Es que zazen no es para estar bien, aunque siente muy bien.
Que no es una psicoterapia, aunque destruya temores y esquemas mentales y nos capacite para vivir y sobrevivir ahí fuera mucho mejor que casi cualquiera.
Ni una gimnasia, aunque haga de nuestro cuerpo un cuerpo resistente y luminoso.
Tampoco para conseguir poderes mágicos, aunque se obtengan, muchas veces desafortunadamente.
Ni un tratamiento de belleza, aunque lo cierto es que nos volvemos tan guapos.
Ni un remedio contra la mala suerte, aunque, sobre todo al principio, puede nos vaya mejor.
Si encontramos amigos son de una clase un tanto especial. No suelen ser de los que abrigan la soledad.
Nada de eso aunque también. Entonces ¿qué?
Los dojos se vacían
Y no solamente el nuestro, lo nuestro.
Demasiadas veces es como cultivar flores en el desierto.
Hoy no voy porque hace frío y mañana porque tengo una cena de empresa y después porque ya fui el día anterior y tampoco voy a empalagarme y otro día más porque ¿para qué? si no obtengo nada. Al dia siguiente es que tengo que estudiar o que me he apuntado a (reflexología, canalización, método silva de control mental...) que me aporta tantos beneficios.
El zen es una práctica colectiva que no es para uno mismo (solamente) sino para todos, uno mismo incluido. Que no es para nada sino porque sí. Vaya, no lo sé explicar...! Pero sí sé que si en el mundo, de pronto, dejaran de existir los monasterios donde se reza, los dojos donde se convoca la Realidad, las sinagogas donde se estudia la Ley... si de pronto ya no hubiera humanos que pronunciaran las Grandes Palabras intentando desesperadamente encarnarlas (hacerlas carne en sus propias carnes y con su propia sangre), si olvidáramos que somos más de lo que parecemos ser y que, además de lo ruin y miserable, lo sublime también nos constituye y habita... no habría esperanza y podríamos ya, sin límites, destrozarnos los unos a los otros y todo lo que hay, incluso la Gran Tierra.
Y, somos bastante más que habitantes del inframundo olfateando sangre para alimentarnos.
Así que zazen para volver a Casa pero también para mantener la dignidad de ser humanos que aman y que hacen del mundo lo que fue en el origen: el Paraíso.
Hay que volver al dojo, o a dónde sea, para que no ganen las fuerzas que nos hacen subhumanos, las fuerzas que nos arrebatan la libertad y la felicidad que nos pertenece por derecho de nacimiento.
Demasiadas veces es como cultivar flores en el desierto.
Hoy no voy porque hace frío y mañana porque tengo una cena de empresa y después porque ya fui el día anterior y tampoco voy a empalagarme y otro día más porque ¿para qué? si no obtengo nada. Al dia siguiente es que tengo que estudiar o que me he apuntado a (reflexología, canalización, método silva de control mental...) que me aporta tantos beneficios.
El zen es una práctica colectiva que no es para uno mismo (solamente) sino para todos, uno mismo incluido. Que no es para nada sino porque sí. Vaya, no lo sé explicar...! Pero sí sé que si en el mundo, de pronto, dejaran de existir los monasterios donde se reza, los dojos donde se convoca la Realidad, las sinagogas donde se estudia la Ley... si de pronto ya no hubiera humanos que pronunciaran las Grandes Palabras intentando desesperadamente encarnarlas (hacerlas carne en sus propias carnes y con su propia sangre), si olvidáramos que somos más de lo que parecemos ser y que, además de lo ruin y miserable, lo sublime también nos constituye y habita... no habría esperanza y podríamos ya, sin límites, destrozarnos los unos a los otros y todo lo que hay, incluso la Gran Tierra.
Y, somos bastante más que habitantes del inframundo olfateando sangre para alimentarnos.
Así que zazen para volver a Casa pero también para mantener la dignidad de ser humanos que aman y que hacen del mundo lo que fue en el origen: el Paraíso.
Hay que volver al dojo, o a dónde sea, para que no ganen las fuerzas que nos hacen subhumanos, las fuerzas que nos arrebatan la libertad y la felicidad que nos pertenece por derecho de nacimiento.
