. Es el del maestro físicamente ausente.

José se ordenó monje con Deshimaru y pasó más de un verano en la Gendronnière ayudando en la contrucción de ese enorme lugar. Contaba muchas anécdotas de aquel tiempo.

Un día nos contó que, tras su ordenación como monje, Deshimaru le había habilitado como "profesor" de zen. Y no lo entendí y además me sonó muy mal.

Después de leer el correo sobre el dinero y la espiritualidad, me di cuenta de que Deshimaru tenía razón, no es lo mismo un profesor que un maestro y que, efectivamente, José estaba capacitado para enseñar algunas de las cosas zen: la postura, cómo pedir y recibir el kyosaku, comportamiento dentro del dojo, incluso recomendaciones para la vida diaria.

Y él tenía su propia comprensión de la enseñanza zen recibida. Más o menos profunda, más o menos amplia. Pero su propia comprensión, la suya personal, su punto en el camino. Y no era un maestro justo por eso. El maestro transmite La Enseñanza, no su opinión acerca de las cosas. Un maestro es certificado por otro en la ceremonia del shiho en la que transmite "la médula de los huesos". Lo más profundo. Aquello a lo que llegamos tras quitar una y otra, y otra capa, de la cebolla que somos. Tras haber levantado los siete sellos que guardan y protegen todos los tesoros.

Y después de todo esto: ningún maestro es un Maestro. Todos los maestros siguen siendo discípulos eternamente. La larga cadena de la Tradición está hecha de discípulos. Aunque como señal de respeto se escriba con mayúsculas eso de "Maestro Deshimaru", pues no, y con perdón: maestro Deshimaru.

Todo para decir que la gran mayoría de maestros de cualquier disciplina que por ahí andan, vendiendo o vendiéndose, no son maestros, sino como mucho profesores. Me gusten más o menos o me dé por adorarles o no, me ofrezcan más o menos datos o apoyo.

A lo mejor podríamos empezar a discriminar, con un poco más de precisión, las etiquetas que colocamos a las cosas.

Espiritualidad y dinero

He recibido este correo:

Ayer estaba buscando material para escribir sobre la figura del "maestro" y me encontré con un artículo en internet que hablaba sobre las diferentes condiciones de la enseñanza en estos tiempos y las diferencias oriente-occidente. Este no es un tema baladí, incluso el Dalai Lama dedica unas páginas en uno de sus libros sobre la cuestión de cómo elegir al maestro.

Para empezar, sólo hay un maestro, lo que Durckheim llama "El Maestro Interior". El verdadero maestro es aquel que nos pone en la pista del maestro de los maestros que es uno mismo. EL TAO es evolución y crecimiento, es expansión de cada hijo de la tierra y del sol, quién sino uno mismo puede decidir sobre uno mismo. Ahora bien esto ha de hacerse en contacto íntimo con la verdadera naturaleza, y éste es el camino que enseña el maestro.

En la antigüedad el maestro viajaba de pueblo en pueblo, aprendía de la diversidad y transmitía lo que sabía. El pueblo contribuía a su sustento. El maestro era considerado un guía y la gente estaba ávida de sus consejos. Por otro lado el cultivo del TAO era una dedicación exclusiva, porque las verdaderas conquistas exigen tiempo y dedicación, y todo el mundo se beneficiaba de ello. Los templos eran sustentados por el pueblo. En España hay un monasterio budista en Huesca donde se puede ir a pedir consejo, y alguien se sentará contigo a acompañarte con tus pensamientos. Los budistas tiene prohibido el trabajo remunerado para que no interfiera en su evolución personal.

Sin embargo hoy en día todo el mundo en occidente necesita un trabajo para vivir. En este contexto todo enseñante percibe una remuneración para poder mantener su dedicación. ¿Por qué esto nos molesta tanto? Aquí hay malentendidos. No nos sorprende que un profesional liberal tenga una buena retribución por su trabajo porque nos decimos a nosotros mismos que ha dedicado su vida al estudio. ¿Y el maestro? ¿Cómo cuantificamos lo que vale cada cosa? Lamentablemente todo esto no es mas que el reflejo del Ego y de las categorías en que divide su vida. Los monasterios vivían de diezmos, sin embargo el guía nunca los recibía directamente por lo que a los ojos de las mentes su enseñanza estaba libre del vil metal. Hoy está bien visto que un profesor de una conferencia y cobre varios miles de euros, y sin embargo desconfiamos si esto lo hace un monje.

El dinero es un deseo oscuro, un deseo que cubre muchas veces vacíos interiores. Por eso los monjes budistas tiene prohibido el trabajo remunerado. El peligro del dinero es precisamente ése, el de cubrir huecos, y a veces cuando nos identificamos con él, aunque lo estemos rechazando, estamos tapando vacíos. ¿Cuál es el verdadero precio de las cosas? En la sociedad son nuestras categorías virtuales las que se lo ponen. Aceptamos que un ingeniero gane más que un juez y sin embargo el esfuerzo del segundo ha sido muchas veces mayor que el primero. En el mundo personal de cada uno, las cosas valen según lo que deseemos verdaderamente alcanzarlas. Si queremos recibir una buena enseñanza porque nuestro SER la pide, buscaremos al mejor, al más adecuado para nosotros, y será aquel que ha dedicado su vida a comprender lo que enseña, ¿cuánto vale su enseñanza?.

Pensar que espiritualidad y dinero son antagónicos es una falacia. "Primum vivere deinde filosofare" decían los escolásticos. Hay que huir de quien trafica con las cosas del alma porque se ha olvidado del alma, y hay que huir de quien no comprende que la vida empieza en lo material porque ése se ha olvidado de dónde está. ¿Quién queremos que nos enseñe?.

Y al terminar de leerlo estaba bastante más que enfadada.

Pues no señor, no estoy de acuerdo, la enseñanza de la Tradición no se cobra y punto. Porque además tal y como se están poniendo los precios, solamente puede acceder a ella gente que tiene más de lo necesario para vivir, que le sobra, que se aburre, que busca sensaciones... vale, no todos.

Y porque no es mía. No hay ni un  sólo texto sagrado que esté firmado por alguien con nombre y apellido. Se tomaron el trabajo de escribir y lo entregaron. Ya está.

La espiritualidad es cara, pero no en dinero. Es cara, y lo siguiente de cara, por el esfuerzo que exige, por el compromiso, por la resistencia y el anhelo requeridos.

