Guénon (Esoterismo y exoterismo)

      
Pues dejada a mi libre albedrío, sobre el que Guénon también tiene interesantes reflexiones, escojo ésta. Por ver si terminamos de aclararnos con los términos propios de los iniciados (cutres o no) que somos.

Que no es lo mismo religión que metafísica; ni metafísica que misticismo; ni esotérico equivale a mancias de cualquier tipo; ni oculto es igual a ocultismo y mucho menos a espiritismo... 

Vamos con un poco de cultura iniciática. Que ya sé que cuesta pero al fin y al cabo es lo que somos porque nos dio la real gana de entrar por estas veredas.

Coged papel y lápiz y disponeos a esquematizar y traducir a vuestro idioma, a elaborar el texto en definitiva. Esto no es para un "me gusta" rápido. Con Guénon ( como con tantos otros, que no es el único), entramos en el terreno de lo no-personal sin escapar ni salirnos de lo personal.

Que lo disfrutéis. Que es tanto como desear que dé frutos.

"Señalamos ocasionalmente, en el curso de nuestras consideraciones preliminares, la distinción muy generalmente conocida que existe, en ciertas escuelas filosóficas de la Grecia antigua, si no en todas, entre lo que se llama el esoterismo y el exoterismo, es decir entre dos aspectos de una misma doctrina, uno más interior y el otro más exterior: éste es todo el significado literal de estos dos términos. 

El exoterismo, que comprende lo que, era más elemental, más fácilmente comprensible, y por consiguiente susceptible de estar al alcance de todos de una manera más amplia, se expresa sólo en la enseñanza escrita, tal como nos ha llegado más o menos completamente; el esoterismo, más profundo y de orden más elevado, y que por lo mismo se dirige como tal a los solos discípulos regulares de la escuela, preparados especialmente para comprenderlo, era objeto de una enseñanza puramente oral, sobre la naturaleza de la cual no se han podido conservar evidentemente datos muy precisos. 

Por otra parte, debe entenderse bien que, puesto que se trataba de la misma doctrina bajo dos aspectos diferentes, y como en dos grados de enseñanza, estos dos aspectos de ningún modo podían ser opuestos o contradictorios, sino que más bien debían ser complementarios: el esoterismo desarrollaba y completaba, dándole un sentido más profundo que no estaba contenido allí sino como virtualmente, lo que el exoterismo exponía bajo una forma demasiado vaga, demasiado simplificada, y a veces más o menos simbólica, por más que el símbolo tuviese muy a menudo, en los griegos, ese aire del todo literario y poético que lo hace degenerar en simple alegoría. Ni hay que decir, por otra parte; que el esoterismo podía, en la misma escuela, subdividirse a su vez en varios grados de enseñanza más o menos profundos, pasando los discípulos sucesivamente de uno a otro según su estado de preparación, y pudiendo ir más o menos lejos según la extensión de sus aptitudes intelectuales; pero esto es casi todo lo que se puede decir seguramente sobre el particular.
Esta distinción del esoterismo y el exoterismo no se ha mantenido en absoluto en la filosofía moderna, que en realidad no es en el fondo más de lo que es exteriormente, y que, para lo que enseña, no tiene necesidad de un esoterismo cualquiera, puesto que todo lo que es verdaderamente profundo se escapa del todo a su punto de vista limitado. Ahora se plantea la cuestión de saber si esta concepción de los dos aspectos complementarios de una doctrina fue particular de Grecia; a decir verdad, habría algo de extraño en que una división que parece tan natural en su principio hubiese permanecido tan excepcional, y, de hecho, no es así. 

