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El océano cabe en un kesa

  
  
Cuando se pronuncia la palabra "océano", surgen una infinidad de imágenes y símbolos. Evoca lo infinitamente grande, la profundidad, pero también la impermanencia: a veces algo apacible, a veces la tempestad.

También evoca el movimiento perpetuo, como una inmensa respiración, a veces suave, otras violenta. Su color como el del kesa.

Cuando el maestro Dôgen habla del kesa dice: "No es ni de algodón ni de lino ni de cáñamo, no se puede atrapar".

Su etimología, kasaya, quiere decir color velado, no se puede definir del todo, es marrón, es negro pero no es solo eso.

Es también comprender la dimensión elevada del kesa.

Como el océano, es azul, es verde, es negro, a veces adquiere un tinte cobrizo, a veces plateado.

Bajo algunos cielos casi tiene el color de la arena. No se puede nombrar del todo, nombrar su color. Es infinito.

Como el kesa, si se pretende nombrar, explicarlo en exceso, hay algo que se nos escapa. Como la práctica, se ha de comprender su elevada dimensión, la dimensión del Buda, la dimensión oceánica. Comprender que al venir aquí para practicar juntos uno no viene para perfeccionarse uno mismo ni para el propio bienestar. Que hay una dimensión salvadora.

Raphaël Doko Triet
Egino, en un octubre
      

Un mondo con Rafu

Campo de verano en la Gendronnière, agosto de 2000 (transcripción de Unsui 3)

Se dice que todas las personas tienen la naturaleza de buda... pero algunas son capaces de matar, de torturar. ¿Tienen de verdad la naturaleza de buda?

Igual, evidentemente. No te engañes, es importante. Si no comprendes que tú también eres capaz de lo mismo, te equivocarás. Es algo que he comprendido perfectamente. No se puede tener compasión si no comprendes que tú también puedes matar, que puedes torturar, llevar a cabo las peores acciones; que lo mejor y lo peor de la tierra lo posees en germen. Todo lo que hay en el universo lo tienes en germen en el interior de tu mente, en el interior de tu cuerpo. Comprenderlo es fundamental, de otra manera no puedes practicar ni ayudar a los demás. No se puede. A fin de cuentas todo el mundo busca la Vía. Incluso el peor de los demonios se equivoca, se equivoca, está sumido en la ilusión pero él también busca la Vía. En el origen él también es totalmente libre. Después está el karma de cada cual, el karma familiar, el karma de nuestro país.

Hay que tener compasión. No quiero decir que haya que aplaudir, por supuesto, pero en el fondo de tu mente, tienes que poder comprender que estos gérmenes, esta semilla, también los tienes tú. Posees todo lo que existe en el universo, no hay nada fuera de ti mismo, todo eres tú. Cada una de las personas que están aquí son también tú mismo. Fundamentalmente no son diferentes. Para comprenderlo hay que practicar la Vía.

Que ya lo dijo Goethe: "Nada de lo humano me es ajeno"
 

Acerca de los kusen de Rafu (Un Sui) (1)

La enseñanza real del zen solamente se recibe en en dojo, por boca de un maestro, es secreta y se produce dentro del secreto de espíritus en comunión.

Además están los sutras y los comentarios de los maestros a los sutras y las conversaciones entre amigos de la sangha y las reflexiones y todo lo demás. Pero lo que el zen muestra y señala no puede escribirse en los libros. Pertenece a la intimidad y la privacidad del silencio del dojo y los corazones que le dan vida sentados en la postura transmitida desde el Buda hasta nuestros días sin interrupción y sin cambios. Esto es así.

Las transcripciones que hemos hecho de los kusen de Raphou en algunas sesshines tienen como función únicamente dar una idea de lo que se dice en ellas. Lo que se dice. La transmisión fue obtenida sólo por quienes allí estuvieron y es irrepetible.

Los Un Sui se pueden comprar en cualquier sesshin. La edición es simple y hermosa y la verdad es que merece la pena tenerlos y leerlos despacito porque allí están dichas muchas cosas: unas tocan con un dedo delicado nuestra conciencia, otras son información sobre la forma tradicional del zen, hay cuentos, experiencias personales, formas de comportamiento, abren puertas, proporcionan claves y muchas veces conmueven el alma entera. Por eso lo hemos compartido. (Eso sí: si alguien no puede comprarlo por razones económicas, no tiene más que decirlo y se lo fotocopio o continúo transcribiendo para que esté al alcance de cualquiera que tenga el anhelo necesario)

Ango 1-5 de junio, 2005. Primer día. Permanecer en la calma

seis y media de la mañana
Vamos a pasar cinco días juntos, cinco días para hablar juntos del despertar, no hablar sólo con la boca, hablar con nuestro cuerpo. Cada uno de nosotros en la vida crea un personaje. Aquí se ha de abandonar, dejarlo fuera. Abandonar ese personaje, dejar sitio al Buda. Este lugar es maravilloso. La naturaleza es hermosa, fuerte, naturalmente despierta.

Hemos tenido la suerte de tomar forma humana, lo que no quiere decir que seamos superiores al resto de la naturaleza, pero nacer así es poder hacer realidad la Vía del Buda.

Un día Nyojo, el maestro de Dogen, dijo a sus discípulos: "Desde el momento en que cuatro personas, cualquiera que sea su historia anterior, llegan a reunirse, ese grupo de monjes se convierte en un tesoro inestimable."

Si entre los monjes y monjas algunos se comportan de manera inconveniente, se les ha de invitar con compasión y con la solicitud de una abuela a que sigan las enseñanzas del Buda.

La suavidad de la abuela es importante: robai shin, el espíritu de la abuela. La abuela tiene una edad pero el tiempo ha suavizado sus aristas, como las piedras de la orilla del mar, que las olas han hecho rodar durante siglos y al final están suaves como la seda. Incluso cuando se enfada, la abuela lo hace con la tranquilidad de la inmovilidad. No es por reacción. Es como una montaña que se desplaza tranquilamente.
Así pues, durante estos cinco días, abrid los ojos sin abrirlos, escuchad, estad atentos a vosotros mismos y a los demás. De nada sirve ser diplomático, tampoco sirve de nada ser áspero, duro. Podemos, en silencio, hablar de despertar, con palabras, sin palabras. Ayer por la tarde dije: "No habléis demasiado." Al mismo tiempo está claro que se puede hablar, si comprendéis lo que quiere decir hablar permaneciendo en silencio.

Escuchar sin estar al acecho, mirar sin juzgar. Sed íntimos con este espíritu, robai shin, el espíritu de la abuela.

El espíritu de la abuela no es sólo una apariencia. Esa piedra de la que hablaba, suavizada por el tiempo, se encuentra en lo más profundo de nuestro espíritu.

once de la mañana
Durante cinco días, practicad, mirad, oíd, pero comprended también que no basta ver con éstos ojos, oír con estos oídos. Antaño mucha gente conoció, vió, oyó, al maestro Deshimaru. Sin embargo no vieron nada, no oyeron nada, no comprendieron. Por tanto, los mismos oídos, los mismos ojos, pero no basta. Los sentidos nos son tan fiables.

El día que el Buda estaba en el Pico del Buitre había mucha gente, eran muchos. Sin embargo sólo Mahakashyapa sonrió. En aquel instante lo que vió, lo que oyó, no se limitaba a los órganos de los sentidos.

Durante zazen la mirada está colocada delante de uno mismo. Los sentidos están en descanso pero podemos ver más lejos que con los propios ojos, oír más lejos que lo que nuestras capacidades auditivas permiten. Existe un mundo en el que podemos ver con los oídos, oír con los ojos.

Ayer por la tarde Lise presentó a todas las personas que han venido a practicar, algunas han venido de muy lejos, unas ya se conocen, otras no. Las relaciones afectivas no son tan importantes. La gente a menudo confunde el corazón de la sangha con algo aectivo. Me gusta, no me gusta, siento, no siento. Lo que amo un día al día siguiente lo detesto. Una vida que siempre se basa en la dualidad. Aquí el corazón es el dojo. A partir de aquí, de este punto, como cículos concéntricos, todo se convierte en práctica.

Es como un cuerpo humano. Todos los órganos son importantes. Está el corazón, pero el corazón sin los pulmones es inútil. Los pulmones, el hígado, los intestinos son inútiles en sí mismos. No existen más que por sus relaciones de interdependencia. Sus relaciones no dependen del afecto.

Hay un divertido proverbio que dice que si alguien estornuda en la cuenca amazónica, otra persona en Tokio se acatarra.

En el Tenzo kyokun el maestro Dogen dice: "No seáis cuidadosos con algunas cosas y negligentes con otras. Actuad de tal manera que ni una sola gota del océano de los méritos se os escape. No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de las acciones benéficas."

Comprended que practicar la Vía es que el Dharma del Buda te conmueva. Es una ocasión única de conocernos. Sin duda sin esto muchos de nosotros no nos habríamos conocido; por nuestro medio social, nuestro país, nuestras circunstancias, nuestra historia, nuestro sexo. Sin esto hubiera sido muy difícil conocernos.

Sin embargo, gracias al Dharma del Buda ha sido posible. Podemos sentir gran admiración por ello. Cada cual pone su mota de polvo en la cima de la montaña de los actos benéficos. Evidentemente se crean afinidades pero al final eso no es importante.

Saltar allá donde ya no depende ni de la atracción ni del rechazo. Me gusta, no me gusta. En este lugar se pueden crear relaciones humanas elevadas, profundas, generosas.

cuatro y media de la tarde
En el Hokkyo zanmai hay un poema que dice que la ley de la interdependencia y de la ocasión, u oportunidad, puede hacerse realidad en la claridad y el silencio del corazón. Si estamos aquí sentados juntos durante cinco días es por éso. La ley de la interdependencia es la ocasión; se le llama el momento oportuno, el momento favorable. Cinco días es muy corto. No debemos estar ciegos a ese momento favorable. Ir hasta el final. Todos los seres humanos tienen momentos favorables pero la mayoría están ciegos a ello. Como la gente que conoció al maestro Deshimaru, tenían ojos pero esos ojos no veían. Lo mismo ocurre con el kesa. Para algunos es el objeto más precioso. Para otros es sólo un trozo de tela. No estar ciego a ese momento favorable.

En japonés hay una palabra que se dice: jikai. Significa la alternancia del fruto y la simiente. A menudo los adultos, como los niños, dicen: "No tengo la culpa." He tenido una desgracia pero no tengo la culpa. He hecho esto pero no tengo la culpa. En cierta manera es estar ciego a uno mismo, a esta ley de interdependencia, a ese momento favorable.

Todo lo que hacemos es a la vez fruto y simiente. Observemos el fruto, observemos la simiente. Hay alternancia. Al mismo tiempo, el fruto contiene la simiente y la simiente contiene todo en lo que nos convertiremos. No hay dualidad.