¿Es un maestro quien exige, a cambio de un conocimiento transmitido de generación en generación con el solo fin de que perviva, cuatrocientos euros por alumno y fin de semana? Que, si echo cuentas y a pocos que sean, ¡genial! no tengo que trabajar para vivir. Hago eso y encima me adoran (total que me inflo como un pavo real).

Que no. Que no lo veo. Que mi nariz me dice que hay algo que no huele bien. Que me parece mucho mejor trabajar -y recibir un salario- como secretaria que cobrar como maestro de la Tradición. Eso no se cobra, eso se le cae a uno de la piel y lo transmite. Y que si, por lo que sea, a alguien le toca esa función (que los hay) vivirán con lo necesario.

Y mucho más que decir, mucho más. De momento me callo, no quiero exponer mi lado radical.
 

La poesía es un arma cargada de futuro

        



(Grande Gabriel Celaya. Grande Paco Ibáñez que le puso música)

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante más se palpita
y se sigue mas acá de la conciencia
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria,
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir quien somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo que por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
       

Zazen

Con toda la sinceridad de la que soy capaz: la única técnica que conozco que literalmente puede llevarnos más allá; y más allá de más allá, es el zen. Incluso bastante más allá de lo que hubiéramos querido, que dijo Alonso en un kusen. Y sus palabras olían a pena, alarma y estupor. Lo recuerdo bien.

Dicen del zen que es la Vía abrupta a la Realidad. Hubo alguno que entendió “bruta” y tampoco andaba descaminado. Porque zazen conduce a un lugar-no-lugar, a un tiempo-no-tiempo, atravesando y conquistando mundos de golpe y porrazo. Y, lo mejor, nos devuelve, intactos, al mundo nuestro de todos los días que también es la realidad.

Hay otras técnicas más espectaculares, más sabrosas, más entretenidas, de acceso más dulce; de esas que sigues porque tienes la zanahoria colgando delante de la nariz.

Zazen no es meditación. Se diga lo que se diga. Es zazen. Es otra cosa. La propia Vía.

Acerca de los kusen de Rafu (Un Sui) (1)

La enseñanza real del zen solamente se recibe en en dojo, por boca de un maestro, es secreta y se produce dentro del secreto de espíritus en comunión.

Además están los sutras y los comentarios de los maestros a los sutras y las conversaciones entre amigos de la sangha y las reflexiones y todo lo demás. Pero lo que el zen muestra y señala no puede escribirse en los libros. Pertenece a la intimidad y la privacidad del silencio del dojo y los corazones que le dan vida sentados en la postura transmitida desde el Buda hasta nuestros días sin interrupción y sin cambios. Esto es así.

Las transcripciones que hemos hecho de los kusen de Raphou en algunas sesshines tienen como función únicamente dar una idea de lo que se dice en ellas. Lo que se dice. La transmisión fue obtenida sólo por quienes allí estuvieron y es irrepetible.

Los Un Sui se pueden comprar en cualquier sesshin. La edición es simple y hermosa y la verdad es que merece la pena tenerlos y leerlos despacito porque allí están dichas muchas cosas: unas tocan con un dedo delicado nuestra conciencia, otras son información sobre la forma tradicional del zen, hay cuentos, experiencias personales, formas de comportamiento, abren puertas, proporcionan claves y muchas veces conmueven el alma entera. Por eso lo hemos compartido. (Eso sí: si alguien no puede comprarlo por razones económicas, no tiene más que decirlo y se lo fotocopio o continúo transcribiendo para que esté al alcance de cualquiera que tenga el anhelo necesario)

muiso dijo sobre "los dojos se vacían"...

El Zazen, la práctica en el dojo, además de todo lo que se dice en esa entrada, rompe el "ritmo" social al que nos vemos sometidos, es una acción revolucionaria en sí misma, sin más aditamentos. Eso sí es una acción silenciosa, callada, anónima..... Quizás eso ayude a la extinción del ego. Mushotoku comienza en casa.

Ya sé que muchos no estarán de acuerdo

Y a mí misma me parece un poco radical, pero algo de esto hay en el corazón de todas las mujeres que hemos vivido más de treinta y cinco años con todo lo que eso conlleva.

Podemos quitar y poner y matizar. Aún así es una declaración de principios que puede suscribir cualquier humano de cualquier sexo. Porque al final da lo mismo, somos lo mismo (o mejor, estamos hechos de lo mismo) unos y otros:

"De hoy en adelante renuncio a unirme a un varón, salvo como compañera libre.

Ningún varón me dominará, ni viviré en casa de ningún varón como querida.

Juro estar preparada para defenderme por la fuerza si soy atacada por la fuerza, sin recurrir a la protección de ningún varón.

Juro que de hoy en adelante, entre las Amazonas Libres, no seré conocida por el nombre de ningún varón, sea padre, guardián, amante o esposo, sino simplemente como hija de mi madre.

Juro no entregarme de hoy en adelante a ningún varón, salvo en el momento y ocasión que yo misma decida, por mi propia voluntad y deseo; nunca ganaré el pan como objeto de deseo de ningún varón ni utilizaré mi sexualidad para manipular a ningún ser humano.

Juro que de hoy en adelante no daré hijos a ningún varón, salvo por mi propia elección; no daré hijos a ningún varón para la herencia, la casa, el clan, el orgullo o la posteridad; juro que yo sola determinaré la crianza de cualquier hijo sin considerar la posición, el lugar o el orgullo de ningún varón.

De hoy en adelante, renuncio a ser leal a mis antiguas obligaciones con cualquier familia, hogar, asociación o iglesia.

Soy libre de renovar estas obligaciones siempre y cuando sea mi deseo.

Juro ser leal, como ciudadana libre, a los códigos de la tierra y los dioses.

No recurriré a ningún varón en busca de protección, apoyo o socorro, y únicamente deberé lealtad a mi madrina de juramento, a mis hermanas del Gremio y a mi patrón durante la época de mi empleo.

Y juro además que toda mujer que esté unida a mí por el mismo juramento, será para mí como mi madre, mi hermana o mi hija, de mi misma sangre, y que ninguna mujer unida por juramento al Gremio recurrirá a mí en vano.

Desde este momento, juro obedecer las leyes del Gremio de las Amazonas Libres y cualquier orden de mi madrina de juramento, las madres del Gremio o la líder que elija.