Muy al principio, se podrían encontrar en Occidente, desde la Antigüedad, ciertas escuelas generalmente muy cerradas, más o menos mal conocidas por este motivo, y que por lo demás no eran escuelas filosóficas, cuyas doctrinas no se expresaban fuera sino bajo el velo de ciertos símbolos que debían parecer muy oscuros a los que no tenían la llave de ellos; y estas llaves sólo se les daba a los adherentes que habían adquirido ciertos compromisos, y cuya discreción había sido probada suficientemente, al mismo tiempo que se habían asegurado de su capacidad intelectual. Este caso, que implica manifiestamente que debe tratarse de doctrinas bastante profundas para ser del todo extrañas a la mentalidad común, parece haber sido frecuente sobre todo en la Edad Media y es una de las razones por las cuales, cuando se habla de la intelectualidad de esta época, hay que hacer siempre reservas sobre lo que pudo existir fuera de lo que nos es conocido de manera cierta; es evidente en efecto que, en esto como en el esoterismo griego, han debido perderse muchas cosas porque sólo se enseñaron oralmente, lo que es también, como lo hemos indicado, la explicación de la pérdida casi total de la doctrina druídica. 

Entre estas escuelas, a las que acabamos de hacer alusión, podemos mencionar como ejemplo a los alquimistas, cuya doctrina era sobre todo de orden cosmológico; pero la cosmología debe tener siempre por fundamento cierto conjunto más o menos extenso de concepciones metafísicas. Podría decirse que los símbolos contenidos en los escritos alquimistas constituyen aquí el exoterismo, en tanto que su interpretación reservada constituye el esoterismo; pero la parte del exoterismo es entonces muy reducida, y como en suma no tiene razón de ser verdadera sino con relación al esoterismo y con vistas a éste, se puede uno preguntar si conviene también aplicar estos dos términos. 

En efecto, esoterismo y exoterismo son esencialmente correlativos, puesto que estas palabras son de forma comparativa, de manera que, allí donde no hay exoterismo, no hay motivo del todo para hablar tampoco de esoterismo; esta última denominación no puede pues, si se pretende guardar su sentido propio, servir para designar indistintamente toda doctrina cerrada, para uso exclusivo de una élite intelectual.

Se podría, sin duda, pero en una acepción mucho más amplia, considerar un esoterismo y un exoterismo en una doctrina cualquiera, si se distingue en ella la concepción y la expresión, siendo la primera por completo interior, mientras que la segunda no es más que su exteriorización; se puede también, en rigor, pero apartándose del sentido habitual, decir que la concepción representa el esoterismo, y la expresión el exoterismo, y esto de manera necesaria, que resulta de la naturaleza misma de las cosas. Si se entiende de este modo, hay particularmente en toda doctrina metafísica algo que será siempre esotérico, y es la parte de inexpresable que contiene esencialmente, como lo hemos explicado, toda concepción verdaderamente metafísica; es algo que cada uno puede concebir por sí mismo, con ayuda de las, palabras y los símbolos que sirven simplemente de punto de apoyo a su concepción, y su comprensión de la doctrina será mas o menos completa y profunda según la medida en que la concebirá efectivamente. 

También en las doctrinas de otro orden, cuyo alcance no se extiende hasta lo que es verdadera y absolutamente inexpresable, y que es el "misterio" en el sentido etimológico de la palabra, no es menos cierto que la expresión nunca está por completo adecuada a la concepción, de manera que, en una proporción bastante menor, se produce aquí algo análogo: el que comprende realmente es siempre el que sabe ver más lejos que las palabras y se podría decir que el "espíritu" de una doctrina cualquiera es de naturaleza esotérica, mientras que su "letra" es de naturaleza exotérica. Esto sería principalmente aplicable a todos los textos tradicionales, que ofrecen lo más a menudo una pluralidad de sentidos más o menos profundos; correspondiendo a otros tantos puntos de vista diferentes; pero en lugar de tratar de penetrar estos sentidos, se prefiere por lo común entregarse a fútiles investigaciones de exégesis y de "crítica de los textos", según los métodos laboriosamente establecidos por la erudición alemana; y este trabajo, por fastidioso que sea y por más paciencia que exija, es mucho más fácil que el otro, ya que por lo menos está al alcance de todas las inteligencias. 