En un sutra están estas palabras: "Cuando esto existe, otra cosa existe; cuando esto aparece, otra cosa aparece; cuando esto se acaba, otra cosa se acaba." La palabra interdependencia en sánscrito se dice: prapyaya, lo que quiere decir "hacer frente". Tiene el sentido de una bala que se dispara contra un muro y vuelve.

A través de la naturaleza que nos rodea es fácil observar que todo se rige por esta ley de interdependencia. Los árboles, los animales, las plantas, las flores. La relación entre interdependencia y oportunidad, el momento favorable.

El tiempo pasa y aquí estamos inmóviles. ¿Qué hacer con este instante? ¿Qué hacer con esta vida? Cada instante es el instante favorable. En la naturaleza, sin saberlo, en cada instante, todo aprovecha el momento favorable. Todo aprovecha el momento favorable sin que ello se base en una intención ni en una creencia. A menudo la fe, la creencia en Dios o en Buda, ayuda a la gente a aceptar los dolores y las vicisitudes de la existencia. Claro está, puede ayudar a la gente, pero fundamentalmente esta especie de creencia no es de ninguna utilidad en nuestra práctica. Creamos o no creamos, el momento favorable existe, la satisfacción existe.

La naturaleza sólo expresa esto. Existe separada del pensamiento de un ego. Lo que existe separado del pensamiento de un ego y en lo que no hay sitio para ninguna interferencia se llama Dharma.

Esta mañana he citado unas bellas palabras de Dogen: "No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de los actos benéficos". Pero añadamos o no esa mota de polvo, la montaña ni aumenta ni disminuye. Es sólo nuestra práctica sin meta, sin fin. Es sólo no estar ciego al momento favorable.

Algunas personas van a recibir la ordenación al final de esta sesión. Han de comprender profundamente.

Ango 1-5 de junio, 2005. Segundo día

seis y media de la mañana
Hay un poema de Ling Yu que dice:
El espíritu del hombre de la Vía es sencillo y directo, sin pretextos.
En él no hay cara oscura o cara luminosa,
no engaña y no se hace ilusiones.
Todo lo que ve y oye a cada hora del día
son sólo las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos.
Nada está deformado. No es necesario vivir retirado
poniéndose una venda sobre los ojos
ni taparse las orejas para evitar las impurezas.
Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones.
Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir
que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego.

Si no nos dejamos contaminar por las ideas recibidas, por la costumbre de los pensamientos, la mente se vuelve clara y límpida como el agua de un riachuelo en primavera. Puro y tranquilo, fluye en total libertad. Así uno se convierte en un hombre de la Vía y se le llama el hombre de la Vía.

once de la mañana
Esta mañana os he leído este poema de Ling Yu en el que dice: "No es necesario vivir retirado poniéndose una venda sobre los ojos ni taparse las orejas para evitar las impurezas. Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones. Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego."

A menudo la gente dice sobre la práctica: "No estoy preparado, aún no es el momento." ¿Hay un momento para estar preparado?
Unmon decía: "¿Qué os falta?" En la Vía no hacemos las cosas en función de nuestro estado de ánimo, de nuestras ganas, de nuestros deseos. Tampoco hacemos las cosas porque nos va bien. No dejamos de hacerlas porque nos sentimos mal. Tanto si nos sentimos bien o nos sentimos mal, hacemos lo que hemos de hacer. Ése es el sentido de la práctica. Cuando hacemos las cosas por ellas mismas, sin idea de bien ni de mal, ni de éxito ni de fracaso.

Ayer por la tarde me reuní con las persnas que van a recibir la ordenación. Recibir la ordenación es comprender todo esto de verdad. No es pertenecer a un estado religioso en la sociedad, como en algunas religiones. Tampoco es un estatus particular.

Sensei decía a menudo que su nombre, Deshimaru, quiere decir "joven discípulo", discípulo pequeño, eterno discípulo. En la traducción tiene un aspecto algo infantil. Decía que de pequeño, a menudo, la gente se burlaba de él por su nombre. De mayor estaba muy orgulloso de ese nombre. Recibir la ordenación es convertirse en discípulo eterno.

Comprender que cada momento es el momento favorable.

Recibir la ordenación tampoco es pertenecer a una secta, ni siquiera a la secta de Deshimaru ni a la secta del zen. Tampoco hay que esperar a haber comprendido, a haber comprendido el zen. Sólo inscribirse en esa continuidad, inscribir el propio cuerpo y la mente en el tesoro del Shôbogenzô, el tesoro de la verdadera ley.

Ayer tuve una conversación muy interesante con un practicante. Hablamos un momento del libro de Kapleau, Los Tres Pilares del Zen. Sensei a menudo decía que ese libro ha perjudicado mucho, ha hecho mucho daño a la Vía del Buda y de los Patriarcas. El libro se inscribe totalmente en la sociedad de consumo en la que vivimos. Nada de satori, nada de iluminación, nada de nada. Unmon dice: "¿Qué os falta?" Práctica y satori no son cosas diferentes. Todo lo que el hombre de la Vía oye no son más que las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos. Es el sentido profundo de la iluminación.

Ciertamente, si os hago hacer zazen 30, 40 horas seguidas durante varios días seguidos, desde luego tendréis la iluminación. Pero sólo son condiciones especiales.

Por la mañana, levantarse, sin pensar, lavarse la cara, dirigirse al dojo, practicar juntos. Juntos, ponernos el kesa sobre la cabeza, cantar este magnífico sutra, al mismo tiempo que amanece, toda la naturaleza despierta al mismo tiempo que nuestras células. Eso es la vestidura de la felicidad.

Si no se puede encontrar el despertar en las cosas ordinarias de la vida, no será posible en ningun otro sitio. Por supuesto, todo el mundo quiere liberarse, liberarse. Parece que es un sentimiento, una idea de prisionero. Queremos salir, quitar los barrotes de la cárcel, salimos, vuelven las tonterías y de vuelta a la cárcel.

Volveos íntimos con jijuyu zanmai, la alegría de la práctica. De todas formas no podemos escondernos, no podemos escapar.

Hay una preciosa frase de Epicuro que dice: "Podemos procurarnos seguridad contra todo, pero la muerte hace que habitemos todos, los seres humanos, en una ciudad sin murallas." Antes de la muerte es mejor practicar esto, despertar a esto. Wake up!

cuatro y media de la tarde
Esta noche van a venir otras personas para la sesshin. Cada vez me gusta menos la separación entre preparación y sesshin. Sensei creó los primeros campos de verano a principios de los años 70. En aquella época todos éramos discípulos muy jóvenes, de edad y de práctica. En la actualidad, tanto en la Gendronniére como en la Morejona, el templo de España, el conjunto de una sesión es una sesión, una sesshin con dos tiempos diferentes.

La mayoría de la gente crea en su vida tabiques de separación. El espacio de la familia, el espacio del trabajo, el espacio del zen. Resumiendo, está el ámbito de lo privado y el ámbito de lo público. Mientras pensemos así, estaremos divididos en el interior de nosotros mismos. En nuestro cuerpo, en nuestra mente, no hay espacio público y espacio privado. Un único cuerpo-mente.

Un famoso poeta español, Antonio Machado, dice en un poema: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."

Nada delante de uno mismo, nada detrás. Sólo nuestros pies sólidamente puestos en la tierra. Paso a paso. Por supuesto, al practicar, al filo de los años, nuestra práctica, nuestro camino, nuestros pasos se profundizan. Sin embargo, no es como una escalera.

En un único instante, en un solo trago, beber el agua de todos los océanos.

Así que esta noche vamos a decansar un poco. En ese momente también es práctica. No está separado de zazen. Un solo trago, el agua de todos los océanos. No compartimentar el cuerpo ni la mente.

Esta noche cantaremos sólo una vez los Cuatro Votos del bodhisattva. Los Cuatro Inmensamente Grandes Votos.

Ango 1-5 de junio, 2005. Tercer día

seis y media de la mañana
Llegamos a la segunda parte de la sesión, el momento en que todos debemos entrar profundamente en nosotros mismos.

Hay un capítulo del Shôbogenzô del maestro Dogen, Muchû Setsumu, que podría traducirse como "hablar del sueño en el sueño". No se trata del sueño nocturno ni del sueño premonitorio sino del sueño de los Budas y de los Patriarcas, de vuestro propio sueño.

¿Qué sueño tenéis para vuestra vida? ¿Qué sueño tenéis para vuestro dojo?

Generalmente, cuando se dice de alguien que sueña es que está en otra parte, que se escapa. Aquí el sentido es algo distinto. Podríamos decir que este sueño es el momento en el que nacen las simientes.

Muchos de vosotros habéis recibido la ordenación. Algunos hace muchos años, otros van a recibirla al final de esta sesshin. En el momento de la ordenación tenemos una fuerte aspiración, un sueño generoso.

Durante esta sesshin voy a hablaros de esto, del sueño de los Budas y de los Patriarcas, de vuestra ordenación y de los Cuatro Inmensos Votos. Triturar estos tres puntos. Cuando Buda gira una flor entre los dedos, también podemos emplear la expresión triturar. Triturar quiere decir tener siempre el espíritu despierto.

Incluso 20 años después, 30 años, 40 años ¿qué voy a hacer de mi ordenación, de mi sueño? ¿Qué hago de este sueño? Todos debemos preguntárnoslo sinceramente.

Recibir la ordenación es al mismo tiempo una gran reponsabilidad, un gran sueño. Observad lo que ha pasado con el yoga. La sociedad occidental lo ha engullido. Tras su digestión ha salido como un producto de consumo, como una técnica de bienestar, una crema para la cara. Así que debemos tener cuidado para que el zen de los Budas no siga el mismo camino.

Por eso, durante esta sesshin no os durmáis. Possible dream, not possible sleep.

cuatro y media de la tarde
Sigo con este capítulo del Shôbogenzô, Muchu Setsumu, hablar del sueño en medio del sueño.

Todas las mañanas cantamos los Cuatro Inmensamente Grandes Votos

Por ilimitado que sea el número de seres,
hago el voto de salvarlos a todos.
Por ilimitado que sea el número de pasiones,
hago el voto de cortar con todas.
Por ilimitado que sea el número de Puertas de la Ley,
hago el voto de atravesarlas todas.
Por ilimitada que sea la Vía del Buda,
hago voto de recorrerla del todo.

Estos días he hablado del hecho de creer o no creer. Cuando uno se basa en este punto de vista dualista, siempre está en falso. Hay una realidad para la que no hay palabras. En cierta manera, si se leen estos grandes votos se puede pensar que es irrealizable. Sin embargo, es nuestra práctica.

Alguien me decía el otro día, quizás si se dicen esas cosas es para tranquilizarse uno mismo.

Hay un mondo muy interesante entre Shunryu Suzuki, que vivió en Estados Unidos, y uno de sus discípulos a propósito de estos Cuatro Grandes Votos. el discípulo dice: "Zazen no me plantea ningún problema, pero no me gusta hacer promesas que no comprendo."