Y si rompo mi juramento, me someteré a las sanciones disciplinarias que las Madres del Gremio elijan para mí; y si no las cumpliera, que la mano de cada mujer caiga sobre mí y que quede mi alma a merced de la Diosa."

Algo tenemos que ver con los samurai

Los samurai fueron la clase dominante durante 1400 y 1500. En 1600 era el tiempo de la unificación, las luchas en Japón habían cesado. Entonces, avanzado el final de la era Tokugawa, en los últimos años de 1700, Japón comenzó a moverse hacia una vida más modernizada, más "occidental".

Los samurai y su modo de vida fueron oficialmente abolidos en los primeros años de 1870.

No había necesidad de guerreros, no había necesidad de samurai.
Pero no fueron olvidados del todo. Tampoco su código de honor.

Aunque esa es otra historia...

Introducción
Bushido, literalmente traducido como "El Camino del Guerrero", se desarrolló en Japón entre las eras Heian y Tokugawa (S.IX-XII). Era un modo de vida y un código para el samurai, una clase de guerreros similar a los caballeros medievales de Europa.

Estaba influenciado por el Zen y el Confucionismo, dos diferentes escuelas de pensamiento de esos periodos. El Bushido pone el énfasis en "la lealtad, auto-sacrificio, justicia, sentido de la vergüenza, modales refinados, pureza, modestia, frugalidad, espíritu marcial, honor y afecto"

El Código de Bushido
Estos son los siete principios que rigen el código de Bushido, la guía moral de la mayoría de samurai de Rokugan. "Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras."

1. GI - Honradez y Justicia
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.

Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.

Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. YU - Valor Heroico
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.

Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.

Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. JIN - Compasión
Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.

Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. REI - Cortesía
Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.

Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. MEYO - Honor
El auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.

No puedes ocultarte de ti mismo.

6. MAKOTO - Sinceridad Absoluta
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.

No ha de "dar su palabra." No ha de "prometer." El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.

Hablar y Hacer son la misma acción.

7. CHUGO - Deber y Lealtad
Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.

Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.

Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

Cuidado con el camino que sigues.

Algunos comentarios de Mirumoto Jinto, Rikugunshokan del Clan del Dragón, sobre el código de Bushido:
Sobre el valor:
El camino del valiente no sigue los pasos de la estupidez.

Sobre la lealtad:
Un perro sin amo vagabundea libre. El halcón de un Daimyo (Señor Feudal) vuela más alto.

Solo hay una lealtad superior a la del samurai hacia su Daimyo: la del Daimyo hacia sus súbditos.

Sobre el Respeto:
Un alma sin respeto es una morada en ruinas. Debe ser demolida para construir una nueva.

Sobre la Excelencia:
La perfección es una montaña inescalable que debe ser escalada a diario.

Sobre la Venganza:
La ofensa es como un buen haiku (breve poema japonés de tres versos): puede ignorarse, desconocerse, perdonarse o borrarse, pero nunca puede ser olvidada.

Sobre la Espada:
Mi hoja es mi alma. Mi alma pertenece a mi Daimyo. Ultrajar mi hoja es afrentar a mi Daimyo.

Sobre el Honor:
La muerte no es eterna; el deshonor, sí.

Sobre la Muerte:
El samurai nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida.

El Credo del Samurai
No tengo parientes, yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.
No tengo hogar, yo hago que el Tan T'ien lo sea.
No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo medios, yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas los milagros.
No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, yo hago de mi no-mente mi espada.

Origen e influencias
El Bushido procede del Budismo, Zen, Confucionismo, y Sintoísmo. La combinación de esas 3 escuelas de pensamiento y religiones ha formado el código de los guerreros conocido como Bushido.

Del Budismo el Bushido toma la relación con el peligro y la muerte. El samurai no teme a la muerte ya que creen, tal como enseña el Budismo, que, tras la muerte, reencarnaran y volverán a vivir otra vida en la tierra. Los samurai son guerreros desde el instante en que se transforman en samurai hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro.

A través del Zen, una escuela del budismo, uno puede alcanzar el definitivo "absoluto".

La meditación Zen enseña como concentrarse y alcanzar un nivel de pensamiento que no puede ser explicado con palabras. El Zen enseña como "conocerse a si mismo" y no limitarse. El samurai utiliza esto como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente los errores. Estas cosas podrían matarle.

El Sintoísmo, otra doctrina japonesa, da al Bushido su lealtad y patriotismo. El Sintoísmo incluye la veneración a los ancestros, lo cual hace a la Familia imperial la fuente de la nación. Esto da al Emperador una reverencia casi divina. El es la representación del Cielo en la Tierra. Con semejante lealtad, el samurai se compromete con el Emperador y a su Daimyo o señor feudal, samurai de mayor rango.

El Sintoísmo también proporciona la columna vertebral del patriotismo hacia su país, Japón. Ellos creen que la Tierra no está para satisfacer sus necesidades, "es la residencia sagrada de los dioses, los espíritus de sus antecesores..." (Nitobe 14)

La Tierra es cuidada, protegida y alimentada por un intenso afecto.

El Confucionismo proporciona sus creencias en las relaciones con el mundo humano, su entorno y su familia. El Confucionismo da importancia a las 5 relaciones morales entre Maestro y Siervo, Padre e Hijo, Marido y Esposa, Hermanos mayor y menor, y Amigo y Amigo. Esto es lo que sigue el Samurai. Sin embargo el Samurai no está de acuerdo con muchos de los escritos de Confucio. Ellos creen que el hombre no debe sentarse y pasarse todo el día leyendo libros, ni debería estar escribiendo poesías todo el día, un intelectual especialista era considerado como una maquina. En vez de eso el Bushido cree que el hombre y el universo fueron hechos para ser semejantes tanto en espíritu como ética.

Junto con esas virtudes, el Bushido también sigue con sumo respeto la Justicia, Benevolencia, Amor, Sinceridad, Honestidad, y autocontrol.

La Justicia es uno de los principales factores en el código del Samurai. Caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas.

Amor y Benevolencia eran virtudes supremas y actos dignos de un príncipe.

Los Samurai seguían un ceremonial especifico cada día de su vida, así como en la guerra.

Sinceridad y Honestidad eran tan valoradas como sus vidas. Bushi no ichi-gon o "La palabra de un samurai" trasciende un pacto de confianza y completa fe. Con dichos pactos no había necesidad de ponerlo por escrito.

