Frente a las adversidades

    



Hay veces que el agua de la vida se pone a hervir y entonces....







Puedo ser como una zanahoria que voy de fuerte y dura pero tras el hervor me quedo blanda y fácil de deshacer. Soy fuerte pero cuando el dolor y la fatalidad me tocan me vuelvo débil y pierdo toda mi fortaleza.




O como un huevo que llego frágil, con mi cáscara fina protegiendo un interior líquido pero después de estar en el agua hirviendo, me vuelvo dura. ¿Soy como él comenzando con un corazón maleable y un espíritu fluido pero  que tras una muerte, una separación o un despido me hago inflexible?

Por fuera sigo igual, pero ¿soy amargada y rígida con el alma endurecida?




O pudiera ser que fuera como un grano de café que transforma hasta el mismísimo agua hirviendo que tanto dolor le causa y cuando las cosas llegan al punto máximo de ebullición regala su mejor sabor y aroma.



Ojalá sea así: que cuando parezca que todo se vuelve intolerable, las circunstancias no me derroten. Que siempre esparza un dulce perfume, grato, cálido e inagotable que alegre mi corazón y el corazón del mundo.

Como un granito de buen café.

  

2 pensamientos +:

Anónimo dijo...

A veces seremos como la zanahoria, otras como el huevo o el grano del café, pero nuestra naturaleza siempre va a intentar ser el grano de café, tarde o temprano

Ane dijo...

Pues fíjate qué dulce promesa. Tarde o temprano, da igual, llega, de todos modos llega. Qué bien :)

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