Entonces Shuntyu Suzuki le dice: "Si los seres sensibles son innumerables o si nuestros deseos son inagotables, no viene a cuento decir que voy a salvarlos a todos. La promesa que hacemos es una estupidez. No tiene sentido, estoy totalmente de acuerdo contigo."

Sin embargo lo hacemos. ¿Por qué? Porque uno no está contento si n o trabaja por los demás. Todas las mañanas pronunciams los Cuatro Grandes Votos. Lo que está en juego es mucho más vasto. Sólo por razones de comodidad nos limitamos a cuatro grandes votos.

Shunryu añade: "Me alegro de verdad de que tengamos tantos deseos inagotables e innumerables seres que salvar y también que sea prácticamente imposible salvarlos en el sentido de `yo te savo´."

Shunryu toca un punto importante. La gente quiere ayudar. Alguien cae al agua, te lanzas, le salvas y eres feliz. He salvado. Es real, concreto, lógico.

El discípulo de Suzuki no consigue salir de la dualidad.

Se dice de un sutra que cuando se lee un sutra hay que mirar también detrás de la hoja, del otro lado del texto. Es como el kesa. Es muy interesante también mirar detrás. Hay que mirar detrás de los Cuatro Grandes Votos.

Están las palabras pero también lo que hay detrás de las palabras. Podemos ver diversos colores, pero ¿cuántos colores son capaces de ver nuestros ojos? ¿Cuántos sonidos pueden oír nuestros oídos? ¿Qué capacidad de comprensión puede tener nuestra mente?

Por supuesto las palabras son necesarias, pero también está la realidad que las palabras no pueden comunicar. Así que está también lo de detrás de las palabras. Si nos apegamos a las palabras entonces las palabras nunca nos satisfacen. Nunca son perfectas. Es igual que cuando traducimos. Por ejemplo hishiryo. Sensei lo tradujo: "más allá del pensamiento" y, también, "pensar desde lo más profundo del no pensamiento." Pero al final ninguna traducción puede satisfacer del todo. Cada traducción nos brinda una interesante aclaración.

Pero esta no satisfacción es muy importante, de ahí surge la vida. Si uno queda satisfecho, ya estás muerto, contento de ti mismo. ¡Se acabó! ¡He entendido! No satisfacción no quiere decir insatisfacción. Es sólo mantener siempre la mente despierta, fresca.

El discípulo de Shunryu le dice: "Cuando prometo hacer algo, tiene que tener sentido. No puedo hacer una promesa que no tenga sentido."

Entonces Shunryu le dice: "Es sólo arrogancia."

Queremos demostrarlo todo, explicarlo todo. Todo ha de ser absolutamente racional, pero es imposible. Está la comprensión racional de las cosas y de los votos.

También hay que mirar nuestro sueño detrás de los votos. Hay una realidad para la que no hay palabras, que escapa de esa forma dualista, que se ha emancipado de ella. Incluso los grandes textos, los grandes sutras, al final, sugieren algo que se sitúa más allá.

Esa no comprensión, que es el tesoro de un practicante de la Vía, sirve precisamente para triturar eso que está más allá.

Creer, no creer, queremos controar todo siempre y es imposible. Al final uno mismo ha de abandonarse, abandonar el cuerpo y la mente. Como durante una sesshin, a veces el cuerpo está dolorido, te duele, te duele. Si te resistes, aún es peor. Más vale abandonarse.

De todas formas, la infinitud de los colores no puede analizarse con nuestros ojos tan pequeños, lo mismo ocurre con la infinitud de los sonidos, de los olore. Pero se puede abandonar el cuerpo y la mente, dejar que la infinitud de colores entre a través de nuestros ojos, pero no podemos agarrarlos ni atraparlos.

ocho y media de la tarde
Después del zazen se ha hablado mucho del sentido de la palabra "triturar". ¿Es peyorativo o no? El kanji para "triturar" es nen y todos los kanji tienen una clave. Puede ser cielo, agua. En lo que respecta a este kanji es "mano". Este kanji se puede traducir también como retorcer, moler, amasar. Encontramos el kanji nen ge nen -triturar, ge- flor. Triturar una flor. Como Buda que tritura la flor de udumbara, la gira entre sus dedos. Triturar se explica con la mano pero también es triturar con el cuerpo, con la mente.

Muchos caracteres en lengua sinojaponesa se componen con el carácter nen. Nenko: triturar las palabras antiguas; nengo: triturar las palabras; nentai: triturar los comentarios; nenko: triturar incienso; nenho: triturar juguetes; nentoko: triturar y hacer suyo. Fundamentalmente "triturar" quiere decir "hacer suyo"

Descubrimos zazen pero con el tiempo triturar la postura con el cuerpo la hace suya. Es hacer suyo el cuerpo del Buda. Las palabras de los antiguos, los Budas, los Patriarcas, vienen en forma de sutra, de poema, de koan, grabados en piedra, en papel, vienen con el viento.

Pero para que esas palabras se conviertan en nuestra lengua, nuestro cuerpo, nuestra carne, hay que triturarlas. Si no es sólo una cosa de la mente, palabras de la mente. Triturar es caer y levantarse. Triturar es equivocarse,  excusarse, hacer gassho. Es la práctica. Moler la práctica con el fuego de la mente. También es el triturar que nace de la compasión. Incluso si uno se equivoca totalmente, incluso si cometes un error grave, es importante excusarse, hablar, volverse a levantar. Es importante no seguir siendo prisionero. Eso es también triturar.

Cuando recibes la ordenación, recibes al mismo tiempo los preceptos. Es uno de los momentos importantes de la ordenación. Es evidente que después puede ocurrir que infrinjas gravemente los preceptos, dolorosamente. Entonces es importante hablar, excusarse, comprender. A partir de un error grave se puede despertar. Todo forma parte de la práctica.

Igual que el Buda Shakyamuni que hace girar la flor de udumbara, muele la flor de udumbara, los que practican se despojan de su corazón y de su cuerpo para que aparezca la simiente del despierto. Esa simiente que está haí desde el origen en el corazón de todos los seres de universo.

Del mismo modo, por ejemplo, si hieres a alguien con tus palabras o de otra manera, hablar, excusarte, arrepentirte en el sentido noble de la palabra, es importante. Es liberarse, dar libertad a la persona herida. Al final, las cadenas más duras son las de la mente.

Triturar puede tomar distintas formas: nuestros errores, palabras de los antiguos, zazen, el estudio. De ahí nace la compasión, el amor.

Ango 1-5 de junio, 2005. Cuarto día

Once de la mañana
Los Cuatro Inmensamente Grandes Votos sugieren algo que está más allá. Está la comprensión racional de las cosas, de los votos, pero también detrás de las palabras. Está también nuestro sueño. En esta parte del sueño nacen nuestras esperanzas, nuestras aspiraciones. Por ejemplo, en lo que concierne al Templo de la Gendronnière que creó el maestro Deshimaru, todo partió de un sueño. No del sueño nocturno, sino del sueño como simiente, como aspiración, como voto.

En el capítulo Muchu Setsumu, los kanjis son interesantes. El ideograma mu, yume, lleva como clave la noche y para el cuerpo, el velo. Etimológicamente designa los velos de la noche que nos impiden ver. Incluso la antigua pronunciación de la palabra sueño, ime en japonés: i, el dormir; me, ojo, visión, mirada, es decir, el ojo del dormir. Es gracioso. Nosotros los occidentales decimos `tener sueños´, y en Oriente dicen `ver sueños´.

Aquí, el sueño no está en oposición a la realidad. En absoluto. Aquí, no es sinónimo de ilusión. Quizás ya conocéis la historia de los monjes que vivían con el maestro en un Templo. El maestro insistía en la práctica, zazen, samu. Había algo que sorprendía enormemente a sus discípulos. En el momento del samu de la tarde el maestro iba a echarse la siesta. Se dormía. Así que un día, en un mondo, un discípulo se acercó y le dijo: "Por favor, maestro, me gustaría hacerle una pregunta. ¿Por qué va durante el samu a echarse la siesta?" El maestro contesta: "No voy a echarme la siesta. Sólo me acuesto y luego me voy en sueños a ver a los Grandes Maestros de los Tiempos Pasados para hablar de la Vía". Los discípulos quedaron totalmente impresionados. Nadie le volvió a plantear la cuestión.

Meses más tarde el maestro se levanta de la siesta y ve que el discípulo que le había planteado la pregunta no estaba en el samu y manda que le vayan a buscar. Estaba echándose la siesta. El maestro se enfada:"¿Por qué no estabas haciendo samu? No es el momento de echar la siesta." El discípulo rápidamente contesta: "No estaba echándome la siesta. Estaba acostado para ver a los Maestros de los Tiempos Pasados." El maestro le dice: "¿Les has visto?", "Sí", dice el discípulo. "¿Y qué te han dicho?" "Que nunca le han visto a usted."


Evidentemente Dogen no habla de este tipo de sueño. Muchu setsumu: sueño. Designa también arrebato, entusiasmo, quedar transido. Habla también del no-yo en medio del sueño, absorto, cautivado por el total olvido de uno mismo, de lo que colma nuestro corazón.

Mañana habrá ordenaciones. En el momento de la ordenación hay un gran entusiasmo, un arrebato. Algunos han recibido la ordenación hace muchos años. Diez años, veinte, treinta años más tarde ha llovido mucho. El viento borra las huellas de los primeros días. ¿Qué queda de nuestros sueños?.

El maestro Deshimaru hablaba constantemente del espíritu del principiante. Aprendáis lo que aprendáis en la vida, el número de los años trae el saber, la experiencia, lo adquirido, la posición. Pero, en lo que concierne a la Vía, siempre es el principio.

Decía ayer: ese lugar en nuestra mente de no-conocimiento, de no-satisfacción, es un tesoro. No quiere decir ignorancia. Ningún bastón puede aclarar nuestro solitario caminar. En tanto que monje o monja ¿qué sitio le dejamos a Buda? Claro está, cada uno tiene su vida: el trabajo, la familia. Pero al final, nada es un obstáculo. Nada es un obstáculo si dejamos sitio.

Evidentemente todos hacemos zazen por la mañana, recitamos los Cuatro Inmensamente Grandes Votos, después está el momento de la ordenación, de la decisión personal. Al mismo tiempo no es sólo personal. También es el fruto de las simientes en el Cielo, de los Sueños Antiguos. No estamos solos. De la misma manera, la razón de nuestra presencia aquí se sitúa más allá; Sabiduría, está la Sabiduría. El fruto de las antiguas simientes que se han alimentado en el velo de los Antiguos Sueños.