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Ango 1-5 de junio, 2005. Primer día. Permanecer en la calma
seis y media de la mañana
Vamos a pasar cinco días juntos, cinco días para hablar juntos del despertar, no hablar sólo con la boca, hablar con nuestro cuerpo. Cada uno de nosotros en la vida crea un personaje. Aquí se ha de abandonar, dejarlo fuera. Abandonar ese personaje, dejar sitio al Buda. Este lugar es maravilloso. La naturaleza es hermosa, fuerte, naturalmente despierta.
Hemos tenido la suerte de tomar forma humana, lo que no quiere decir que seamos superiores al resto de la naturaleza, pero nacer así es poder hacer realidad la Vía del Buda.
Un día Nyojo, el maestro de Dogen, dijo a sus discípulos: "Desde el momento en que cuatro personas, cualquiera que sea su historia anterior, llegan a reunirse, ese grupo de monjes se convierte en un tesoro inestimable."
Si entre los monjes y monjas algunos se comportan de manera inconveniente, se les ha de invitar con compasión y con la solicitud de una abuela a que sigan las enseñanzas del Buda.
La suavidad de la abuela es importante: robai shin, el espíritu de la abuela. La abuela tiene una edad pero el tiempo ha suavizado sus aristas, como las piedras de la orilla del mar, que las olas han hecho rodar durante siglos y al final están suaves como la seda. Incluso cuando se enfada, la abuela lo hace con la tranquilidad de la inmovilidad. No es por reacción. Es como una montaña que se desplaza tranquilamente.
Así pues, durante estos cinco días, abrid los ojos sin abrirlos, escuchad, estad atentos a vosotros mismos y a los demás. De nada sirve ser diplomático, tampoco sirve de nada ser áspero, duro. Podemos, en silencio, hablar de despertar, con palabras, sin palabras. Ayer por la tarde dije: "No habléis demasiado." Al mismo tiempo está claro que se puede hablar, si comprendéis lo que quiere decir hablar permaneciendo en silencio.
Escuchar sin estar al acecho, mirar sin juzgar. Sed íntimos con este espíritu, robai shin, el espíritu de la abuela.
El espíritu de la abuela no es sólo una apariencia. Esa piedra de la que hablaba, suavizada por el tiempo, se encuentra en lo más profundo de nuestro espíritu.
once de la mañana
Durante cinco días, practicad, mirad, oíd, pero comprended también que no basta ver con éstos ojos, oír con estos oídos. Antaño mucha gente conoció, vió, oyó, al maestro Deshimaru. Sin embargo no vieron nada, no oyeron nada, no comprendieron. Por tanto, los mismos oídos, los mismos ojos, pero no basta. Los sentidos nos son tan fiables.
El día que el Buda estaba en el Pico del Buitre había mucha gente, eran muchos. Sin embargo sólo Mahakashyapa sonrió. En aquel instante lo que vió, lo que oyó, no se limitaba a los órganos de los sentidos.
Durante zazen la mirada está colocada delante de uno mismo. Los sentidos están en descanso pero podemos ver más lejos que con los propios ojos, oír más lejos que lo que nuestras capacidades auditivas permiten. Existe un mundo en el que podemos ver con los oídos, oír con los ojos.
Ayer por la tarde Lise presentó a todas las personas que han venido a practicar, algunas han venido de muy lejos, unas ya se conocen, otras no. Las relaciones afectivas no son tan importantes. La gente a menudo confunde el corazón de la sangha con algo aectivo. Me gusta, no me gusta, siento, no siento. Lo que amo un día al día siguiente lo detesto. Una vida que siempre se basa en la dualidad. Aquí el corazón es el dojo. A partir de aquí, de este punto, como cículos concéntricos, todo se convierte en práctica.
Es como un cuerpo humano. Todos los órganos son importantes. Está el corazón, pero el corazón sin los pulmones es inútil. Los pulmones, el hígado, los intestinos son inútiles en sí mismos. No existen más que por sus relaciones de interdependencia. Sus relaciones no dependen del afecto.
Hay un divertido proverbio que dice que si alguien estornuda en la cuenca amazónica, otra persona en Tokio se acatarra.
En el Tenzo kyokun el maestro Dogen dice: "No seáis cuidadosos con algunas cosas y negligentes con otras. Actuad de tal manera que ni una sola gota del océano de los méritos se os escape. No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de las acciones benéficas."