Un ejemplo notable de la pluralidad de sentidos nos la suministra la interpretación de los caracteres ideográficos que constituyen la escritura china; todos los significados de que son susceptibles estos caracteres se pueden agrupar en torno de tres principales, que corresponden a los tres grados fundamentales del conocimiento, y de los cuales el primero es de orden sensible; el segundo de orden racional y el tercero de orden intelectual puro o metafísico; de modo que, para limitarnos a un caso muy simple, un mismo signo podrá emplearse analógicamente para designar a la vez el sol, la luz y la verdad, y sólo la naturaleza del texto permite reconocer, para cada aplicación, cuál de estas acepciones es la que conviene adoptar, de donde los múltiples errores de los traductores occidentales. Esto hará comprender cómo el estudio de los ideogramas, cuyo alcance escapa por completo a los europeos, puede servir de base para una verdadera enseñanza integral, permitiendo desarrollar y coordinar todas las concepciones posibles en todos los órdenes; este estudio podrá, pues, desde puntos de vista diferentes, proseguirse en todos los grados de enseñanza, del más elemental al más elevado, dando lugar cada vez a nuevas posibilidades de concepción, y es un instrumento maravillosamente apropiado para la exposición de una doctrina tradicional.

Volvamos ahora a la cuestión de saber si la distinción del esoterismo y el exoterismo, entendida esta vez en su sentido preciso, puede aplicarse a las doctrinas orientales. Desde luego, en el Islamismo la tradición es de esencia doble, religiosa y metafísica, como va lo hemos dicho; se puede aquí calificar muy exactamente de exotérico el lado religioso de la doctrina, que es en efecto el más exterior y el que está al alcance de todos, y de esotérico su lado metafísico, que constituye su sentido profundo y que es considerado como la doctrina de la "élite"; y esta distinción conserva bien su sentido propio, puesto que son dos aspectos de una sola y misma doctrina. 

Hay que notar, con este motivo, que existe algo análogo en el Judaísmo, en el cual el esoterismo está representado por lo que se llama "Qabbalah", palabra cuyo sentido primitivo no es otro que el de "tradición", y que se aplica al estudio de los significados más profundos de los textos sagrados, mientras que la doctrina exotérica o vulgar se atiene a su significado más exterior y más literal; sólo que esta "Qabbalah" es, de manera general, menos puramente metafísica que el esoterismo musulmán, y sufre también, en cierta medida, la influencia del punto de vista propiamente religioso, en lo cual es comparable a la parte metafísica de la doctrina escolástica, insuficientemente liberada de consideraciones teológicas. 

En el Islamismo, por el contrario. la distinción de los dos puntos de vista es casi siempre muy neta, fuera del caso de algunas escuelas que están más o menos teñidas de misticismo y cuya ortodoxia es por lo demás menos rigurosa que la de las otras escuelas esotéricas; esta distinción permite ver mejor que en cualquiera otra parte, por las relaciones del exoterismo y del esoterismo, cómo reciben un sentido profundo las concepciones teológicas por la transposición metafísica.

Si pasamos a las doctrinas más orientales, la distinción del esoterismo y del exoterismo no se puede ya aplicar de la misma manera, y aun hay algunas a las que no es de ningún modo aplicable. 

Sin duda, en lo que se refiere a China, se podría decir que la tradición social, que es común a todos, aparece como exotérica, mientras que la tradición metafísica, doctrina de la "élite", es esotérica por lo mismo. Sin embargo, esto no sería rigurosamente exacto sino a condición de considerar estas dos doctrinas con relación a la tradición primordial de la cual se derivan una y otra; pero, a decir verdad, están separadas con demasiada precisión; a pesar de esta fuente común, para que se las pueda considerar como las dos faces de una misma doctrina, lo que es necesario para poder hablar propiamente de esoterismo y exoterismo. 