El Samurai también necesitaba un completo autocontrol y estoicismo para ser totalmente honorable. No muestra signos de dolor o alegría. Soporta todo interiormente, nada de gemidos y lloros. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo se interpusieran. Él era un verdadero y completo guerrero.

Los factores que hicieron el Bushido son pocos y simples. Muy simple, el Bushido creó un modo de vida para mantener a una nación a través de sus tiempos mas problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre.

"El conjunto de las naturalezas poco sofisticadas de nuestros ancestros guerreros derivaron en un extendido alimento para sus espíritus desde una madeja de enseñanzas fragmentadas y vulgares, recogidas como si fueran caminos desviados de antiguos conocimientos, y, estimulados por las demandas de una era que formo a partir de todos esos esquejes un nuevo y único modo de vida" (Nitobe 20)

El Samurai y su uso del Bushido
En Japón la clase guerrera era conocida como Samurai, también llamada Bushi. Formaron una clase durante los siglos IX y XII. Emergieron de las provincias de Japón para transformarse en la clase gobernante, hasta su declive y total abolición en 1876, durante la era Meiji.

Los samurai eran luchadores, expertos en las artes marciales. Tenían notable habilidad con el arco y la espada. También eran grandes jinetes.

Eran hombres que vivían siguiendo el Bushido; era su modo de vida. La lealtad total del samurai era para su Emperador y para su Daimyo. Eran honestos y de total confianza. Vivían vidas frugales, sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Eran hombres de valor verdadero. Los samurai no temían a la muerte. Entablarían batalla sin importar cuales fueran las dificultades. Morir en la guerra reportaría honor a su familia y a su señor.

Los samurai preferían luchar solos, uno contra otro. En batalla un samurai "invocaría" el nombre de su familia, rango y hazañas. Entonces buscaría un oponente de similar rango y batallarían. Cuando el samurai acaba con su oponente le decapita, para así, tras la batalla, retornar con las cabezas de los oponentes vencidos que acreditan así su victoria. Las cabezas de los generales y aquellos con alto rango eran transportadas de vuelta a la capital y mostradas en las celebraciones y similares.

La única salida para un samurai derrotado era la muerte o el suicidio ritual: seppuku.

Seppuku, desentrañamiento también conocido como Hara-Kiri, es cuando un samurai literalmente se saca las entrañas. Tras ese acto, otro samurai, usualmente un amigo o pariente, le corta la cabeza.

Esta forma de suicido era realizada bajo diferentes circunstancias "Para evitar la captura en batalla, captura que el samurai no consideraba deshonrosa y degradante, pero de mala política; para expiar un acto indigno o fechoría; y quizás mas interesantemente, para advertir a su Señor"(Varley 32)

Un samurai preferiría matarse a si mismo antes que traer deshonor y desgracia al nombre de su familia y a su Señor. Esto era considerado un acto de verdadero honor.

Y puede que sí, que realmente estemos hablando de otro tiempo. Sin embargo, algunas cosas, habría que rescatarlas y no permitir que la memoria olvidara.

Conocemos el 4% de la materia del Universo

El 96% corresponde a la Materia Oscura y a su hermana, la Energía Oscura.

No es porque sea oscura ni negra ni mala ni nada, es porque no sabemos qué cosa es. Curioso ¿no?

Viene a ser más o menos como nosotros mismos. Tan sólo conocemos un 4% de lo que somos. El resto nos trae y nos lleva sin que tengamos ni control ni conocimiento sobre ello. Así que, como ya he dicho en otra entrada, me hago cargo de ese 4%. No me da para más.

Lo que no se entiende

Es que zazen no es para estar bien, aunque siente muy bien.

Que no es una psicoterapia, aunque destruya temores y esquemas mentales y nos capacite para vivir y sobrevivir ahí fuera mucho mejor que casi cualquiera.

Ni una gimnasia, aunque haga de nuestro cuerpo un cuerpo resistente y luminoso.

Tampoco para conseguir poderes mágicos, aunque se obtengan, muchas veces desafortunadamente.

Ni un tratamiento de belleza, aunque lo cierto es que nos volvemos tan guapos.

Ni un remedio contra la mala suerte, aunque, sobre todo al principio, puede nos vaya mejor.

Si encontramos amigos son de una clase un tanto especial. No suelen ser de los que abrigan la soledad.

Nada de eso aunque también. Entonces ¿qué?

Los dojos se vacían

Y no solamente el nuestro, lo nuestro.

Demasiadas veces es como cultivar flores en el desierto.

Hoy no voy porque hace frío y mañana porque tengo una cena de empresa y después porque ya fui el día anterior y tampoco voy a empalagarme y otro día más porque ¿para qué? si no obtengo nada. Al dia siguiente es que tengo que estudiar o que me he apuntado a (reflexología, canalización, método silva de control mental...) que me aporta tantos beneficios.

El zen es una práctica colectiva que no es para uno mismo (solamente) sino para todos, uno mismo incluido. Que no es para nada sino porque sí. Vaya, no lo sé explicar...! Pero sí sé que si en el mundo, de pronto, dejaran de existir los monasterios donde se reza, los dojos donde se convoca la Realidad, las sinagogas donde se estudia la Ley... si de pronto ya no hubiera humanos que pronunciaran las Grandes Palabras intentando desesperadamente encarnarlas (hacerlas carne en sus propias carnes y con su propia sangre), si olvidáramos que somos más de lo que parecemos ser y que, además de lo ruin y miserable, lo sublime también nos constituye y habita... no habría esperanza y podríamos ya, sin límites, destrozarnos los unos a los otros y todo lo que hay, incluso la Gran Tierra.

Y, somos bastante más que habitantes del inframundo olfateando sangre para alimentarnos.

Así que zazen para volver a Casa pero también para mantener la dignidad de ser humanos que aman y que hacen del mundo lo que fue en el origen: el Paraíso.
 

Hay que volver al dojo, o a dónde sea, para que no ganen las fuerzas que nos hacen subhumanos, las fuerzas que nos arrebatan la libertad y la felicidad que nos pertenece por derecho de nacimiento.

Ango 1-5 de junio, 2005. Primer día. Permanecer en la calma

seis y media de la mañana
Vamos a pasar cinco días juntos, cinco días para hablar juntos del despertar, no hablar sólo con la boca, hablar con nuestro cuerpo. Cada uno de nosotros en la vida crea un personaje. Aquí se ha de abandonar, dejarlo fuera. Abandonar ese personaje, dejar sitio al Buda. Este lugar es maravilloso. La naturaleza es hermosa, fuerte, naturalmente despierta.