Comprended que practicar la Vía es que el Dharma del Buda te conmueva. Es una ocasión única de conocernos. Sin duda sin esto muchos de nosotros no nos habríamos conocido; por nuestro medio social, nuestro país, nuestras circunstancias, nuestra historia, nuestro sexo. Sin esto hubiera sido muy difícil conocernos.
Sin embargo, gracias al Dharma del Buda ha sido posible. Podemos sentir gran admiración por ello. Cada cual pone su mota de polvo en la cima de la montaña de los actos benéficos. Evidentemente se crean afinidades pero al final eso no es importante.
Saltar allá donde ya no depende ni de la atracción ni del rechazo. Me gusta, no me gusta. En este lugar se pueden crear relaciones humanas elevadas, profundas, generosas.
cuatro y media de la tarde
En el Hokkyo zanmai hay un poema que dice que la ley de la interdependencia y de la ocasión, u oportunidad, puede hacerse realidad en la claridad y el silencio del corazón. Si estamos aquí sentados juntos durante cinco días es por éso. La ley de la interdependencia es la ocasión; se le llama el momento oportuno, el momento favorable. Cinco días es muy corto. No debemos estar ciegos a ese momento favorable. Ir hasta el final. Todos los seres humanos tienen momentos favorables pero la mayoría están ciegos a ello. Como la gente que conoció al maestro Deshimaru, tenían ojos pero esos ojos no veían. Lo mismo ocurre con el kesa. Para algunos es el objeto más precioso. Para otros es sólo un trozo de tela. No estar ciego a ese momento favorable.
En japonés hay una palabra que se dice: jikai. Significa la alternancia del fruto y la simiente. A menudo los adultos, como los niños, dicen: "No tengo la culpa." He tenido una desgracia pero no tengo la culpa. He hecho esto pero no tengo la culpa. En cierta manera es estar ciego a uno mismo, a esta ley de interdependencia, a ese momento favorable.
Todo lo que hacemos es a la vez fruto y simiente. Observemos el fruto, observemos la simiente. Hay alternancia. Al mismo tiempo, el fruto contiene la simiente y la simiente contiene todo en lo que nos convertiremos. No hay dualidad.
En un sutra están estas palabras: "Cuando esto existe, otra cosa existe; cuando esto aparece, otra cosa aparece; cuando esto se acaba, otra cosa se acaba." La palabra interdependencia en sánscrito se dice: prapyaya, lo que quiere decir "hacer frente". Tiene el sentido de una bala que se dispara contra un muro y vuelve.
A través de la naturaleza que nos rodea es fácil observar que todo se rige por esta ley de interdependencia. Los árboles, los animales, las plantas, las flores. La relación entre interdependencia y oportunidad, el momento favorable.
El tiempo pasa y aquí estamos inmóviles. ¿Qué hacer con este instante? ¿Qué hacer con esta vida? Cada instante es el instante favorable. En la naturaleza, sin saberlo, en cada instante, todo aprovecha el momento favorable. Todo aprovecha el momento favorable sin que ello se base en una intención ni en una creencia. A menudo la fe, la creencia en Dios o en Buda, ayuda a la gente a aceptar los dolores y las vicisitudes de la existencia. Claro está, puede ayudar a la gente, pero fundamentalmente esta especie de creencia no es de ninguna utilidad en nuestra práctica. Creamos o no creamos, el momento favorable existe, la satisfacción existe.
La naturaleza sólo expresa esto. Existe separada del pensamiento de un ego. Lo que existe separado del pensamiento de un ego y en lo que no hay sitio para ninguna interferencia se llama Dharma.
Esta mañana he citado unas bellas palabras de Dogen: "No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de los actos benéficos". Pero añadamos o no esa mota de polvo, la montaña ni aumenta ni disminuye. Es sólo nuestra práctica sin meta, sin fin. Es sólo no estar ciego al momento favorable.
Algunas personas van a recibir la ordenación al final de esta sesión. Han de comprender profundamente.
Vamos a pasar cinco días juntos, cinco días para hablar juntos del despertar, no hablar sólo con la boca, hablar con nuestro cuerpo. Cada uno de nosotros en la vida crea un personaje. Aquí se ha de abandonar, dejarlo fuera. Abandonar ese personaje, dejar sitio al Buda. Este lugar es maravilloso. La naturaleza es hermosa, fuerte, naturalmente despierta.