Una de las razones de esta separación está en la ausencia de esa especie de dominio mixto al cual da lugar el punto de vista religioso, donde se unen, en la medida en que son susceptibles, el punto de vista intelectual y el punto de vista social, por otra parte, en detrimento del primero; pero esta ausencia no siempre tiene consecuencias tan marcadas al respecto, como lo demuestra el ejemplo de la India, donde tampoco hay nada de propiamente religioso, y donde todas las ramas de la tradición forman sin embargo un conjunto único e indivisible.

Precisamente nos queda por hablar aquí de la India, y en ella es menos posible considerar una distinción como la del esoterismo y el exoterismo, porque la tradición tiene en efecto demasiada unidad para presentarse, no sólo en dos cuerpos de doctrina separados, sino también bajo dos aspectos complementarios de este género. 

Todo lo que se puede distinguir realmente es la doctrina esencial, que es toda metafísica, y sus aplicaciones de diversos órdenes, que constituyen como otras tantas ramas secundarias con relación a ella; pero es evidente que esto no equivale de ningún modo a la distinción de que se trata. 

La misma doctrina metafísica no ofrece otro esoterismo que el que se puede encontrar en ella en el sentido muy amplio que hemos mencionado, y que es natural e inevitable en toda doctrina de este orden: todos pueden ser admitidos para recibir la enseñanza en todos sus grados, con la única reserva de estar intelectualmente calificados para obtener un beneficio efectivo; hablamos solamente aquí, como es natural, de la admisión en todos los grados de la enseñanza, pero no en todas las funciones, para las cuales se pueden necesitar otras condiciones; pero, necesariamente, entre los que reciben esta misma enseñanza doctrinal, como acontece con los que leen un mismo texto, cada uno lo comprende y se lo asimila más o menos completamente, más o menos profundamente, según la extensión de su propias posibilidades intelectuales, Por ello es del todo impropio hablar de "Brahmanismo esotérico", como han querido hacerlo algunos, que han aplicado sobre todo esta denominación a la enseñanza contenida. en los Upanishads; es verdad también que otros, hablando por su parte de '"budismo esotérico", han obrado peor aún, pues no han presentado bajo esta etiqueta más que concepciones eminentemente fantásticas que no dependen ni del Budismo auténtico ni de ningún esoterismo verdadero.

En un manual de historia de las religiones al cual hicimos ya alusión, y en el que por lo demás se encuentran, aunque se distingue por el espíritu con el que fue redactado, muchas confusiones comunes en esta clase de obras, sobre todo la que consiste en tratar como religiosas cosas que en realidad no lo son de ningún modo; hemos señalado, a este propósito, la siguiente observación: "un pensamiento indio encuentra rara vez su equivalente exacto fuera de la India; o, para hablar menos ambiciosamente, ciertas maneras de considerar las cosas, que en otras doctrinas son esotéricas, individuales, extraordinarias, en el Brahmanismo y en la India son vulgares, generales, normales." (Christus, cap. VII, pág. 359, nota). Esto es justo en el fondo, pero exige sin embargo algunas reservas, porque no se podría calificar de individuales, lo mismo en la India que en otra parte, concepciones que, siendo de orden metafísico, son por el contrario esencialmente supra-individuales; por otra parte, estas concepciones encuentran su equivalente, aunque bajo formas distintas, dondequiera que existe una doctrina verdaderamente metafísica, es decir, en todo el Oriente, y sólo en Occidente no hay nada en efecto que les sea equivalente, ni siquiera de muy lejos.

Lo que es verdad, es que las concepciones de este orden en ninguna parte están difundidas tan generalmente como en la India, porque no se encuentra en otra parte un pueblo que tenga tan generalmente en el mismo grado las aptitudes requeridas, aunque éstas sean frecuentes sin embargo en todos los orientales, y principalmente en los chinos, entre los cuales la tradición metafísica ha guardado a pesar de esto un carácter mucho más cerrado. 