Hemos tenido la suerte de tomar forma humana, lo que no quiere decir que seamos superiores al resto de la naturaleza, pero nacer así es poder hacer realidad la Vía del Buda.

Un día Nyojo, el maestro de Dogen, dijo a sus discípulos: "Desde el momento en que cuatro personas, cualquiera que sea su historia anterior, llegan a reunirse, ese grupo de monjes se convierte en un tesoro inestimable."

Si entre los monjes y monjas algunos se comportan de manera inconveniente, se les ha de invitar con compasión y con la solicitud de una abuela a que sigan las enseñanzas del Buda.

La suavidad de la abuela es importante: robai shin, el espíritu de la abuela. La abuela tiene una edad pero el tiempo ha suavizado sus aristas, como las piedras de la orilla del mar, que las olas han hecho rodar durante siglos y al final están suaves como la seda. Incluso cuando se enfada, la abuela lo hace con la tranquilidad de la inmovilidad. No es por reacción. Es como una montaña que se desplaza tranquilamente.
Así pues, durante estos cinco días, abrid los ojos sin abrirlos, escuchad, estad atentos a vosotros mismos y a los demás. De nada sirve ser diplomático, tampoco sirve de nada ser áspero, duro. Podemos, en silencio, hablar de despertar, con palabras, sin palabras. Ayer por la tarde dije: "No habléis demasiado." Al mismo tiempo está claro que se puede hablar, si comprendéis lo que quiere decir hablar permaneciendo en silencio.

Escuchar sin estar al acecho, mirar sin juzgar. Sed íntimos con este espíritu, robai shin, el espíritu de la abuela.

El espíritu de la abuela no es sólo una apariencia. Esa piedra de la que hablaba, suavizada por el tiempo, se encuentra en lo más profundo de nuestro espíritu.

once de la mañana
Durante cinco días, practicad, mirad, oíd, pero comprended también que no basta ver con éstos ojos, oír con estos oídos. Antaño mucha gente conoció, vió, oyó, al maestro Deshimaru. Sin embargo no vieron nada, no oyeron nada, no comprendieron. Por tanto, los mismos oídos, los mismos ojos, pero no basta. Los sentidos nos son tan fiables.

El día que el Buda estaba en el Pico del Buitre había mucha gente, eran muchos. Sin embargo sólo Mahakashyapa sonrió. En aquel instante lo que vió, lo que oyó, no se limitaba a los órganos de los sentidos.

Durante zazen la mirada está colocada delante de uno mismo. Los sentidos están en descanso pero podemos ver más lejos que con los propios ojos, oír más lejos que lo que nuestras capacidades auditivas permiten. Existe un mundo en el que podemos ver con los oídos, oír con los ojos.

Ayer por la tarde Lise presentó a todas las personas que han venido a practicar, algunas han venido de muy lejos, unas ya se conocen, otras no. Las relaciones afectivas no son tan importantes. La gente a menudo confunde el corazón de la sangha con algo aectivo. Me gusta, no me gusta, siento, no siento. Lo que amo un día al día siguiente lo detesto. Una vida que siempre se basa en la dualidad. Aquí el corazón es el dojo. A partir de aquí, de este punto, como cículos concéntricos, todo se convierte en práctica.

Es como un cuerpo humano. Todos los órganos son importantes. Está el corazón, pero el corazón sin los pulmones es inútil. Los pulmones, el hígado, los intestinos son inútiles en sí mismos. No existen más que por sus relaciones de interdependencia. Sus relaciones no dependen del afecto.

Hay un divertido proverbio que dice que si alguien estornuda en la cuenca amazónica, otra persona en Tokio se acatarra.

En el Tenzo kyokun el maestro Dogen dice: "No seáis cuidadosos con algunas cosas y negligentes con otras. Actuad de tal manera que ni una sola gota del océano de los méritos se os escape. No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de las acciones benéficas."

Comprended que practicar la Vía es que el Dharma del Buda te conmueva. Es una ocasión única de conocernos. Sin duda sin esto muchos de nosotros no nos habríamos conocido; por nuestro medio social, nuestro país, nuestras circunstancias, nuestra historia, nuestro sexo. Sin esto hubiera sido muy difícil conocernos.

Sin embargo, gracias al Dharma del Buda ha sido posible. Podemos sentir gran admiración por ello. Cada cual pone su mota de polvo en la cima de la montaña de los actos benéficos. Evidentemente se crean afinidades pero al final eso no es importante.

Saltar allá donde ya no depende ni de la atracción ni del rechazo. Me gusta, no me gusta. En este lugar se pueden crear relaciones humanas elevadas, profundas, generosas.

cuatro y media de la tarde
En el Hokkyo zanmai hay un poema que dice que la ley de la interdependencia y de la ocasión, u oportunidad, puede hacerse realidad en la claridad y el silencio del corazón. Si estamos aquí sentados juntos durante cinco días es por éso. La ley de la interdependencia es la ocasión; se le llama el momento oportuno, el momento favorable. Cinco días es muy corto. No debemos estar ciegos a ese momento favorable. Ir hasta el final. Todos los seres humanos tienen momentos favorables pero la mayoría están ciegos a ello. Como la gente que conoció al maestro Deshimaru, tenían ojos pero esos ojos no veían. Lo mismo ocurre con el kesa. Para algunos es el objeto más precioso. Para otros es sólo un trozo de tela. No estar ciego a ese momento favorable.

En japonés hay una palabra que se dice: jikai. Significa la alternancia del fruto y la simiente. A menudo los adultos, como los niños, dicen: "No tengo la culpa." He tenido una desgracia pero no tengo la culpa. He hecho esto pero no tengo la culpa. En cierta manera es estar ciego a uno mismo, a esta ley de interdependencia, a ese momento favorable.

Todo lo que hacemos es a la vez fruto y simiente. Observemos el fruto, observemos la simiente. Hay alternancia. Al mismo tiempo, el fruto contiene la simiente y la simiente contiene todo en lo que nos convertiremos. No hay dualidad.

En un sutra están estas palabras: "Cuando esto existe, otra cosa existe; cuando esto aparece, otra cosa aparece; cuando esto se acaba, otra cosa se acaba." La palabra interdependencia en sánscrito se dice: prapyaya, lo que quiere decir "hacer frente". Tiene el sentido de una bala que se dispara contra un muro y vuelve.