Hemos tenido la suerte de tomar forma humana, lo que no quiere decir que seamos superiores al resto de la naturaleza, pero nacer así es poder hacer realidad la Vía del Buda.
Un día Nyojo, el maestro de Dogen, dijo a sus discípulos: "Desde el momento en que cuatro personas, cualquiera que sea su historia anterior, llegan a reunirse, ese grupo de monjes se convierte en un tesoro inestimable."
Si entre los monjes y monjas algunos se comportan de manera inconveniente, se les ha de invitar con compasión y con la solicitud de una abuela a que sigan las enseñanzas del Buda.
La suavidad de la abuela es importante: robai shin, el espíritu de la abuela. La abuela tiene una edad pero el tiempo ha suavizado sus aristas, como las piedras de la orilla del mar, que las olas han hecho rodar durante siglos y al final están suaves como la seda. Incluso cuando se enfada, la abuela lo hace con la tranquilidad de la inmovilidad. No es por reacción. Es como una montaña que se desplaza tranquilamente.
Así pues, durante estos cinco días, abrid los ojos sin abrirlos, escuchad, estad atentos a vosotros mismos y a los demás. De nada sirve ser diplomático, tampoco sirve de nada ser áspero, duro. Podemos, en silencio, hablar de despertar, con palabras, sin palabras. Ayer por la tarde dije: "No habléis demasiado." Al mismo tiempo está claro que se puede hablar, si comprendéis lo que quiere decir hablar permaneciendo en silencio.
Escuchar sin estar al acecho, mirar sin juzgar. Sed íntimos con este espíritu, robai shin, el espíritu de la abuela.
El espíritu de la abuela no es sólo una apariencia. Esa piedra de la que hablaba, suavizada por el tiempo, se encuentra en lo más profundo de nuestro espíritu.
once de la mañana
Durante cinco días, practicad, mirad, oíd, pero comprended también que no basta ver con éstos ojos, oír con estos oídos. Antaño mucha gente conoció, vió, oyó, al maestro Deshimaru. Sin embargo no vieron nada, no oyeron nada, no comprendieron. Por tanto, los mismos oídos, los mismos ojos, pero no basta. Los sentidos nos son tan fiables.
El día que el Buda estaba en el Pico del Buitre había mucha gente, eran muchos. Sin embargo sólo Mahakashyapa sonrió. En aquel instante lo que vió, lo que oyó, no se limitaba a los órganos de los sentidos.
Durante zazen la mirada está colocada delante de uno mismo. Los sentidos están en descanso pero podemos ver más lejos que con los propios ojos, oír más lejos que lo que nuestras capacidades auditivas permiten. Existe un mundo en el que podemos ver con los oídos, oír con los ojos.
Ayer por la tarde Lise presentó a todas las personas que han venido a practicar, algunas han venido de muy lejos, unas ya se conocen, otras no. Las relaciones afectivas no son tan importantes. La gente a menudo confunde el corazón de la sangha con algo aectivo. Me gusta, no me gusta, siento, no siento. Lo que amo un día al día siguiente lo detesto. Una vida que siempre se basa en la dualidad. Aquí el corazón es el dojo. A partir de aquí, de este punto, como cículos concéntricos, todo se convierte en práctica.
Es como un cuerpo humano. Todos los órganos son importantes. Está el corazón, pero el corazón sin los pulmones es inútil. Los pulmones, el hígado, los intestinos son inútiles en sí mismos. No existen más que por sus relaciones de interdependencia. Sus relaciones no dependen del afecto.
Hay un divertido proverbio que dice que si alguien estornuda en la cuenca amazónica, otra persona en Tokio se acatarra.
En el Tenzo kyokun el maestro Dogen dice: "No seáis cuidadosos con algunas cosas y negligentes con otras. Actuad de tal manera que ni una sola gota del océano de los méritos se os escape. No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de las acciones benéficas."
Comprended que practicar la Vía es que el Dharma del Buda te conmueva. Es una ocasión única de conocernos. Sin duda sin esto muchos de nosotros no nos habríamos conocido; por nuestro medio social, nuestro país, nuestras circunstancias, nuestra historia, nuestro sexo. Sin esto hubiera sido muy difícil conocernos.