Cuatro y media de la tarde
Mondo
Sueño con una cosa. El zen existe desde hace más de veinticinco años en Quebec y estaría muy bien si pudiéramos tener un lugar en el que poder practicar de forma regular y hacer sesshines. ¿Qué piensas?
Puede ser una buena idea, está claro. Lo importante es, como decía Sensei a menudo, volver al mismo lugar. Es como cavar, cavar, cavar una vida universal. Es importante. Tenemos Kinkora que es un buen lugar, podemos bañarnos, lo que es más bien original durante una sesshin, pero tener un lugar totalmente apropiado para la práctica, que se concibe como un lugar de práctica, es diferente.

Para que se consiga algo así tenéis que llevaros bien, los diferentes responsables, todo el mundo, tiene que estar de acuerdo. Para que se consiga algo así, si no todo el mundo va en la misma dirección, será agotador para los que se lancen al proyecto. No sé cómo son los precios en Quebec, pero en Europa está todo muy caro. Hay que pensarlo bien. Si no todo el mundo está motivado, es difícil. Pero en esencia es buena idea. ¿Sería un Templo o un lugar para sesshines?

Es como la simiente. Hace mucho tiempo que estamos pensando en ello, tú has hablado del momento oportuno, del momento favorable. Antes había problemas entre Quebec y Montreal, ahora creo que vamos en la misma dirección. Lo tendría que querer todo el mundo, sé que no somos muchos, hay muchas cosas, pero me parece que es un buen proyecto.
Si pensáis en un Templo se necesita un maestro. Para atraer a gente es necesario que haya alguien detrás del proyecto.

¿Y si tú vinieras aquí?
No puedo dividirme. Entre la Gendronnière... A veces estoy cansado. Es todo muy difícil. Díselo a Bego, verás cómo no le gusta nada. Puedo ayudar pero estar aqui todo el tiempo es imposible.

Recuerdo que Sensei, cada vez que teníamos un proyecto, ya fuera abrir una tienda, un restaurante, un Templo, él siempre preguntaba, ¿qué espíritu, qué intención hay detrás? Era lo único que le interesaba. Por eso, cuando construyó la Gendronnière, decía todo el tiempo, "no importa, puede durar sólo diez años. El espíritu que se genera ahora es lo importante. Si la cosa degenera, lo quemamos todo y volvemos a empezar." Era difícil, yo veía las dificultades que él tenía, las veía como discípulo turbulento. Y ahora las veo como responsable de la Morejona y me doy cuenta de lo difícil que es. Lo veo todo de forma distinta. Recuerdo que Sensei se enfadaba cuando los técnicos venían y les decía "quiero hacer esto así". Ellos decían: "Nosotros somos los profesionales..." Le ponía de los nervios. Yo, ahora, me encuentro con los mismos problemas. Gente que llega a la Morejona y que dice que nosotros somos los profesionales, sabemos cómo. No, no, no. El espíritu que está detrás es lo único importante.

El primer punto importante es que la ciudad de Quebec y la de Montreal practiquen juntas en las sesshines. Me hace muy feliz. Es, de todas formas, evidente, pero se ha tardado diez años en conseguir. De verdad, me encanta. Aunque venga a hacer sesshines aquí, si todo el mundo no abandona una parte de sí mismo para practicar juntos, no se conseguirá. Comprendo los conflictos humanos, todos los tenemos. Pero en tanto que monje o monja, cuando vemos, por ejemplo, los problemas que existen entre Palestina e Israel, si nosotros no podemos resolver estos pequeños conflictos, no podremos nunca hacer realidad los Cuatro Inmensamente Grandes Votos.

Volviendo a tu pregunta, todo es posible pero, insisto, hay que saber que es algo pesado, que puede resultar bien si todo el mundo está de acuerdo. Siempre habrá alguien que tire adelante, pero es necesario que todo el mundo esté de acuerdo. A vosotros os toca reuniros y ver si realmente tenéis ganas. Puedo entender vuestro sueño, un lugar en el que se pueda tener un dojo. Yo lo estoy haciendo, así que lo entiendo. Repito, lo importante es el espíritu que está detrás de todo esto, si todo el mundo participa en esa intención, en la disponibilidad para hacerlo y quiere lanzarse a un proyecto de esas características. Tenéis que hablarlo entre vosotros y saber, de verdad, qué es lo que queréis.

Es tiempo, trabajo, fines de semana. Me doy cuenta de que en la Morejona, por ejemplo, y ahí estoy yo tirando del proyecto, no siempre es fácil. La gente tiene familia, trabajo, y lo entiendo, no lo critico. A veces protesto, pero en el fondo de mi corazón lo entiendo. Mi papel es protestar pero en el fondo de mi corazón, lo entiendo.

Durante la agonía de mi madre la visité en el hospital y cada cuatro horas le ponían morfina y en su habitación vi a otras personas enfermas terminales de cáncer que sufrían. En su estado hubiera preferido ser yogui.
Creo que ante la muerte todo el mundo sufre. Tampoco hay que exagerar. El yogui, el monje zen... ante la muerte, todo el mundo está ante la muerte y todo el mundo sufre. A veces con serenidad, a veces con dolor, pero no hay que hacer películas. Eso es lo verdaderamente importante. Acabo de terminar el coloquio "Vida y muerte".

¿Qué dijo Sensei antes de morir? "Me duele", ita, ita, ita, me duele, me duele, me duele. Por gran maestro que fuera, es todo lo que dijo. ¿Por qué? Porque le dolía. A algunos maestros les da tiempo de escribir un maravilloso poema. También está muy bien. Hay alguno que le dijo a su maestro: "Por favor, vuestras últimas palabras." El maestro le pegó un buen sopapo.

Hay muchas formas pero, ante la muerte, algunos se dice: estupendo, no tengo miedo a la muerte. Pero si estás enfermo en un servicio oncológico, efectivamente es duro. En mi opinión seas yogui o no, eso no cambia nada. Quiero decir que uno se ve confrontado a sí mismo, a la muerte, pero yo prefiero ser monje. No creo que sea mejor que ser otra cosa. Es sólo lo que soy y no tengo ganas de seryogui. No tengo ganas de ser otra cosa y no puedo ser otra cosa que lo que soy. Ése es el punto importante. No puedo escapar de mi vida de Raphaël, así que más vale tomarla entera y practicar. Así, en el momento en que me encuentre ante la muerte, haré lo que pueda. Ya veremos.

Mi abuela también murió de cáncer. Étienne, mi mejor amigo, también. Conozco estas cosas y al final, ante la muerte, todo el mundo es; sólo puedes ser sincero, no hacer películas y cuando se trata de alguien cercano, ayudarle. ¿Cómo ayudarle? Cogiéndole de la mano, ayudándole a pasar, a no tener pesadumbre. Ayudar a alguien a morir es importante.

Me acuerdo que hace doce o trece años, cuando dirigía el dojo de París, alguien me dijo que había una mujer moribunda en el hospital que quería conocer a un maestro zen. Fui a verla. Era una mujer muy guapa que tenía un cáncer generalizado, era joven, treinta y cinco o cuarenta años. Me quedé impresionado, yo no estaba acostumbrado, no era alguien a quien yo conociera. Lo que me sorprendió es que, por más que fuera godo, por más que fuera Raphou, estaba ante alguien que sufría y me topé con mis límites. Yo era más joven, es cierto, e intenté hablarle. Al final hice lo que mejor sé hacer, le cogí la mano. Entonces pude comunicarle algo, decirle algunas palabras. En esos momentos no puedes hacer trampas. No puedes andar con rodeos y lo mejor que puedes hacer es ver que lo que es duro cuando dejas la vida y pasas de la vida a la muerte es tener pesadumbre, deudas, rencor, odio. Eso es horrible. Lo mejor que puedes hacer pra ayudar a alguien a morir es ayudarle a que se libere de todo eso. Para que se vaya sin deudas, sin odio, sin pesadumbre. Ése es el mejor regalo que se puede hacer. En ello, yogui, monje zen... Hay grandes bodhisattvas que no son ni yogui ni monje zen y que ayudan sobremanera a hacer ese camino.

ocho y media de la tarde
Llegamos a la última noche de esta sesión. A lo largo de la sesión varias personas me han dicho que estaban emocionadas porque la gente de Quebec y la de Montreal de nuevo practican juntas. Yo también.

Es importante practicar juntos, confrontarse. en nuestras vidas estamos solos, somos libres de practicar. Pero cuando abandonamos algo, podemos estar menos obstruidos, con menos paquetes, menos maletas. Entonces la práctica se revela como práctica.

Por supuesto, podemos practicar solos, no está mal. Pero así podemos caer con facilidad en la autocomplacencia. La tendencia humana es pensar que somos los mejores. Mi maestro es el mejor ¡qué estupidez! Simplemente saber lo que hemos de hacer. Recibir, aceptar la eneñanza del Buda.

Comprender la dimensión sagrada, religiosa, de nuestra existencia en las cosas más vulgares, en las cosas más concretas. Poco a poco esta dimensión desaparece de nuestra civilización. Fijaos ahora en qué pone la gente la dimensión sagrada: los ídolos, las estrellas de cine, de música, las top models, las estrellas de rock. Así es, mientras que esta dimensión deberia existir en cosas como las comidas, el baño, lavarse, hablar, callarse, permanecer en silencio.

Recuperar esa dimensión sagrada a través de las cuatro categorías de la vida cotidiana: la forma de andar, de estar, de sentarse, de acostarse.

Oír, escuchar la enseñanza que no tiene lengua. No escuchéis sólo las palabras, dejad sitio a Buda.

Triturad, haced vuestro el sueño de los budas y de los Patriarcas. Abandonarse en medio de este sueño no es una historia personal. No es como un sueño que se enrrolla en torno al ego. Id allá donde los antiguos han soñado, allí donde sus simientes están aún frescas.

Claro, está el sueño como ilusión, pero también el sueño como simiente, como antecámara de la realida.

Sed amigos del Buda, sed amigos de la Vía, sed amigos de vosotros mismos; así, vuestros problemas, vuestros enredos, como decís, no serán importantes. Sólo dejad sitio.

Ango 1-5 de junio, 2005. Quinto día

once y media (después de las ordenaciones)
A partir de la ordenación, a partir de zazen, debéis desarrollar prajna, la Gran Sabiduría, la Gran Belleza.

Si seguimos el curso de nuestros pensamientos, si seguims nuestra propia inercia, se interrumpe prajna. Es como un río cuyo curso se pretendiera cambiar con fines personales. Desde el momento en que hay pensamiento de sabiduría, hay prajna, y el maravilloso río de prajnafluye libremente. Hacedlo realidad, por favor, en vuestra vida, aquí y ahora, a través de la práctica,  través del kesa que habéis recibido.

El kesa reúne todo, eleva todo. Hace rico al más desgraciado, devuelve a los pobres su dignidad. En el kesa no se olvida nada, cada cual tiene su lugar. Nadie queda excluido y la forma del kesa es universal. Si comprendéis el sentido de este kesa, podréis seguir practicando juntos, en armonía, más allá de vuestras diferencias. Más allá de las diferencias hay algo que nos une a todos. Podéis comprenderlo y estudiarlo a través del kesa.