Lo que debió contribuir sobre todo en la India para el desarrollo de semejante mentalidad, es el carácter puramente tradicional de la unidad hindú: no se puede participar realmente en esta unidad sino en la medida en que se asimila uno la tradición, y, como esta tradición es de esencia metafísica, se podría decir que, si todo hindú es naturalmente metafísico, es que debe serlo en cierto modo por definición.

(Capítulo de Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes, París, 1921. Traducción española: LC, Buenos Aires, agotada)

21 pensamientos +:

Anónimo dijo...

Hala ane, que te has mojado poquito.

Este es uno de los textos más comprensibles- aunque magnífico como siempre- de Guénon, no creo que nadie tenga dudas de su significado. Vamos a complicarlo- o simplificarlo, según se mire- un poquito y a ver si nos sirve para algo:

¿Creéis que hay en el Zen (Soto Zen, puesto que el Rinzai por estas latitudes se práctica poco) esta diferenciación entre la enseñanza “exotérica” y la “esotérica”?

Y si existe, ¿cómo se manifiesta una y cómo se manifiesta la otra?

Y muchas gracias ane por mantenernos tan entretenidos últimamente.

gael dijo...

Tengo un hermano de Logia que es monje zen. Iba a decir que fue monje zen pero sé que las auténticas marcas espirituales no se borran nunca. En la tradición Masónica un iniciado lo es desde que recibe la iniciación y aunque pase "al Sueño" que es la forma que nosotros tenemos de decir que circunstancialmente abandonamos los Trabajos. Supongo que en la suya es lo mismo. Él dice que el Zen actual está secándose.

Le he propuesto dialogar en este sitio pero de momento no he conseguido convencerlo.

1TAF para ustedes.

ane dijo...

jajaja! tengo en la recámara otros textos más impactantes y no por ello menos acertados y revulsivos.

Propónme uno y lo convierto rápidamente en entrada lista para debatir.

Podría decirte que se lo pases a Sho Gu del Comando que tiene carta abierta en este blog para lo que guste, pero por si acaso me equivoco...

Gael, sé que Guénon es santo de devoción y estudio de cualquier masón. Tu opinión me interesa personalmente. Te recuerdo de otra entrada sobre religión y espiritualidad. Agradecí tu discrección entonces y agradezco tu participación ahora. 1abrazo.

Anónimo dijo...

ZEN IS NOT DEAD

No es el Zen el que está secándose sino la forma anquilosada que nos importan desde Japón. ¿Es el Zen el vestirse de japonés, andar como Chiquito de la Calzada, cantar en “guachy-guachy” o pelarse la cabeza en diciembre? Yo no lo creo (aunque lo suelo hacer). Cuando hablamos de preservar una Tradición ¿de qué hablamos? ¿Es esa la Tradición de Buddha, Nagarjuna, Boddhidharma y Hui Neng? Repito: ¿Es esa la enseñanza al margen de las escrituras de la que hablaba el viejo de la cueva?

El Zen está igual de vivo que siempre (ni más ni menos) aunque algunos lo abrazen con tal desmesura que acabarán ahogándolo.

Anónimo dijo...

Así se riega el zen universal de Dogen.

Anónimo dijo...

Remontarse desde lo más físicamente concreto hasta el principio último, en un larguísimo paseo por todos los planos cada vez más y más sutiles para volver a recorrerlo en sentido contrario, ése es el trabajo del iniciado y por eso cuando ha completado su desarrollo se dice que es un puente entre los mundos.

El problema del zen que nos ha llegado, a mi entender, es que no proporciona mapas para todo lo que hay entre medias y con lo uno se topa, lo quiera o no, al practicar zazen.