Sin embargo, gracias al Dharma del Buda ha sido posible. Podemos sentir gran admiración por ello. Cada cual pone su mota de polvo en la cima de la montaña de los actos benéficos. Evidentemente se crean afinidades pero al final eso no es importante.
Saltar allá donde ya no depende ni de la atracción ni del rechazo. Me gusta, no me gusta. En este lugar se pueden crear relaciones humanas elevadas, profundas, generosas.
cuatro y media de la tarde
En el Hokkyo zanmai hay un poema que dice que la ley de la interdependencia y de la ocasión, u oportunidad, puede hacerse realidad en la claridad y el silencio del corazón. Si estamos aquí sentados juntos durante cinco días es por éso. La ley de la interdependencia es la ocasión; se le llama el momento oportuno, el momento favorable. Cinco días es muy corto. No debemos estar ciegos a ese momento favorable. Ir hasta el final. Todos los seres humanos tienen momentos favorables pero la mayoría están ciegos a ello. Como la gente que conoció al maestro Deshimaru, tenían ojos pero esos ojos no veían. Lo mismo ocurre con el kesa. Para algunos es el objeto más precioso. Para otros es sólo un trozo de tela. No estar ciego a ese momento favorable.
En japonés hay una palabra que se dice: jikai. Significa la alternancia del fruto y la simiente. A menudo los adultos, como los niños, dicen: "No tengo la culpa." He tenido una desgracia pero no tengo la culpa. He hecho esto pero no tengo la culpa. En cierta manera es estar ciego a uno mismo, a esta ley de interdependencia, a ese momento favorable.
Todo lo que hacemos es a la vez fruto y simiente. Observemos el fruto, observemos la simiente. Hay alternancia. Al mismo tiempo, el fruto contiene la simiente y la simiente contiene todo en lo que nos convertiremos. No hay dualidad.
En un sutra están estas palabras: "Cuando esto existe, otra cosa existe; cuando esto aparece, otra cosa aparece; cuando esto se acaba, otra cosa se acaba." La palabra interdependencia en sánscrito se dice: prapyaya, lo que quiere decir "hacer frente". Tiene el sentido de una bala que se dispara contra un muro y vuelve.
A través de la naturaleza que nos rodea es fácil observar que todo se rige por esta ley de interdependencia. Los árboles, los animales, las plantas, las flores. La relación entre interdependencia y oportunidad, el momento favorable.
El tiempo pasa y aquí estamos inmóviles. ¿Qué hacer con este instante? ¿Qué hacer con esta vida? Cada instante es el instante favorable. En la naturaleza, sin saberlo, en cada instante, todo aprovecha el momento favorable. Todo aprovecha el momento favorable sin que ello se base en una intención ni en una creencia. A menudo la fe, la creencia en Dios o en Buda, ayuda a la gente a aceptar los dolores y las vicisitudes de la existencia. Claro está, puede ayudar a la gente, pero fundamentalmente esta especie de creencia no es de ninguna utilidad en nuestra práctica. Creamos o no creamos, el momento favorable existe, la satisfacción existe.
La naturaleza sólo expresa esto. Existe separada del pensamiento de un ego. Lo que existe separado del pensamiento de un ego y en lo que no hay sitio para ninguna interferencia se llama Dharma.
Esta mañana he citado unas bellas palabras de Dogen: "No dejéis nunca de añadir vuestra mota de polvo a la cima de la montaña de los actos benéficos". Pero añadamos o no esa mota de polvo, la montaña ni aumenta ni disminuye. Es sólo nuestra práctica sin meta, sin fin. Es sólo no estar ciego al momento favorable.
Algunas personas van a recibir la ordenación al final de esta sesión. Han de comprender profundamente.
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Un Sui (los kusen de Rafu)
Yo también soy un buda que siente y padece
Es de las cosas que más me sorprenden (y hablo en primera persona). Sé lo que tengo que sentir, lo que tengo que pensar, cómo funcionan las emociones, la memoria, el pensamiento, la programación mental, el condicionamiento, el descondicionamiento, cómo hacer para obtener la liberación... pero nada, absolutamente nada, me libra de ser humana y sufrir de vez en cuando.