Evidentemente, si miramos nuestras diferencias, son innumerables pero si miramos el kesa, todo se evapora.

En el siglo pasado hubo una mujer de origen suizo que no tenía nada que ver con el zen. Era una gran viajera, atravesó los países de Oriente. Se llamaba Elsa Maillard. Al final de su vida, en sus memorias, escribió: "Al viajar, cuado era más joven, lo que más me impresionaba era la diferencia entre los pueblos y hoy, lo que los une."

Campo de invierno, 27 de diciembre-1 de enero, 2004-2005


 
Preparación, primer día, siete y media de la mañana
Aquí, en el dojo, es importante no contar, no calcular, sino lanzarse a zazen como un niño a los brazos de su madre, con la misma energía, con la misma espontaneidad, con el mismo impulso. Tanto los asistentes como los que vienen para una sola sesión han de tener el  mismo impulso.

Ayer hubo varias personas que se negaron a hacerse cargo del servicio o a ocuparse de las flores. Al final fue el tantô quien tuvo que hacer, por la noche, un ramo con ramas secas. Marsha ha aceptado hacerse cargo del servicio con ese impulso.

Ayer por la mañana en la antípodas de nuestro continente ocurrió un gran drama: un terremoto seguido de un maremoto. Decenas, quizás centenares de millares de muertos según las informaciones de esta mañana. Mucha gente está sufriendo. Cuando un drama así ocurre, aparece, se instala toda una cadena de sufrimientos. Los que mueren, los que lloran a sus muertos, los padres que ven lo que nunca deberían ver, es decir: ver morir a sus hijos antes que ellos. ¿Por qué unas personas y no otras? ¿por qué él, por qué no yo?

Evidentemente está el karma, pero contestar sólo en términos de buen o mal karma se queda corto.

De cualquiera de las maneras, estudiar la propia vida, el propio karma, es importante. No perder el tiempo. durante esta sesión permaneced presentes. Sólo aquí. Generosamente.

Conocer un lugar como éste es una gran felicidad. No malgastéis este tesoro. Sed generosos. Encima de vuestro zafu y por todas partes. No contéis. No os volváis para mirar el tiempo pasado.

La ceremonia de esta mañana se la dedicaremos, por supuesto, a toda esa gente. El papel del religioso es ayudar a todos a quienes golpean la muerte o la enfermedad.

Durante una ceremonia ofreced el propio cuerpo y el espíritu.

cuatro y media de la tarde (Silencio)

ocho y media de la tarde
Hay un poema de Han Shan que dice:
Viene la bruma,
el monte pierde color.
Se levantan las nubes.
El monte es tal y como es.

Venir aquí es perder el propio color, perder el propio rostro, el que nos gusta enseñar, y hacer realidad nuestra verdadera forma.

Cuandoel Buda nació, cuenta la leyenda, dió siete pasos. Los seis primeros pertenecen al mundo de la transmigración, a los seismundos. El séptimo es para salir de ella. El monte que pierde color, el monte tal y como es.

Es el sentido úñtimo de nuestra existencia.

Mirar el rostro de los demás es seguir peleándose en esos seis mundos.

Por favor, no os mováis. Tened paciencia.

Segundo día, siete y media de la mañana
En el Fuknzazengi, el Mestro Deshimaru hablaba de hishiryo, la conciencia durante zazen: "¿Cómo pensar, cómo pensar en no pensar?"

Hay muchas traducciones, pero es difícil quedar totalmene satisfecho. "Pensar más allá del pensamiento". "Pensar desde lo más profundo del no-pensamiento". Una nueva traducción propone: "Pensar al margen del pesamiento".

El Maestro Desimaru decía: "Hishiryo es la esencia del zen". Lo que es seguro es que hishiryo no debe ser una categoría más en nuestra cerebro, al margen del pensamiento.

¿Qué es hishiryo? Por ejemplo, si gritamos "¡fuego!", la boca no arde. Cuando hablamos de hishiryo es como gritar "fuego". No es pensar con el sentido común.

Por ejemplo, en la práctica del zen no hay reglas, no hay regulación, lo que no quiere decir que todo esté permitido. No comprendáis con el sentido común. Es hishiryo. Con la conciencia personal, con los conceptos, no se puede entender todo. Por eso en el dojo tenemos que dejar pasar todo.

Un poema de Ryokan dice:
He intimado con las nubes blancas
y las cigüeñas grises
que responden suavemente
al fresco viento y a la brillante luna.
Despreocupado por el paso del tiempo,
sentado estoy, lúcido y tranquilo.
Un cuenco de arroz, un plato de verduras silvestres,
una taza de té.
Sonrío.

Las nubes blancas, las cigüeñas grises responden suavement al fresco viento y la brillante luna.

Responden pero no dependen de ellos. Aprended a pensar al margen del pensamiento. Intimad con esa no dependencia. Venir aquí, practicar en este templo es intimar suavemente, imperceptiblemente con ese algo esencial.

Se han hecho muchas traducciones. Uno nunca queda totalmente satisfecho. No quedarse totalmente satisfecho es mantener la mente al acecho. Es permanecer despierto.

ocho y media de la tarde
Sigo hablando de hishiryo, más allá del pensamiento, pensar desde lo más pofundo del no-pensamiento, pensar al margen del pensamiento. Ninguna traducción puede satisfacer al cien por cien. Sin embargo, traducir es importante, aproximarse. Aclarar sin tocar, sin oponerse, así la traducción puede seguir evolucionando. Es también una práctica.

La postura de zazen es totalmente inmóvil. Sin embargo, no es sólo inmovilidad. El movimiento existe en el interior, en el exterior. Como en el poema de Ryokan:
He intimado con las nubes blancas y con las cigüeñas grises
que responde suavemente al frescoviento y a la brillante luna

Podemos ver las cigüeñas grises, las nubes blancas, la luna brillante, notar el viento fresco. Pero lo que hace que se respondan no es perceptible sólo con nuestros sentidos, con nuestra lengua, nuestro cerebro, nuestros ojos. Tambié el poema de Ryokan es una puerta abierta a eso que no se puede explicar del todo. Es una ventana. Su razón de ser es despertar nuestro espíritu.

El Mestro Fuyodokai decía: "Sobre la estrada de los antiguos Budas y en la morada de los Patriarcas, se recibe cálidamente a los amigos que van y vienen".

Durante zazen todo se recibe cálidamente, sin evitar nada, sin ser ávido. Así todas las cosas de nuestro mundo se vuelven amigas. Nada supone obstáculo.

Repito otra vez, ninguna traducción de hishiryo puede satisfacernos del todo. Pero esta no-satisfacción es, en sí misma, hishiryo. Es garantía de frescura. Un proverbio zen dice: "No se puede atrapar un pez dos veces en el mismo sitio".

Después de zazen habrá una ceremonia, un kito, dedicado a personas que están gravemente enfermas. Esa conciencia, esa atmósfera que surge en el dojo podemos ofrecerla.

¿Cómo?

No sé. Tengo una profunda fe en ello, pero no puedo explicarlo de forma racional. ¿Ha de explicarse todo?

En una ceremonia como ésta podemos sólo olvidarnos de nosotros mismos. Olvidarse, abandonarse, abandonar incluso el deseo de salvar.

Entonces se puede salvar.

Tercer día, cinco de la tarde
No crear ilusiones
En la Vía no crear ilusiones

Cada vez que muere un gran discípulo del Maestro Deshimaru, se crean muchas ilusiones. Algunos mitifican, otros sin duda, guardan rencor por historias antiguas. Al fina hay que perdonarlo todo.

No persigáis fantasmas. Para la persona que acaba de fallecer es muy importante no crear ilusiones. No ver a otro mientras uno se mira a sí mismo. Cundo alguien muere es importante darle libertad, no atarle con nuestras ilusiones. Es el mejor regalo que se le puede hacer.

Perdonarlo todo. Amarlo todo.

En el eriodo que precedió a su muerte el Maestro Deshimaru criticaba mucho, en algunos de nosotros, discípulos del dojo de París, los lazos excesivamente fuertes que nos unían.

Demasiadas pasiones, demasiada amistad, demasiados afectos son nocivos para la práctica. Por supuesto, la amistad es importnte, pero no se puede reemplazar a la Vía. Así que, por favor, dejad Jacques a Jacques, dejad la Vía a la Vía, Buda a Buda.

Dejar cada cosa a sí misma es amarla de verdad. Sin pathos, sin mancha, sin ilusión.

En el momento de la muerte, el perdón y el amor te dejan completamente libre.

Esta noche, después de la cena, empieza la sesshin. Por favor, descansad. Que tengáis buena sesshin.

Sesshin, primer día, siete de la mañana
Todos los años nos volvemos a encotrar en esta sesshin. Una jornada que se alarga hasta tarde por la noche. Hay mucha gente en el dojo. Hace un momento, al entrar, he quedado impresionado. Todas esas espalda. Todas esas espaldas de budas.

En elmes de noviembre pasado hice un viaje a Japón. Visité un famoso templo en Kyoto en el que hay 3.000 bodhisttvas esculpidos, de ie. Es como un ejército de bodhisattvas. No se sabe bien si están andando o inmóviles. Es sobrecogedor.

Con todas estas personas, con todas estas espaldas de budas´, me gustaría dedcar esta sesshin a todos los que sufren ese drama en el sureste de Asia. Un señor me decía el otro día: "Las ceremonias son muy bonitas pero hay que ayudar concretamente". Por supuesto, hay que hacer donativos -en la asociación estamos reflexionando al respecto- pero no hay por un lado lo que es concreto y por el otro lo que no lo es. Está la manera visibble de dar, que puede ser ofrecer dinero o medicamentos. Pero está también lo que no se ve. Un simple pensamiento es un don totalmente meritorio. La ceremonia participa de la misma manera en la ofrenda. Ambas son necesarias. Es como esos 3.000 bodhisattvas esculpido. Son de madera, pero nadie duda de que andan.

Un día en el tren Sensei conoció a un célebre científico. Les habían presentado pero no se entendieron. Inmediatamente el científico le dijo: "No creo más que en lo que veo" -lo que abrevió rápidamente la conversación.

Evidentemente hay que ayudar materialmente. Este asunto ha suscitado discusiones entre nosotros. Algunos dicen: "En Francia también hay gente que sufre".

Está claro que el sufrimiento existe por todas partes, el sufrimiento cotidiano, el sufrimiento ordinario, la soledad. Pero ¿por qué habría que crear dualidad? El sufrimiento no es francés. Es como los padres con sus hijos. Los padres aman por igual a todos sus hijos. Pero cuado uno de ellos está enfermo, naturalmente se drigen de forma especial hacia él. Lo que no excluye a los otros. Para Buda también, todas las existencias son hijos suyos. Y hoy algunos de sus hijos, allá, muy lejos y al mismo tiempo tan cerca, están muy enfermos y tienen desesperadamente necesidad de ayuda.