De hecho en el hannya se dice: la forma es vacío y el vacío es forma. Pero del vacío a la forma hay un recorrido repleto de fuerzas y entidades. Y desde la forma hasta el vacío hay innumerables riesgos y peligros que alguien debería señalar.

Anónimo dijo...

El Zen universal de Dogen está bien regado grácias a blogs como este.

Gassho a la administradora

Anónimo dijo...

Honestamente creo que no se puede llegar a la percepción directa de la realidad prometida por el Soto Zen, yendo a un dojo dos o tres días por semana. Dogen estudiaba los sutras minuciosamente y era un experto esoterista por lo que dicen. Según yo lo entiendo eso quiere decir que percibía las equivalencias entre todos los niveles de existencia.

Tal vez fuera que percibía por la práctica de zazen y ponía nombre a las cosas al estudiar los sutras y al escuchar las palabras de sus maestros.

No conozco ningún dojo donde se estudien los sutras en comunidad. Tampoco conozco ningún dojo que sea una comunidad, apenas gente que va y se sienta junta. ¿Tal vez el Zen no debería haber salido de los Templos?

Por lo que veo hay mucha gente empeñada en que el Zen y Zazen arraiguen con fuerza en nuestra cultura. Sin ahogarlo.

Me entusiasma ver que queremos desanquilosarnos.

Un saludo afectuoso

Anónimo dijo...

De la práctica de zazen puede beneficiarse todo el mundo sea en el nivel que sea. No me corresponde decidir sobre la utilidad que se le da.

Zazen es pura energía. Hacia qué lo encamino lo decido yo. Esa es mi responsabilidad.

También sé que al profundizar en la práctica cada vez es más difícil ser deshonesto o hacer daño. Repugna.

Anónimo dijo...

"Beneficiarse" "utilidad" "encaminar la energia" "repugnar" son términos que no logro encontrar en la Dogenpedia.

Creo que volveré a leer el Shobogenzo.

Anónimo dijo...

Justamente sacar el Zen de los templos es lo que hizo Deshimaru (y antes que él Doko Sawaki) y de otra forma no hubiese podido llegar a nosotros.

¿Debemos desandar el camino y volver a encerrarlo?

Dojo Zen Mataró dijo...

todos tenemos mucha prisa, intuimos que hay alguna enseñanza secreta (no hay enseñanza secreta (Budha)), no hay nada oculto en el universo(Dogen)).
Pero eso es y ha sido siempre la coartada perfecta para los perezosos del Dharma. Realmente nos da pereza el vacio, llenar de conciencia el universo hasta que se callen las murmuraciones de nuestro cerebro.
Continuamos buscando trampas, atajos, recovecos, seguimos buscando enseñanzas ocultas, porque eso es una fuente de poder y eso del mushotoku es muy árido.
Somos incapaces de entrar en el Dharma empujando el suelo con las rodillas y el cielo con la cima del craneo (eso está chupado, eso es de párbulos, de principiantes) pues yo digo que eso es justamente la puerta del Dharma, y siento decepcionaros pero no hay nada más.

Toni

Anónimo dijo...

Al hablar de enseñanza esóterica no se está hablando de "nada oculto" , ni de "enseñanza secreta", sinó de la que precisamente se transmite fuera de las escrituras, creo que eso queda bién expresado en el texto de Guénon (las entradas hay que leerlas antes de comentarlas).

De hecho si algo singulariza a Dogen es su indagación constante, su afán huir tanto del academicismo estéril como de la asunción simplista de la práctica meditativa. Tan equivocado es reducir el Zen universal de Dogen al shikantaza como el estudiar el Shobogenzo sin practicar zazen.

No buscamos poder,no nos da pereza el vacio, la aridez del mushotoku la conocemos de primera mano y desde luego no somos "perezosos del Dharma".

Empujamos y empujaremos el suelo con las rodillas y el cielo con la cima del craneo pero de vez en cuando es neceasario levantarse del zafu y abrir las ventanas del Dojo para que corra el aire.