Hay un libro de David Brazier, que ya no tengo porque lo regalé, titulado "El Buda que Siente y Padece". Ahí fue donde descubri una pequeña-gran cosa que se me había pasado por alto de las Cuatro Nobles Verdades. Leí y escuché, por activa y por pasiva más veces de las que puedo recordar, esa frase: Las Cuatro Nobles Verdades. Mira que es simple, que son justo cuatro palabras. Bueno, pues la de "Nobles" se conoce que la tuve poco en cuenta. Y es muy importante. Que sean cuatro o veinticinco da lo mismo. Lo que importa es que son Verdades y que la realidad de ellas es Noble.
Alguien me preguntó un día en la consulta: "¿Los `grandes´ también sufren?" Yo creo que sí. Creo que sienten más incluso que cualquiera que se haya convertido en zombie o que no haya salido de ese estado. Creo que son grandes porque son apasionados. Creo que precisamente porque conocen bien el sufrimiento que se dedican con mayor ahínco a aliviarlo. Creo que en el Gran Sufrimiento está la semilla de la Gran Compasión. Creo que hay sufrimientos inútiles y Nobles Sufrimientos y que esa es la diferencia. Que a unos nos quedamos enganchados y nos individualizamos más y con los otros trascendemos esa individualidad y se transforman en amor y compasión.
Y éso alivia el mundo entero incluidos nosotros mismos, de quienes no es lícito olvidarnos, que ya lo dijo Jesús el Cristo: "Amad al prójimo como a vosotros mismos." No más y no menos. Y tal y como me amo a mí así voy a amar a los demás. Está claro.
Creo.
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reflexiones
Ango 1-5 de junio, 2005. Segundo día
seis y media de la mañana
Hay un poema de Ling Yu que dice:
A menudo la gente dice sobre la práctica: "No estoy preparado, aún no es el momento." ¿Hay un momento para estar preparado?
Unmon decía: "¿Qué os falta?" En la Vía no hacemos las cosas en función de nuestro estado de ánimo, de nuestras ganas, de nuestros deseos. Tampoco hacemos las cosas porque nos va bien. No dejamos de hacerlas porque nos sentimos mal. Tanto si nos sentimos bien o nos sentimos mal, hacemos lo que hemos de hacer. Ése es el sentido de la práctica. Cuando hacemos las cosas por ellas mismas, sin idea de bien ni de mal, ni de éxito ni de fracaso.
Ayer por la tarde me reuní con las persnas que van a recibir la ordenación. Recibir la ordenación es comprender todo esto de verdad. No es pertenecer a un estado religioso en la sociedad, como en algunas religiones. Tampoco es un estatus particular.
Sensei decía a menudo que su nombre, Deshimaru, quiere decir "joven discípulo", discípulo pequeño, eterno discípulo. En la traducción tiene un aspecto algo infantil. Decía que de pequeño, a menudo, la gente se burlaba de él por su nombre. De mayor estaba muy orgulloso de ese nombre. Recibir la ordenación es convertirse en discípulo eterno.
Comprender que cada momento es el momento favorable.
Recibir la ordenación tampoco es pertenecer a una secta, ni siquiera a la secta de Deshimaru ni a la secta del zen. Tampoco hay que esperar a haber comprendido, a haber comprendido el zen. Sólo inscribirse en esa continuidad, inscribir el propio cuerpo y la mente en el tesoro del Shôbogenzô, el tesoro de la verdadera ley.
Ayer tuve una conversación muy interesante con un practicante. Hablamos un momento del libro de Kapleau, Los Tres Pilares del Zen. Sensei a menudo decía que ese libro ha perjudicado mucho, ha hecho mucho daño a la Vía del Buda y de los Patriarcas. El libro se inscribe totalmente en la sociedad de consumo en la que vivimos. Nada de satori, nada de iluminación, nada de nada. Unmon dice: "¿Qué os falta?" Práctica y satori no son cosas diferentes. Todo lo que el hombre de la Vía oye no son más que las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos. Es el sentido profundo de la iluminación.
Ciertamente, si os hago hacer zazen 30, 40 horas seguidas durante varios días seguidos, desde luego tendréis la iluminación. Pero sólo son condiciones especiales.
Por la mañana, levantarse, sin pensar, lavarse la cara, dirigirse al dojo, practicar juntos. Juntos, ponernos el kesa sobre la cabeza, cantar este magnífico sutra, al mismo tiempo que amanece, toda la naturaleza despierta al mismo tiempo que nuestras células. Eso es la vestidura de la felicidad.