A través de la naturaleza que nos rodea es fácil observar que todo se rige por esta ley de interdependencia. Los árboles, los animales, las plantas, las flores. La relación entre interdependencia y oportunidad, el momento favorable.

El tiempo pasa y aquí estamos inmóviles. ¿Qué hacer con este instante? ¿Qué hacer con esta vida? Cada instante es el instante favorable. En la naturaleza, sin saberlo, en cada instante, todo aprovecha el momento favorable. Todo aprovecha el momento favorable sin que ello se base en una intención ni en una creencia. A menudo la fe, la creencia en Dios o en Buda, ayuda a la gente a aceptar los dolores y las vicisitudes de la existencia. Claro está, puede ayudar a la gente, pero fundamentalmente esta especie de creencia no es de ninguna utilidad en nuestra práctica. Creamos o no creamos, el momento favorable existe, la satisfacción existe.

La naturaleza sólo expresa esto. Existe separada del pensamiento de un ego. Lo que existe separado del pensamiento de un ego y en lo que no hay sitio para ninguna interferencia se llama Dharma.

Esta mañana he citado unas bellas palabras de Dogen: "No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de los actos benéficos". Pero añadamos o no esa mota de polvo, la montaña ni aumenta ni disminuye. Es sólo nuestra práctica sin meta, sin fin. Es sólo no estar ciego al momento favorable.

Algunas personas van a recibir la ordenación al final de esta sesión. Han de comprender profundamente.

Yo también soy un buda que siente y padece

 
Es de las cosas que más me sorprenden (y hablo en primera persona). Sé lo que tengo que sentir, lo que tengo que pensar, cómo funcionan las emociones, la memoria, el pensamiento, la programación mental, el condicionamiento, el descondicionamiento, cómo hacer para obtener la liberación... pero nada, absolutamente nada, me libra de ser humana y sufrir de vez en cuando.

Hay un libro de David Brazier, que ya no tengo porque lo regalé, titulado "El Buda que Siente y Padece". Ahí fue donde descubri una pequeña-gran cosa que se me había pasado por alto de las Cuatro Nobles Verdades. Leí y escuché, por activa y por pasiva más veces de las que puedo recordar, esa frase: Las Cuatro Nobles Verdades. Mira que es simple, que son justo cuatro palabras. Bueno, pues la de "Nobles" se conoce que la tuve poco en cuenta. Y es muy importante. Que sean cuatro o veinticinco da lo mismo. Lo que importa es que son Verdades y que la realidad de ellas es Noble.

Alguien me preguntó un día en la consulta: "¿Los `grandes´ también sufren?" Yo creo que sí. Creo que sienten más incluso que cualquiera que se haya convertido en zombie o que no haya salido de ese estado. Creo que son grandes porque son apasionados. Creo que precisamente porque conocen bien el sufrimiento que se dedican con mayor ahínco a aliviarlo. Creo que en el Gran Sufrimiento está la semilla de la Gran Compasión. Creo que hay sufrimientos inútiles y Nobles Sufrimientos y que esa es la diferencia. Que a unos nos quedamos enganchados y nos individualizamos más y con los otros trascendemos esa individualidad y se transforman en amor y compasión.

Y éso alivia el mundo entero incluidos nosotros mismos, de quienes no es lícito olvidarnos, que ya lo dijo Jesús el Cristo: "Amad al prójimo como a vosotros mismos." No más y no menos. Y tal y como me amo a mí así voy a amar a los demás. Está claro.

Creo.

Ango 1-5 de junio, 2005. Segundo día

seis y media de la mañana
Hay un poema de Ling Yu que dice:
El espíritu del hombre de la Vía es sencillo y directo, sin pretextos.
En él no hay cara oscura o cara luminosa,
no engaña y no se hace ilusiones.
Todo lo que ve y oye a cada hora del día
son sólo las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos.
Nada está deformado. No es necesario vivir retirado
poniéndose una venda sobre los ojos
ni taparse las orejas para evitar las impurezas.
Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones.
Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir
que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego.

Si no nos dejamos contaminar por las ideas recibidas, por la costumbre de los pensamientos, la mente se vuelve clara y límpida como el agua de un riachuelo en primavera. Puro y tranquilo, fluye en total libertad. Así uno se convierte en un hombre de la Vía y se le llama el hombre de la Vía.

once de la mañana
Esta mañana os he leído este poema de Ling Yu en el que dice: "No es necesario vivir retirado poniéndose una venda sobre los ojos ni taparse las orejas para evitar las impurezas. Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones. Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego."

A menudo la gente dice sobre la práctica: "No estoy preparado, aún no es el momento." ¿Hay un momento para estar preparado?
Unmon decía: "¿Qué os falta?" En la Vía no hacemos las cosas en función de nuestro estado de ánimo, de nuestras ganas, de nuestros deseos. Tampoco hacemos las cosas porque nos va bien. No dejamos de hacerlas porque nos sentimos mal. Tanto si nos sentimos bien o nos sentimos mal, hacemos lo que hemos de hacer. Ése es el sentido de la práctica. Cuando hacemos las cosas por ellas mismas, sin idea de bien ni de mal, ni de éxito ni de fracaso.

Ayer por la tarde me reuní con las persnas que van a recibir la ordenación. Recibir la ordenación es comprender todo esto de verdad. No es pertenecer a un estado religioso en la sociedad, como en algunas religiones. Tampoco es un estatus particular.

Sensei decía a menudo que su nombre, Deshimaru, quiere decir "joven discípulo", discípulo pequeño, eterno discípulo. En la traducción tiene un aspecto algo infantil. Decía que de pequeño, a menudo, la gente se burlaba de él por su nombre. De mayor estaba muy orgulloso de ese nombre. Recibir la ordenación es convertirse en discípulo eterno.

Comprender que cada momento es el momento favorable.

Recibir la ordenación tampoco es pertenecer a una secta, ni siquiera a la secta de Deshimaru ni a la secta del zen. Tampoco hay que esperar a haber comprendido, a haber comprendido el zen. Sólo inscribirse en esa continuidad, inscribir el propio cuerpo y la mente en el tesoro del Shôbogenzô, el tesoro de la verdadera ley.

