Mocos


Dentro del planeta espiritual hay espirituales y espirituales. Los hay que consideran que bastante tienen con su sombra, conocerla, manejarla o invitarla a quedarse calladita cuando procede y los hay que se dedican siempre que pueden y por el loable motivo de ayudar y sanar (una palabra muy querida para ellos) la sombra ajena, a señalarte lo muy mal que estás haciendo las cosas y que claro así luego pasa lo que pasa y no te quejes que es que te la has buscado. Que ya te lo dije, para resumir rápido.


Un espiritual es alguien que cuando le cuentas que tienes un trancazo del diablo, te mira desde sus altas alturas del conocimiento y la sabiduría energética informándote, sin que le hayas preguntado nada, que lo que te sucede no son mocos y fiebre de los normales y corrientes de toda la vida y por todo el mundo conocidos, no; que el origen de tus mocos no es que se te haya colado un aire frío por los pies, sino que estás repleto de emociones verdes y viscosas (como los mocos) a las que no has dado salida y que lo que sucede en realidad, aunque ni lo sepas ni lo compartas, es que tu cuerpo intenta soltar por esa vía incómoda lo que tú, rebelde o cobarde, no has querido o no te has atrevido a hacer como es debido (que es una de las cosas que uno nunca sabe cómo es, lo de “como es debido”, digo).  Total y en definitiva, que hace un juicio sumarísimo y te condena con cara de bondad infinita. 

Que no digo que no tengan razón sino todo lo contrario pero, vaya, que podían ponerse menos por arriba del resto de humanos que nos manejamos como podemos con nuestra humanidad. Que es que parece que cuando te instruyen de esa forma lo que están recalcando es tu imbecilidad. Me parece. Claro que a lo mejor proyecto o cualquier otra cosa de esas que uno hace sin saber que está haciendo. 

No sé, el caso es que al final, donde tenía mocos y punto, nada grave, nada que no se pase con un poco de tiempo y reposo, cositas que tiene el vivir, ahora tengo un problema vital de estructura profunda. Ay!

6 pensamientos +:

Roberto Poveda dijo...

Estos no son espirituales, son idiotas, llenos además de mocos. En lenguaje bíblico, ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Abundan, incluso, entre aquellos maestros que ha recibido la trasmisión conforme a las reglas de sus respectivas iglesias. El mejor camino espiritual, desde el Bhuda, es ocuparse intensa y esforzadamente de uno mismo como la mejor de las vías para ocuparse de los demás.

Comando Dharma dijo...

Pero hay discípulos que no quieren dejarlo así, y mucho menos si entran en lo maravilloso y buscan lo misterioso, hablan de la mente y disertan sobre la naturaleza, con las camisas sudadas y pegadas al cuerpo, incapaces de quitárselas, porque aún parecerían más decrépitos.

Yuan-wu

ane dijo...

Y ya puestos a no esconder verdades... me he comportado como los que dices, Roberto; como los que dices, Comando. Y estoy casi segura de que me volverá a pasar. Eso sí, la siguiente vez que se me ocurra hacerlo voy a meterme la lengua en algún lugar aunque sea poco apropiado para nombrarlo :))

Ladrón de Guevara dijo...

Pues no soy yo muy espiritual, no...

Cuídate.

La última contradicción dijo...

Estoy con ane. Me ha encantado su "rectificación". Sin embargo...

La única forma de no equivocarse hablando es manteniéndose en silencio.

Antes solía decir que cada vez que hablaba o decía o escribía, estaba, literalmente, escupiendo para arriba. Sigo pensando que era y es inevitable.

Así es que cuando se afirma esto y se es consciente, como tú ane, de que se está exactamente escupiendo para arriba... De repente uno se encuentra en el punto.

Es el punto donde la contradicción se hace evidente y las fuerzas contrarias se anulan, se neutralizan.
Las fuerzas están igualmente, pero la visión global de su relación, permite ver un equilibrio donde antes parecía haber una injusticia. La visión del conjunto completo permite ver que todo se encuentra unido a través de la oposición a estarlo.

Si la oposición se detiene, el sujeto deja de estar sujeto, y éste sale fuera del campo de fuerzas que lo atrapa, donde está libre. Ya no es más él en relación al resto para ese conflicto.

Entonces uno se encuentra como un espectador de su problema, fuera de la película, observando entretenido el discurrir de los acontecimientos.

Uno puede disfrutar escupiendo para arriba, pue no es más que mi propia lluvia de ideas, estas parrafadas que escribo sin más sentido que mi propia contradicción, esta palabrería que viaja con ida y vuelta, la que cae de nuevo sobre mí una vez tras otra mientras hablo, mientras discuto, mientras explico estas memeces que todo el mundo obviamos. Pues obvio es.

Eso está sucediendo ahora. Eso es precisamente lo que sucede continuamente, en cada momento que sucede al siguiente.

Y uno puede sentir miedo por encontrarse desde siempre y por siempre solo, dialogando consigo mismo. Pero si se da un nuevo paso, si se observa también esa fuerte emoción, se ve que sólo es una fuerza más oponiéndose a otra.

En ese caso la nueva soledad que se experimenta deja fuera incluso al propio miedo a ésta. Dicha experiencia para el individuo, que queda incluso ajeno a sí mismo cuando la soledad se manifiesta plenamente.

ane dijo...

Me ha tocado ser de las de "y yo también", afirmación que suele hacerme vulnerable y presa fácil.

Intento desesperadamente utilizar el "y tú más" pero no me sale. Que así estoy hecha, vaya, para bien y para mal que de todo hay :)

bss "la última contradicción"

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