No miréis sólo el mundo visible y tampoco sólo el mundo invisible. Empujad al mismo tiempo con fuerza la tierra con las rodillas, el cielo con la cima del cráneo.

once de la mañana
Muchos de vosotros conocéis el mondo entre Baso y Nangku sobre la teja y el espejo. Algunos han concluido de forma precipitada que todo consiste en decir: "puesto que en el origen tenemos la naturaleza de buda, no es necesario practicar zazen".

Al recibir la ordenación del Maestro Deshimaru, tras recibir los preceptos, a menudo nos decía: "El mayor precepto es zazen. Zazen incluye todos los preceptos, incluye el don, la oración, el arrepentimiento. Todo está incluido en zazen".

De esto también algunos han sacado una conclusión precipitada: "puesto que todos están incluidos en zazen, es inútil ocuparse de los preceptos, ni siquiera del don".

Shunryu Suzuki decía: "Practicad el Hinayana con el espíritu del Mahayana". Siempre queremos pertenecer a una escuela por oposición a otra, así no sentimos más fuertes.

Fuyodokay decía: "Decidme, buena gente, ¿adónde os conduce ésto? Para las generaciones futuras, plantemos aún más árboles sin sombra" Siempre es fácil pesar en estos términos: "Mi escuela es la más importante", "el Mahayana es mejor que el Hinayana", "Eno es mejor que Jinshu". Todo eso es sólo plantar árboles con sombra.

Por supuesto, ya se trate del don o de los preceptos, sin el espíritu vasto de zazen, corremos el riesgo de volvernos dogmáticos o demasiado mezquinos.

Evidentemente son importantes, pero hemos de comprender al mismo tiempo la dimensión visible y la dimensión invisible de cada cosa. Igual que el kesa que lleváis puesto. Está el kesa hehco con tela, la vestidura cosida, acomodada a vuesta talla. Pero si, al mirar a vuestro alrededor, al mirar las estrellas en el cielo, si ahí no reconocéis el kesa del Buda, es que os falta un ojo y que no entendéis la profunda dimensión del kesa.

A meudo nos llegan rumores del tipo: "Esta persona enseña la verdadera enseñanza de Deshimaru", "la verdadera tradición del Maestro Kodo Sawaki, sólo esta persona la enseña", "la verdadera transmisión...".

Esos gorjeos son sólo árboles con sombra.

Es, si duda, difícil practicar sin dejar sombra en el suelo.

Sin embargo, sólo practicar, sin preocuparse de lo que hacen los demás, hacer lo que uno tiene que hacer porque no hay nada más que hacer es la vida del monje.

Sin mitificr, sin rencor, mirar el propio rostro sin confundirlo con el del otro. Ser íntimo al mismo tiempo con la luz y con la oscuridad escomo plantar un árbol sin sombra.

cuatro y media de la tarde
Kinhin La postura de las manos es importante. Hay que apoyar con fuerza una mano contra otra. Las manos han de estar habitadas como todo nuestro cuerpo, durante kinhin igual que en zazen. Hasta el dedo meñique, hasta el dedo gordo, hay que estar ahi y habitar la casa del todo.

ZazenSozan era el primer discípulo del maestro Tozan. El so de Sozan y el to de Tozan se han unido y han compuesto el nombre de nuestra escuela: Sôtô.

Tozan se hizo famoso por haber escrito el Hokyo Zanmai y, en menor medida, por los go i, los cinco principios.

el maestro Tozan ha hecho famosos estos cinco principios. Más tarde fueron muy criticados. Se convirtieron en un concepto dialéctico. De alguna manera eran un juego intelectual usado por los cultos como entretenimiento verbal. Por eso se abandonaron poco a poco.

Tozan escribió bellos poemas sobre cada uno de los principios.

Estos cinco principios, si los observams a partir de nuestra vida, de nuestra práctica, se vuelven sencillos. Si nos observamos a nosotros mismos, los iluminamos del mismo modo que nos iluminan. Esos cinco principios hablan de ku y de shiki, de la esencia y de los fenómenos como en el Hannya Shingyo.

Shiki soku ze k, ku soku ze shiki: la interpenetración de uno y de otro, eso a lo que nos vemos confrontados todos los días de nuestra existencia.

El primer principio: Sho chu en. Ku, la esencia, entra en los fenómenos. La noción e recto entra en la noción de oblicuo. El ideal, en nuestra vida cotidiana.

Para cada uno de estos dos principios tengo dos poemas de Tozan. Se parecen pero son diferentes. Parece que es más que una traducción diferente.

El primero:
¿Por qué extrañarse de no reconocerse
cuando uno se enuentra en la tercera hora de la noche?
Antes de que aparezca la luna,
la belleza de los días de antaño
permanece siempre fiel a mi corazón.

El segundo poema:
Vagamente, vagamente,
vagamente en la oscuridad,
no te reconozco.
Desconfiado
me acerco a ti como un extraño.

A partir de ku, de la esencia, nuestra vida cotidiana ha de quedar transformada. El deseo de practicar la Vía se convierte en la fuerza creadora de la acción de nuestro cuerpo. La inmovilidad se adentra en el movimiento. También es no estar apegado a la inmovilidad. El movimiento de lo uno a lo otro, de lo uno hacia lo otro es importante. Vagamene en la oscuridad, no te reconozco. Zazen no es el medio para llegar a ser algo. Es justo la manifestación de la última realidad.

¿Cómo o comportáis cuando estáis en los servicios? El mundo invisible se adentra en el mundo visible. No lo ignoréis. En la soledad de los servicios, del baño, de la cama, dejad que entre el mundo invisible. Zazen entra también allá. Invitadle a vuestra vida.

La belleza de los días de antaño
permanece siempre fiel a mi corazón.
Hace tiempo, cuando se nos pedía que fuéramos responsables de un samu, aceptábamos con alegría. Lo que ahora ha cambiado es que queremos negociar, discutimos... Queremos una habitación en vez de otra. ¿Qué hay mejor que sentir gratitud hacia esos momentos de antaño? La belleza de los días de antaño ha de seguir llenando de sol nuestra práctica actual.

Estos cinco principios están en el corazón de nuestra vida de todos los días. La esencia que se adentra en los fenómenos. Los fenómenos que se adentran en la esencia. Venir de los fenómenos, venir de la esencia y al final: la unidad. Así, incluso las pequeñas cosas de la vida cotidiana se convierten en árboles sin sombra.

Decía esta mañana: siempre queremos convertirnos en lo "más" algo, lo "mejor". Eso es sólo dejar sombras en el suelo.

En la vía del zen plantar árboles es el símbolo de los discípulos. Brotes pequeños que se convierten en árboles grandes. Pero no se plantan árboles para uno mismo.

Con ese espíritu cada cosa se convierte en discípulo: la genmai, el samu, el fregado...

En la oscuridad no te reconozco. Desconfiado, me acerco a ti como un extraño.

Nuestras malas costumbres chocan con zazen; nuestro karma, nuestras ideas se espantan ante la ceremonia, los rituales o los sutras. Nuestro cuerpo y nuestra mente reaccionan con fuerza ante el menor cambio. La belleza de los días de antaño no está en dualidad con nuestra tierra de hoy tan maravillosamente luminosa.

ocho y media de la tarde
(Mucha gente está tosiendo en el dojo)

Intentad controlar la tos con la respiración. Al espirar suavemente, sin demasiada fuerza, encontraréis un camino para no toser. Y si de verdad no podéis, entonces tapaos la boca con la manga del kimono.

El segundo principio: Hen chu sho. Los fenómenos se adentran en la esencia.

El poema de Tozan dice:
Claramente sorprendido.
Descubrir un viejo espejo.
Mirarme en él
y ya no ignorar mi propia cabeza.
El  otro poema:
Una anciana somnolienta
se encuentra en un antiguo espejo.
Ve su rostro, claramente,
no se le parece en nada.
¡Qué tristeza!, en su confusión
cree identificarse con el reflejo.

Toza se refiere claramente al Hokyo Zanmai: "al contemplaros en el espejo, la forma y el refejo se miran. Vosotros no sois el reflejo, pero el reflejo es vosotros"
Es como la relacíón entre la luna y el agua.

Los fenómeno se adentran en la sustancia. Con nuestro cuerpo de ser humano penetramos en la esencia del zazen. Se trata de un nacimiento absoluto. Podemos, por fin, mirarnos a nosotros mismos.
Sorprendido,
descubrir un viejo espejo,
mirarme en él
y ya no ignorar mi propia cabeza.

Hace un momento he tomado como imagen los servicios, ese lugar de soledad. al adentrarse en ese lugar, descubrir un viejo espejo, hace voto de eliminar toda mancha, toda suciedad, cortar con la cólera, con los celos, con la envidia, con la estupidez.

Hacer voto de seguir la Gran Vía, de salvar a todos los sers. Purificarse con el agua. La intención en ese lugar es muy importante. Ver el fenómeno, ver la esencia, se adentran uno en otro. En ese momento comprender que este cuerpo no es sucio, que purificarlo no quiere decir ir de la suciedad a la pureza.

El siguiente principio: Sho chu en rai, venir a la sustancia.

El poema dice:
El camino secreto
en una nube de polvo,
más allá del polvo,
ser elocuente sin abrir la boca.

Aventajarás a ese elocuente hombre de antaño
que hacía callar
todas las lenguas (Es el otro poema)

En los servicios, en ese lugar de soledad, ¿cómo estáis en ese momento?

Partiendo de lo absoluto, volver a la vida. Partiendo de lo absoluto, ir al servicio. Partiendo del fenómeno ir hacia lo absoluto.

El cuerpo va al servicio para liberarse de las impurzas. Pero durante zazen, en el dojo, se elevan y aparecen muchas impurezas. En nuestra mente, cuando pensamos, es como el servicio. Los nervios, las angustias, la cólera, la envidia, todos lo conocemos. Sin embargo, esa misma mente se convierte en Buda, es Buda.

No hay otra conciencia detrás de nuestra conciencia ordinaria.
El camino secreto también conduce a ese lugar.
Con sorpresa, descubrir en él un viejo espejo, el mismo en el que todos los budas se contemplan desde siempre.

diez y media de la noche
Durante esta noche, tened paciencia, sin librar combate.
Allí donde duele, relajad. Noos peleéis con vosotros mismos.

El cuarto poema dice:
Cuando uno se bate en armas no hay que recular.
El maestro de armas es asi:
un loto abriéndose en el fuego.
El espíritu de un hombre así es interior.
Se eleva espontáneamente hasta el cielo.

El otro poema:
Sin evitar nada,
como el loto florece en el fuego
el espíritu
más allá de los cielos.