Si no se puede encontrar el despertar en las cosas ordinarias de la vida, no será posible en ningun otro sitio. Por supuesto, todo el mundo quiere liberarse, liberarse. Parece que es un sentimiento, una idea de prisionero. Queremos salir, quitar los barrotes de la cárcel, salimos, vuelven las tonterías y de vuelta a la cárcel.
Volveos íntimos con jijuyu zanmai, la alegría de la práctica. De todas formas no podemos escondernos, no podemos escapar.
Hay una preciosa frase de Epicuro que dice: "Podemos procurarnos seguridad contra todo, pero la muerte hace que habitemos todos, los seres humanos, en una ciudad sin murallas." Antes de la muerte es mejor practicar esto, despertar a esto. Wake up!
cuatro y media de la tarde
Esta noche van a venir otras personas para la sesshin. Cada vez me gusta menos la separación entre preparación y sesshin. Sensei creó los primeros campos de verano a principios de los años 70. En aquella época todos éramos discípulos muy jóvenes, de edad y de práctica. En la actualidad, tanto en la Gendronniére como en la Morejona, el templo de España, el conjunto de una sesión es una sesión, una sesshin con dos tiempos diferentes.
La mayoría de la gente crea en su vida tabiques de separación. El espacio de la familia, el espacio del trabajo, el espacio del zen. Resumiendo, está el ámbito de lo privado y el ámbito de lo público. Mientras pensemos así, estaremos divididos en el interior de nosotros mismos. En nuestro cuerpo, en nuestra mente, no hay espacio público y espacio privado. Un único cuerpo-mente.
Un famoso poeta español, Antonio Machado, dice en un poema: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."
Nada delante de uno mismo, nada detrás. Sólo nuestros pies sólidamente puestos en la tierra. Paso a paso. Por supuesto, al practicar, al filo de los años, nuestra práctica, nuestro camino, nuestros pasos se profundizan. Sin embargo, no es como una escalera.
En un único instante, en un solo trago, beber el agua de todos los océanos.
Así que esta noche vamos a decansar un poco. En ese momente también es práctica. No está separado de zazen. Un solo trago, el agua de todos los océanos. No compartimentar el cuerpo ni la mente.
Esta noche cantaremos sólo una vez los Cuatro Votos del bodhisattva. Los Cuatro Inmensamente Grandes Votos.
Hay un poema de Ling Yu que dice:
El espíritu del hombre de la Vía es sencillo y directo, sin pretextos.
En él no hay cara oscura o cara luminosa,
no engaña y no se hace ilusiones.
Todo lo que ve y oye a cada hora del día
son sólo las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos.
Nada está deformado. No es necesario vivir retirado
poniéndose una venda sobre los ojos
ni taparse las orejas para evitar las impurezas.
Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones.
Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir
que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego.
Si no nos dejamos contaminar por las ideas recibidas, por la costumbre de los pensamientos, la mente se vuelve clara y límpida como el agua de un riachuelo en primavera. Puro y tranquilo, fluye en total libertad. Así uno se convierte en un hombre de la Vía y se le llama el hombre de la Vía.
once de la mañana
Esta mañana os he leído este poema de Ling Yu en el que dice: "No es necesario vivir retirado poniéndose una venda sobre los ojos ni taparse las orejas para evitar las impurezas. Basta con no dejarse apegar a las cosas ni a las emociones. Nuestros sabios predecesores no han dejado de repetir que todos nuestros sufrimientos vienen de las impurezas y del apego."
A menudo la gente dice sobre la práctica: "No estoy preparado, aún no es el momento." ¿Hay un momento para estar preparado?
Unmon decía: "¿Qué os falta?" En la Vía no hacemos las cosas en función de nuestro estado de ánimo, de nuestras ganas, de nuestros deseos. Tampoco hacemos las cosas porque nos va bien. No dejamos de hacerlas porque nos sentimos mal. Tanto si nos sentimos bien o nos sentimos mal, hacemos lo que hemos de hacer. Ése es el sentido de la práctica. Cuando hacemos las cosas por ellas mismas, sin idea de bien ni de mal, ni de éxito ni de fracaso.
Ayer por la tarde me reuní con las persnas que van a recibir la ordenación. Recibir la ordenación es comprender todo esto de verdad. No es pertenecer a un estado religioso en la sociedad, como en algunas religiones. Tampoco es un estatus particular.