Ayer tuve una conversación muy interesante con un practicante. Hablamos un momento del libro de Kapleau, Los Tres Pilares del Zen. Sensei a menudo decía que ese libro ha perjudicado mucho, ha hecho mucho daño a la Vía del Buda y de los Patriarcas. El libro se inscribe totalmente en la sociedad de consumo en la que vivimos. Nada de satori, nada de iluminación, nada de nada. Unmon dice: "¿Qué os falta?" Práctica y satori no son cosas diferentes. Todo lo que el hombre de la Vía oye no son más que las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos. Es el sentido profundo de la iluminación.

Ciertamente, si os hago hacer zazen 30, 40 horas seguidas durante varios días seguidos, desde luego tendréis la iluminación. Pero sólo son condiciones especiales.

Por la mañana, levantarse, sin pensar, lavarse la cara, dirigirse al dojo, practicar juntos. Juntos, ponernos el kesa sobre la cabeza, cantar este magnífico sutra, al mismo tiempo que amanece, toda la naturaleza despierta al mismo tiempo que nuestras células. Eso es la vestidura de la felicidad.

Si no se puede encontrar el despertar en las cosas ordinarias de la vida, no será posible en ningun otro sitio. Por supuesto, todo el mundo quiere liberarse, liberarse. Parece que es un sentimiento, una idea de prisionero. Queremos salir, quitar los barrotes de la cárcel, salimos, vuelven las tonterías y de vuelta a la cárcel.

Volveos íntimos con jijuyu zanmai, la alegría de la práctica. De todas formas no podemos escondernos, no podemos escapar.

Hay una preciosa frase de Epicuro que dice: "Podemos procurarnos seguridad contra todo, pero la muerte hace que habitemos todos, los seres humanos, en una ciudad sin murallas." Antes de la muerte es mejor practicar esto, despertar a esto. Wake up!

cuatro y media de la tarde
Esta noche van a venir otras personas para la sesshin. Cada vez me gusta menos la separación entre preparación y sesshin. Sensei creó los primeros campos de verano a principios de los años 70. En aquella época todos éramos discípulos muy jóvenes, de edad y de práctica. En la actualidad, tanto en la Gendronniére como en la Morejona, el templo de España, el conjunto de una sesión es una sesión, una sesshin con dos tiempos diferentes.

La mayoría de la gente crea en su vida tabiques de separación. El espacio de la familia, el espacio del trabajo, el espacio del zen. Resumiendo, está el ámbito de lo privado y el ámbito de lo público. Mientras pensemos así, estaremos divididos en el interior de nosotros mismos. En nuestro cuerpo, en nuestra mente, no hay espacio público y espacio privado. Un único cuerpo-mente.

Un famoso poeta español, Antonio Machado, dice en un poema: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."

Nada delante de uno mismo, nada detrás. Sólo nuestros pies sólidamente puestos en la tierra. Paso a paso. Por supuesto, al practicar, al filo de los años, nuestra práctica, nuestro camino, nuestros pasos se profundizan. Sin embargo, no es como una escalera.

En un único instante, en un solo trago, beber el agua de todos los océanos.

Así que esta noche vamos a decansar un poco. En ese momente también es práctica. No está separado de zazen. Un solo trago, el agua de todos los océanos. No compartimentar el cuerpo ni la mente.

Esta noche cantaremos sólo una vez los Cuatro Votos del bodhisattva. Los Cuatro Inmensamente Grandes Votos.

Ango 1-5 de junio, 2005. Tercer día

seis y media de la mañana
Llegamos a la segunda parte de la sesión, el momento en que todos debemos entrar profundamente en nosotros mismos.

Hay un capítulo del Shôbogenzô del maestro Dogen, Muchû Setsumu, que podría traducirse como "hablar del sueño en el sueño". No se trata del sueño nocturno ni del sueño premonitorio sino del sueño de los Budas y de los Patriarcas, de vuestro propio sueño.

¿Qué sueño tenéis para vuestra vida? ¿Qué sueño tenéis para vuestro dojo?

Generalmente, cuando se dice de alguien que sueña es que está en otra parte, que se escapa. Aquí el sentido es algo distinto. Podríamos decir que este sueño es el momento en el que nacen las simientes.

Muchos de vosotros habéis recibido la ordenación. Algunos hace muchos años, otros van a recibirla al final de esta sesshin. En el momento de la ordenación tenemos una fuerte aspiración, un sueño generoso.

Durante esta sesshin voy a hablaros de esto, del sueño de los Budas y de los Patriarcas, de vuestra ordenación y de los Cuatro Inmensos Votos. Triturar estos tres puntos. Cuando Buda gira una flor entre los dedos, también podemos emplear la expresión triturar. Triturar quiere decir tener siempre el espíritu despierto.

Incluso 20 años después, 30 años, 40 años ¿qué voy a hacer de mi ordenación, de mi sueño? ¿Qué hago de este sueño? Todos debemos preguntárnoslo sinceramente.

Recibir la ordenación es al mismo tiempo una gran reponsabilidad, un gran sueño. Observad lo que ha pasado con el yoga. La sociedad occidental lo ha engullido. Tras su digestión ha salido como un producto de consumo, como una técnica de bienestar, una crema para la cara. Así que debemos tener cuidado para que el zen de los Budas no siga el mismo camino.

Por eso, durante esta sesshin no os durmáis. Possible dream, not possible sleep.

cuatro y media de la tarde
Sigo con este capítulo del Shôbogenzô, Muchu Setsumu, hablar del sueño en medio del sueño.

Todas las mañanas cantamos los Cuatro Inmensamente Grandes Votos

Por ilimitado que sea el número de seres,
hago el voto de salvarlos a todos.
Por ilimitado que sea el número de pasiones,
hago el voto de cortar con todas.
Por ilimitado que sea el número de Puertas de la Ley,
hago el voto de atravesarlas todas.
Por ilimitada que sea la Vía del Buda,
hago voto de recorrerla del todo.

Estos días he hablado del hecho de creer o no creer. Cuando uno se basa en este punto de vista dualista, siempre está en falso. Hay una realidad para la que no hay palabras. En cierta manera, si se leen estos grandes votos se puede pensar que es irrealizable. Sin embargo, es nuestra práctica.

Alguien me decía el otro día, quizás si se dicen esas cosas es para tranquilizarse uno mismo.

Hay un mondo muy interesante entre Shunryu Suzuki, que vivió en Estados Unidos, y uno de sus discípulos a propósito de estos Cuatro Grandes Votos. el discípulo dice: "Zazen no me plantea ningún problema, pero no me gusta hacer promesas que no comprendo."