No combatáis.
Hen, el fenómeno, sho, la esencia, arden juntos y crean la unidad.

doce y media de la nohe
El último principio: la unidad realizada.
El poema de Tozan:
¿Quien osaría igualar
al que no depende ni del ser ni del no-ser?
Todos queremos abandonar
la corriente de la vida ordinaria,
pero sólo él vuelve a sentarse en las cenizas.
El otro poema:
Más allá de u, la existencia, de mu, la no-existencia
aspirad a lo extraordinario.
Vuelvo a casa
a sentarme en las cenizas.

Sho y hen son los dos extremos. De la misma manera que la esencia y los fenómenos. Pero también aparecen en el interior de nuestro cuerpo, como la tensión y la relajación, el pensamiento o el no-pensamiento. Ambos arden y crean ken, la unidad. El fuego de zazen.

El maestro Deshimaru empleaba siempre la expresión "abrazar las contradicciones". Abrazar las contradicciones es abrir los ojos en el féretro, es el árbol seco que vuelve a florecer. Es el movimiento en la inmovilidad.

Sin duda al fina de una sesshin podéis comprender. Nuestro cuerpo puede comprender. Un movimiento inmóvil. Una conciencia que piensa pero que no piensa. Un cuerpo tenso y relajado. Abrazados.

Esta mañana he hablado del mundo invisible y del mundo visible. No es algo misterioso. Es abrazar ambos mundos, luz y oscurida. Más allá de u, la existencia, de mu, la no-existencia, aspirad a lo extraordinario. Aspirad a un ideal elevado.

En medio de las cenizas, esencia y fenómeno han ardido, se han consumio y así dan origen a la unidad. Volver a sentarse en medio de todo ello es la gratiud. Es volver a florecer y arder de nuevo. Si no somos agradecidos con el pasado, no podemos ofrecer el futuro.

Al final sólo queda la gratitud. Nada es posible al margen de esto. Si no hacemos realidad esta gratitud, no nos difereciamos de un animal.

Sábado 1 de enero de 2005, once de la mañana
Este otoño leí un artículo que contaba que en los tiempos más antiguos cuando un campesino cultivaba su tierra, un campo, nunca lo cultivaba del todo, siempre dejaba un trozo baldío. Los animales savajes venían a ese trozo baldío y allí procreban.

Esta historia me pareció muy bella. Sobre todo en una época en la que todo ha de ser explotado, en la que no se deja nada para el oto, para el azar, para el sueño. Este trozo de tierra baldía la tenemos que tener todos en nuestro espíritu. Es una forma de ecología del alma. Lo queremos decir todo, explicar todo. Y no se puede. De la misma manera que uno nunca puede quedar completamente satisfecho con la traducción de la palabra hishiryo. Esta inatisfacción es ese trozo de tierra en nuestro espíritu. Ese lugar es muy importante. Es el lugar en el que la vida se regenera, en el que la vida bulle. Por ejemplo, dos personas que se aman quieren decirse todo: "Te lo diré todo". Decirlo todo es matar el amor. No decirlo todo, no es esconder, es proteger.

Lo mismo con los amigos, con los condiscípulos, ser íntimo está bien. Demasiado íntimo es delicado, puede ser nocivo para la práctica.

Esa parte de nuestro espíritu en el que no hemos dado vuelta a la tierra, deja un lugar para la fecundidad, para el misterio, para lo desconocido, para el sueño, para el asombro, para el frescor. Es lo que permite seguir practicano y dejar sitio a la filiación.

Mantener esa parte intacta en nuestro espíritu es un buen deseo. Así podemos dejar un lugar fresco para el año que se adentra. Por ahí entran todos ls budas. Os deseo un buen año.

Campo de Verano en la Gendronnière 4-11 Agosto, 2000

Preparación
Primer día, ocho de la mañana
Estamos en la segunda mitad de este campo de verano. Llegan nuevos permanentes, otros, ya algo cansados, se quedan. Como habéis podido notar, hemos establecido nuevos horarios. El primer campo de verano con el maestro Deshimaru, en Lodève, sólo duró un mes, tres sesiones con sesenta u ochenta personas. ¡En aquella época nos pareció larguísimo! ¡Nadie estaba acostumbrado a la práctica de zazen y al final del mes estábamos agotados!

Sensei estableció horarios para personas poco acostumbradas a la práctica. Si siguiera vivo, muchas cosas habrían cambiado.

Algunos dicen a veces que la enseñanza de Sensei era perfecta, completa y que no hay que cambiar nada; otros piensan que su enseñanza no era perfecta y que hay que mejorarla. Yo, por mi parte, pienso que la enseñanza del Buda quedó depositada aquí, que era perfecta, completa, pero que, para que mantenga su plenitud, hay que evolucionar, crecer. Es como la postura de zazen. La primera vez, te sientas y es totalmente Buda. El final y el origen se unen. Sin embargo, si con vuestra mente permanecéis un instante en esa postura, instantáneamente es como una habitación en la que no se hubiera renovado el aire durante siglos: desprende un olor espantoso. ¡Abrid la ventana, por favor! la ventana de vuestra mente.

Lo mismo ocurre con el kesa. El tejido, antes de estar cosido, contiene todo su devenir de kesa. Sin embargo, habrá que teñirlo, cortarlo, coserlo, recibirlo, ponérselo, lavarlo, ponérselo, repararlo, transmitirlo...

Sois muy numerosos en esta sesión. Así que, por favor, prestad atención, respetad a los demás. No seáis demasiado ruidosos, allá donde os encontréis en la Gendronnière y no sólo en el dojo. Abrid del todo la ventana de vuestra mente

cuatro y media de la tarde
Hay varios tipos de tos: la de alguien que está enfermo y la de alguien que quiere escapar de zazen; el sonido es totalmente distinto.

A causa de la lluvia hay mucha humedad y tenéis que proteger vuestro cuerpo. Proteger el cuerpo es proteger a Buda. También eso es estudiar la Vía.

Zazen es muy sencillo pero también es una máquina de precisión. Cada punto de la postura está en interdependencia con los demás. Si uno de esos puntos no funciona bien, automáticamente influye en los demás. Así que no dudéis en plantear preguntas al shusso después del zazen. No hay que tener vergüenza. Seguimos aprendiendo durante toda la vida, hasta la muerte. Eso es lo propio de la Vía, si no ya estamos muertos.

ocho y media de la tarde
Incluso si la oscuridad cae poco a poco en el dojo, no os dejéis llevar por el sueño; dejaos llevar sólo por zazen. Tened cuidado con la postura de los dedos. Los dedos son testigos  de vuestra presencia aquí. A veces la punta del dedo meñique duerme. Está ausente. Algo de uno mismo está en otra parte, aún de vacaciones, con la familia, en el trabajo... tenéis que traer aquí eso tan pequeño, la extremidad del dedo meñique.

Los pintores, los poetas han querido captar el momento en el que cae la sombra del crepúsculo a través de sus obras. Pero es muy difícil reproducir su totalidad silenciosa. Sensei hablaba de seguir el orden cósmico. Practicar zazen es sólo eso. Todas las células se armonizan entre ellas con las demás, con la lluvia que cae, con la noche que llega, con el día que nace, naturalmente. La vida se vuelve más sencilla si se sigue la corriente del río.

Segundo día, seis y media de la mañana
Dôgen decía: "Durante el campo de verano no hay separación entre lo ordinario y lo sagrado. Naturalmente la gente que practica se vuelve hacia el país del Buda. Cuando hacen zazen las flores de la sabiduría se abren en el reino del despertar y muchos cuerpos se convierten en un sólo cuerpo apacible".

Un único cuerpo practica la Vía de mi maneras. El que lo comprende se convierte él mismo en un templo de su propio cuerpo.

Si cada cual sigue su propio ritmo, su propia inercia, aparecen entonces gran número de individualidades. Si, por el contrario, nos armonizamos, incluso cuatrocientas personas, como aquí, se convierten en un solo cuerpo apacible. El número no es importante. Armonizarse es importante, seamos dos, diez, cien...

Ayer por la tarde decía que muchos artistas han querido captar ese momento, hacerlo eterno. Pero nuestra mente, cuando sigue su propia inercia no puede captar la eternidad con palabras ni con pinceles. Cuando la sangha se convierte en un solo cuerpo, no capta la eternidad, se convierte en eternidad, naturalmente.

En zazen, en el dojo, se puede hacer realidad esa unidad. Este año hemos instaurado conferencias sobre el budismo. Hay que escucharlas con ese espíritu. Escucharlas con los ojos, con la boca, con todo el cuerpo.

Ayer hablé de la enseñanza de Sensei y de cómo preservarla. Es como la digestión: masticar, tragar, digerir, evacuar. No te puedes saltar ninguna etapa, te pones enfermo. Y tras haber evacuado, de nuevo hay que tragar, digerir. Si uno se detiene en una de esas etapas, instantáneamente el aire se vuelve irrespirable.

No hay proceso inicial ni proceso final. Es como la rueda del Dharma que gira apaciblemente y no se detiene nunca, en cualquier tiempo, en cualquier circunstancia.

Cuando Sensei construyó este dojo, dijo: "Incluso si sólo aguanta diez años, no importa. Sólo cuenta la práctica" Cuando Dôgen construyó Eihei-ji, dijo: "Incluso si no levanto más que un simple pilar, será para las generaciones futuras la esperanza de mi sueño inacabado"

Muchos cuerpos se convierten en un solo cuerpo apacible. Un solo cuerpo practica la Vía de mil maneras. Esto es lo que todos tenemos que comprender aquí.

En este templo, cuando hay tanta gente, no vale la pena andar con cortesías. Buenos días, buenas tardes, besarse... Si cada cual hace lo que tiene que hacer es como si todos nos conociéramos desde hace tiempo, como si no nos hubiésemos separado nunca. Como un único cuerpo apacible, armonioso.

tres y media de la tarde
Después de la campana habrá una conferencia sobre los doce innen. Es un punto importante del budismo. En el pasado noviembre, durante el coloquio Sangha, los asistentes pidieron que desarrolláramos puntos importantes del budismo. Ahora me he enterado de que en esta sesión hay gente que dice: "No nos interesa, preferimos ir a hacer samu" En nuestra sangha durante mucho tiempo se ha dicho: "Sólo zazen es importante, el resto no es necesario". Otros sólo quieren estudiar.

Abrir una ventana y no mirar sólo para un lado. Sólo estudiar y uno no comprende. Pero a partir de zazen, a partir del pensamiento del cuerpo, el estudio es importante. Durante años hemos pensado de cierta manera, pero podemos cambiar, evolucionar, abrir la ventana, adoptar otros puntos de vista.

Zazen, la postura, rai hai, prosternarse, el espíritu religioso, los preceptos y, por último, el estudio, todos estos puntos son importantes. Evidentemente, según las inclinaciones de cada cual, uno se dirige especialmente a uno de estos aspectos. Pero abrirse a los otros aspectos es esencial.

ocho y media de la tarde
[Una mujer tiene una crisis de angustia]
Cuando aparece una enfermedad es que hay un terreno frágil. También existe esta especie de fragilidad en las personas que buscan la Vía. Existe en todo el mundo. Pero algunos tienen tanto caparazón que nunca sale a la superficie.