Sensei decía a menudo que su nombre, Deshimaru, quiere decir "joven discípulo", discípulo pequeño, eterno discípulo. En la traducción tiene un aspecto algo infantil. Decía que de pequeño, a menudo, la gente se burlaba de él por su nombre. De mayor estaba muy orgulloso de ese nombre. Recibir la ordenación es convertirse en discípulo eterno.
Comprender que cada momento es el momento favorable.
Recibir la ordenación tampoco es pertenecer a una secta, ni siquiera a la secta de Deshimaru ni a la secta del zen. Tampoco hay que esperar a haber comprendido, a haber comprendido el zen. Sólo inscribirse en esa continuidad, inscribir el propio cuerpo y la mente en el tesoro del Shôbogenzô, el tesoro de la verdadera ley.
Ayer tuve una conversación muy interesante con un practicante. Hablamos un momento del libro de Kapleau, Los Tres Pilares del Zen. Sensei a menudo decía que ese libro ha perjudicado mucho, ha hecho mucho daño a la Vía del Buda y de los Patriarcas. El libro se inscribe totalmente en la sociedad de consumo en la que vivimos. Nada de satori, nada de iluminación, nada de nada. Unmon dice: "¿Qué os falta?" Práctica y satori no son cosas diferentes. Todo lo que el hombre de la Vía oye no son más que las cosas ordinarias de la vida, los gestos cotidianos. Es el sentido profundo de la iluminación.
Ciertamente, si os hago hacer zazen 30, 40 horas seguidas durante varios días seguidos, desde luego tendréis la iluminación. Pero sólo son condiciones especiales.
Por la mañana, levantarse, sin pensar, lavarse la cara, dirigirse al dojo, practicar juntos. Juntos, ponernos el kesa sobre la cabeza, cantar este magnífico sutra, al mismo tiempo que amanece, toda la naturaleza despierta al mismo tiempo que nuestras células. Eso es la vestidura de la felicidad.
Si no se puede encontrar el despertar en las cosas ordinarias de la vida, no será posible en ningun otro sitio. Por supuesto, todo el mundo quiere liberarse, liberarse. Parece que es un sentimiento, una idea de prisionero. Queremos salir, quitar los barrotes de la cárcel, salimos, vuelven las tonterías y de vuelta a la cárcel.
Volveos íntimos con jijuyu zanmai, la alegría de la práctica. De todas formas no podemos escondernos, no podemos escapar.
Hay una preciosa frase de Epicuro que dice: "Podemos procurarnos seguridad contra todo, pero la muerte hace que habitemos todos, los seres humanos, en una ciudad sin murallas." Antes de la muerte es mejor practicar esto, despertar a esto. Wake up!
cuatro y media de la tarde
Esta noche van a venir otras personas para la sesshin. Cada vez me gusta menos la separación entre preparación y sesshin. Sensei creó los primeros campos de verano a principios de los años 70. En aquella época todos éramos discípulos muy jóvenes, de edad y de práctica. En la actualidad, tanto en la Gendronniére como en la Morejona, el templo de España, el conjunto de una sesión es una sesión, una sesshin con dos tiempos diferentes.
La mayoría de la gente crea en su vida tabiques de separación. El espacio de la familia, el espacio del trabajo, el espacio del zen. Resumiendo, está el ámbito de lo privado y el ámbito de lo público. Mientras pensemos así, estaremos divididos en el interior de nosotros mismos. En nuestro cuerpo, en nuestra mente, no hay espacio público y espacio privado. Un único cuerpo-mente.
Un famoso poeta español, Antonio Machado, dice en un poema: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."
Nada delante de uno mismo, nada detrás. Sólo nuestros pies sólidamente puestos en la tierra. Paso a paso. Por supuesto, al practicar, al filo de los años, nuestra práctica, nuestro camino, nuestros pasos se profundizan. Sin embargo, no es como una escalera.
En un único instante, en un solo trago, beber el agua de todos los océanos.
Así que esta noche vamos a decansar un poco. En ese momente también es práctica. No está separado de zazen. Un solo trago, el agua de todos los océanos. No compartimentar el cuerpo ni la mente.
Esta noche cantaremos sólo una vez los Cuatro Votos del bodhisattva. Los Cuatro Inmensamente Grandes Votos.
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