Entonces Shuntyu Suzuki le dice: "Si los seres sensibles son innumerables o si nuestros deseos son inagotables, no viene a cuento decir que voy a salvarlos a todos. La promesa que hacemos es una estupidez. No tiene sentido, estoy totalmente de acuerdo contigo."

Sin embargo lo hacemos. ¿Por qué? Porque uno no está contento si n o trabaja por los demás. Todas las mañanas pronunciams los Cuatro Grandes Votos. Lo que está en juego es mucho más vasto. Sólo por razones de comodidad nos limitamos a cuatro grandes votos.

Shunryu añade: "Me alegro de verdad de que tengamos tantos deseos inagotables e innumerables seres que salvar y también que sea prácticamente imposible salvarlos en el sentido de `yo te savo´."

Shunryu toca un punto importante. La gente quiere ayudar. Alguien cae al agua, te lanzas, le salvas y eres feliz. He salvado. Es real, concreto, lógico.

El discípulo de Suzuki no consigue salir de la dualidad.

Se dice de un sutra que cuando se lee un sutra hay que mirar también detrás de la hoja, del otro lado del texto. Es como el kesa. Es muy interesante también mirar detrás. Hay que mirar detrás de los Cuatro Grandes Votos.

Están las palabras pero también lo que hay detrás de las palabras. Podemos ver diversos colores, pero ¿cuántos colores son capaces de ver nuestros ojos? ¿Cuántos sonidos pueden oír nuestros oídos? ¿Qué capacidad de comprensión puede tener nuestra mente?

Por supuesto las palabras son necesarias, pero también está la realidad que las palabras no pueden comunicar. Así que está también lo de detrás de las palabras. Si nos apegamos a las palabras entonces las palabras nunca nos satisfacen. Nunca son perfectas. Es igual que cuando traducimos. Por ejemplo hishiryo. Sensei lo tradujo: "más allá del pensamiento" y, también, "pensar desde lo más profundo del no pensamiento." Pero al final ninguna traducción puede satisfacer del todo. Cada traducción nos brinda una interesante aclaración.

Pero esta no satisfacción es muy importante, de ahí surge la vida. Si uno queda satisfecho, ya estás muerto, contento de ti mismo. ¡Se acabó! ¡He entendido! No satisfacción no quiere decir insatisfacción. Es sólo mantener siempre la mente despierta, fresca.

El discípulo de Shunryu le dice: "Cuando prometo hacer algo, tiene que tener sentido. No puedo hacer una promesa que no tenga sentido."

Entonces Shunryu le dice: "Es sólo arrogancia."

Queremos demostrarlo todo, explicarlo todo. Todo ha de ser absolutamente racional, pero es imposible. Está la comprensión racional de las cosas y de los votos.

También hay que mirar nuestro sueño detrás de los votos. Hay una realidad para la que no hay palabras, que escapa de esa forma dualista, que se ha emancipado de ella. Incluso los grandes textos, los grandes sutras, al final, sugieren algo que se sitúa más allá.

Esa no comprensión, que es el tesoro de un practicante de la Vía, sirve precisamente para triturar eso que está más allá.

Creer, no creer, queremos controar todo siempre y es imposible. Al final uno mismo ha de abandonarse, abandonar el cuerpo y la mente. Como durante una sesshin, a veces el cuerpo está dolorido, te duele, te duele. Si te resistes, aún es peor. Más vale abandonarse.

De todas formas, la infinitud de los colores no puede analizarse con nuestros ojos tan pequeños, lo mismo ocurre con la infinitud de los sonidos, de los olore. Pero se puede abandonar el cuerpo y la mente, dejar que la infinitud de colores entre a través de nuestros ojos, pero no podemos agarrarlos ni atraparlos.

ocho y media de la tarde
Después del zazen se ha hablado mucho del sentido de la palabra "triturar". ¿Es peyorativo o no? El kanji para "triturar" es nen y todos los kanji tienen una clave. Puede ser cielo, agua. En lo que respecta a este kanji es "mano". Este kanji se puede traducir también como retorcer, moler, amasar. Encontramos el kanji nen ge nen -triturar, ge- flor. Triturar una flor. Como Buda que tritura la flor de udumbara, la gira entre sus dedos. Triturar se explica con la mano pero también es triturar con el cuerpo, con la mente.

Muchos caracteres en lengua sinojaponesa se componen con el carácter nen. Nenko: triturar las palabras antiguas; nengo: triturar las palabras; nentai: triturar los comentarios; nenko: triturar incienso; nenho: triturar juguetes; nentoko: triturar y hacer suyo. Fundamentalmente "triturar" quiere decir "hacer suyo"

Descubrimos zazen pero con el tiempo triturar la postura con el cuerpo la hace suya. Es hacer suyo el cuerpo del Buda. Las palabras de los antiguos, los Budas, los Patriarcas, vienen en forma de sutra, de poema, de koan, grabados en piedra, en papel, vienen con el viento.

Pero para que esas palabras se conviertan en nuestra lengua, nuestro cuerpo, nuestra carne, hay que triturarlas. Si no es sólo una cosa de la mente, palabras de la mente. Triturar es caer y levantarse. Triturar es equivocarse,  excusarse, hacer gassho. Es la práctica. Moler la práctica con el fuego de la mente. También es el triturar que nace de la compasión. Incluso si uno se equivoca totalmente, incluso si cometes un error grave, es importante excusarse, hablar, volverse a levantar. Es importante no seguir siendo prisionero. Eso es también triturar.

Cuando recibes la ordenación, recibes al mismo tiempo los preceptos. Es uno de los momentos importantes de la ordenación. Es evidente que después puede ocurrir que infrinjas gravemente los preceptos, dolorosamente. Entonces es importante hablar, excusarse, comprender. A partir de un error grave se puede despertar. Todo forma parte de la práctica.

Igual que el Buda Shakyamuni que hace girar la flor de udumbara, muele la flor de udumbara, los que practican se despojan de su corazón y de su cuerpo para que aparezca la simiente del despierto. Esa simiente que está haí desde el origen en el corazón de todos los seres de universo.

Del mismo modo, por ejemplo, si hieres a alguien con tus palabras o de otra manera, hablar, excusarte, arrepentirte en el sentido noble de la palabra, es importante. Es liberarse, dar libertad a la persona herida. Al final, las cadenas más duras son las de la mente.

Triturar puede tomar distintas formas: nuestros errores, palabras de los antiguos, zazen, el estudio. De ahí nace la compasión, el amor.