Sin embargo, ahí está y cuando aparece se manifiesta la necesidad de la Vía. La necesidad de algo distinto a lo que ofrece la sociedad, la escuela, el trabajo, la familia. Si la fragilidad es demasiado fuerte, como una herida abierta, se hace muy difícil practicar la Vía. Primero hay que curarla.

Es una forma de retomar confianza en el propio cuerpo, en la propia mente para practicar la Vía. Es como la bola de fuego del Hokyo Zanmai: si te acercas demasiado, te quemas. Si te alejas, tienes frío. Esta fragilidad existe en todos, hay que tener cuidado; tener cuidado con uno mismo, con el cuerpo, con la mente.

El Hannya Shingyô de esta noche se lo dedicaremos a esta joven.

Es difícil desarrollar compasión de verdad. Algunos desarrollan compasión apoyándose en sus propias heridas  se equivocan. Carecen de sabiduría.

Tercer día, ocho y media de la tarde
Esta tarde en la conferencia, Olivier ha recordado la primera verdad del Buda, la cuestión fundamental del Buda: ¿Cómo hacer para que cese el sufrimiento? El sufrimiento físico, pero sobre todo el sufrimiento de nuestra existencia.

El Buda se planteó este asunto a propósito de la vejez, de la enfermedad, de la muerte. Cuando uno es feliz, vive como un animal, no necesita hacer zazen. Pero a causa del sufrimiento buscamos la Vía. Ésa es la raíz del budismo: cuestionarse sobre la vida y sobre la muerte.

Dôgen habla de los cuatro caballos: el primero reacciona al ver la sombra del látigo, el segundo cuando el látigo chasquea, el tercero cuando el látigo toca el pelaje, por último, el cuarto cuando el látigo penetra pofundamente en la carne. Lo mismo ocurre con los seres humanos. Los primeros despiertan al sufrimiento, a la impermanencia, ante la sombra del látigo. Como el maestro Dôgen que, siendo muy joven, despertó al ver el humo de la chimenea del crematorio, cuando incineraban a su madre. Los cuartos, por último, en el momento de la muerte.

El Buda Shakyamuni fue el primero en resolver el problema del sufrimiento. Lo expuso a los demás, expuso su Dharma. En ese momento el budismo no existía. Sólo estaba el individuo Shakyamuni que revelaba el sufrimiento de la existencia y la manera de emanciparse de él.

Ayer decia que todos los que buscan la Vía poseen esta fragilidad, este sufrimiento que surge. Dejar que surja es tomar contacto con la tierra, con el orden cósmico. En cierta manera, cuando este sufrimiento se manifiesta -podéis observarlo- es un espacio favorable, es el espacio de la Vía, es bodaishin, el espíritu del despertar que se manifiesta. en esta herida se enraízan las semillas del despertar.

No se trata de buscar el sufrimiento, de abrir la herida, como tampoco se trata de esconderla. Sólo de observarla. Entonces nuestro cuerpo y nuestra mente se convierten en una tierra fértil, la tierra fértil del despertar. Cada uno de nosotros posee semillas, millones de semillas, tantas semillas como vidas diferentes. La oportunidad de encontrar ese terreno favorable es un momento único. El monje Ryokan decía: "¿Quién puede sentirse seguro ante el curso de los innumerables años?" Llenos de semillas, de las muchas vidas que podéis vivir.

Cuando el sufrimiento aparece en la superficie de vuestra vida, sobre él puede crecer una semilla, tan rara como la flor de Udumbara, la flor que Buda hizo girar entre sus dedos. Por eso es importante no perder este momento.

Muy a menudo Sensei repetía estas palabras "Bad become good" Incluso lo malo se transforma en bueno. El sufrimiento, si dejamos que surja, se convierte en el humus del despertar.

Cuarto día, seis y media de la mañana
Un día hablaba con una dermatóloga. Me decía que es una especialidad muy difícil porque nuestras contracciones, nuestros sufrimientos, el karma, todo sube a la superficie de la piel.

En otros tiempos Platón decía que cuando la enfermedad aparece es como una enseñanza: si se observa como algo exterior estamos ciegos a nosotros mismos.

La misma dermatóloga me decía: "Es curioso, hay personas en las que nunca surge nada, su piel permanece totalmene lisa pero el día en que la cosa surge, es demasiado tarde."

Para escapar al sufrimiento, para no mirar la propia vida, el karma, la gente crea todo tipo de diversiones. En las calles, en los periódicos, en la televisión, en la radio... todo se hace, todo se construye para evitar la mirada íntima sobre la propia vida.

Sensei contaba a menudo la historia de Bodhidharma y de Eka. Es una de las que más se cuentan. Bodhidharma está haciendo zazen. Eka quiere ser su discípulo. Bodhidharma no contesta, Eka insiste: "¡Por favor, por favor!" La nieve, el frío, ¡se corta el brazo! Entonces Bodhidharma acepta. Ambos están en perfecta unidad.

En nuestra vida surgen muchos fenómens, muchas dudas: miedos, angustias, ilusiones, pero Bodhidharma no se mueve. Nieve, llueva, tenga discípulos o no.

Esta historia es simbólica. Sin embargo, en última instancia, es la historia de todos. No es sólo un símbolo. Cada cual debe comprender por sí mismo.

Comprender el propio sufrimiento, las dudas y no moverse. Observar. Dejar que crezcan las semillas. Las semillas de sabiduría, de despertar.

Al final todo el mundo comprenderá. El universo entero comprenderá. Incluso si se necesita tiempo, no hay ninguna duda sobre ello. Así que no perdáis el tiempo.

Ahora es mejor que mañana. Si comprendéis ahora, los demás podrán comprender con rapidez. Tenéis que tener fe en ello.

No hay sólo zen. Es sólo una palabra, un medio, una ilusión. No creéis dualidad. No existe el mundo del zen y el otro mundo. Hay sólo un único cuerpo, un único cuerpo en el universo que, mal que bien, quiere despertar de este sufrimiento.

cuatro de la tarde, mondo.
Esta mañana en el kusen, has dicho que al final todas las existencias serán liberadas. Ya le oí esta frase a Stéphan Thibaut y no comprendí porque las existencias son muy diversas...

He tenido una conversación hace un momento sobre este tema con el shusso. Quizás me he expresado mal. No quedarán salvadas, están salvadas desde su origen. Desde el principio.

En el origen todo es totalmente libre. Así que, fundamentalmente, no hay nada que liberar. Tomemos como ejemplo la compasión, es lo mismo: quieres ayudar, quieres salvar, pero si no comprendes el punto fundamental, es decir, que no hay nada que salvar, entonces no puedes ayudar a nadie. Porque en el origen no hay nada que salvar.

Si no hay nada que salvar ¿por qué practicamos?

Porque la vida aparece y, cuando la vida aparece, aparecen las complicaciones. Nuestra mente complica, formula, crea, vive, muere y, sin embargo, originalmente no hay ada.

Lo puedes comprender por ti mismo. Aparece un pensamiento, lo agarras y ese pensamiento trae otro. Es la reencarnación. Tiene su origen en nuestra mente.

En algunas religiones se habla todo el tiempo de reencarnaciones. En el zen se dice todo el tiempo, y Sensei lo decía,: "No se puede decir ni que sí ni que no"

A la gente le gusta especular a este respecto: si tengo mal karma me reencarnaré en escorpión o en alcachofa. No sé. Si eres bueno te reencarnarás en cisne, por ejemplo. Es una ridiculez, es infantil. Pero lo que sí es cierto es que cada instante que no está completo, que no está acabado, se reencarna en otro instante! Eso sí que es cierto, es la cadena de los innen.

En el origen no hay nada. Pero el deseo crea esto, crea aquello..., el nacimiento, la vida, la muerte. Pero en el origen no hay nada de nada. Entre ambos hay una vida humana. Y la labor de una vida humana es liberarse de ello.

Precisamente mi pregunta es sobre la compasión. Tengo un problema de distancia con la compasión, me vuelvo ineficaz porque me identifico demasiado, sobre todo con el sufrimiento de los niños, de mi entorno. He pensado que practicando zazen conseguiría una cierta distancia pero me doy cuenta de que me paso el zazen pensando en ello.

¿Tienes niños?

No, aún no.

La otra tarde dije que si se desarrolla la compasión apoyándose en las propias heridas, uno se equivoca. Ayer por la tarde Elena vino al salón del godo y me decía que durante el zazen está preocupada por su hijo: "Se va a caer, se hará daño..." Es como todas las madres, es natural. Todas las madres se preocupan, no es grave. Es la vida.

Ahora bien, para ayudar, si te identificas, quedas prisionero. Por eso decía que al final no hay nada que ayudar, a nadie. Porque la gente es libre naturalmente, no son objetos "para salvar". No hay nadie a quien "salvar". Así que, a partir de esto, podéis ayudar a todas las existencias, a partir de zazen, a partir de la sabiduria. Para la práctica hay que llegar a ser íntimo pero no identificarse.

Veo mi propia ineficacia y eso me mina

Verlo ya es un primer paso, hay gente que no lo ve. Quieren ayudar, quieren ayudar, ¡no hacen más que tonterías! Se equivocan. A veces hay que dar un cachete, a veces hay que ser amable. A veces hay que pensar, a veces no hay que pensar. Tampoco hay que partir de la propia emotividad, pues uno puede equivocarse. Todo el mundo puede equivocarse. Una joven me decía en Lisboa: "¡Quiero desapegarme, no quiero tener pasiones!" Sed apasionados, os irá bien. Apegaos y después podréis hablar de desapego.

Lo que me gustaba de maestro Deshimaru es que cuando le hablabas de amor, de sexo, de violencia, de cualquier cosa, ¡naturalmente podía responder! Nunca se escabullía. En su vida había desarrollado una gran compasión.

Todos nos rebelamos ante los acontecimientos en función de nuestro medio social, de nuestro karma, pero así no ayudamos. Uno debe ser libre. Es importante. También el tiempo es importante. El maestro Deshimaru hablaba de robai shin, el espíritu de la abuela. Es la transmisión de Dôgen a Ejo, entre ambos está Tettsu Gikai, un gran discípulo muy inteligente, alguien estupendo. Pero al final Dôgen le dice: "No puedo darte la transmisión pues no tienes el ' espíritu de la abuela'" La abuela es como un canto rodado, las piedras que están al borde del agua durante años y años, las olas las han suavizado, los ángulos están redondeados. Naturalmente tiene gran compasión. Es muy importante en la Vía.

Está muy bien ser profundo, está muy bien tener una fuerte práctica, pero si no se tiene el espíritu de la abuela no es suficiente. La madre se apasiona, la abuela posee dulzura. Quizás tenga las manos callosas pero posee dulzura.