Anónimo dijo...

Me encanta la forma de consecución de distintos equilibrios mediante la adopción de posturas en contra.... según convenga al caso. Es imposible, tanto para Guenon como para Dogen, la expresión ultima de la realidad.

Gassho.
Muiso.

Aclarando términos ;) dijo...

Desde siempre, ha habido una confusión de términos.

En su origen fue así, hubo una enorme confusión. Entonces, no había distinción entre términos, ni entre términos y no términos. También el origen estaba confundido con el destino. Ahora tampoco hay distinción, simplemente lo parece. Pero eso, esa diferencia entre ser y parecer, ya lo es todo.

La confusión es base. Sujeta toda la razón.

La razón pretende expandirse en todas direcciones, alejándose de su base, disolviendo así la confusión en ella. Pero la razón siempre acaba tomando la dirección equivocada, disolviéndose de nuevo en la confusión... en el ciclo del aprendizaje.

En la confusión completa, nada se sabe acerca de la diferencia entre razón y confusión. Está todo disuelto en todo, y nada hay que aprender.

Confundirse es hablar sin saber... y zas! Cuando se es consciente de eso y la razón se detiene, la confusión aparece y lo inunda todo. Entonces algo que surge después de ese choque, es la razón analizando, razonando que, confundido, estabas antes, no ahora.

Así es como todo surge de la nada. Tras una apariencia de que es, la nada simplemente se convierte continuamente en todo.

Se puede repetir mil, diez mil, cien mil veces... Puede llegar a ser muy muy aburrido contar cuantas veces suecede esto en la vida, puede llegar a ser imposible contar cuantas veces se repite el proceso.

Requiere mucha memoria para no confundirse.

Si como Guénon, alguien es capaz de distinguir las dos partes de una manzana entera, entonces su capacidad de razonamiento, de discernir, es inmensa.

Y es que la propia razón mide en términos de capacidad su propia naturaleza. Es ella quien diferencia los términos confusos. Calcula los límites en que se mueve, aumentando o disminuyendo su capacidad para no desbordarse, para no confundirse.

Es un riesgo para ella, si se desbordase de su propia capacidad, qué estaría dentro y qué fuera de su alcance? Eso sería una confusión, eso no se puede razonar.

Pero ocurre. La razón se apoya en la confusión para volver a impulsarse, es lo que le permite crecer.

Si le preguntas a alguien devoto de corazón, a alguien entregado completamente a su doctrina, no verá diferencia entre su aspecto esotérico y exotérico. Para esa persona, cada palabra, cada signo, cada referencia, contiene toda la profundidad y el misterio de la vida, porque ha penetrado completamente en él. Sería como preguntarle a un ciego si diferencia la luz del día de la de la noche. Estará confundido.

Y así, vemos al ciego confundido con la luz durante el día, pero apreciamos sus razonamientos durante la oscuridad de la noche.

Cuando vemos a Guénon, vemos al ciego durante la noche. Y cuando vemos a un monje entregado, lo vemos por el día.

Muchas gracias ane, yo creo que no puede estar más claro ;)

Anónimo dijo...

Durante años pensé que algo malo debía haber en mí porque en según qué planos podía defender una cosa y su contraria sin mentir. Y un día me encontré con esto que he repetido hasta la saciedad (de los que me escuchan):

"Lo contrario de una verdad es una mentira. Lo contrario de una gran verdad es otra gran verdad".

La mayoría de lo que he leído hasta aquí me parecen grandes verdades. Y es que el Vacío dicen que está preñado de Todo. Metafísicamente hablando. Dogen y Guenon se habrían llevado bien y habrían tenido interesantes conversaciones como éstas que hay aquí o habrían tomado el sol o se habrían sentado juntos comulgando con la vida, estoy segura, porque de los dos dicen que consiguieron ser tiernamente humanos.

ane

Anónimo dijo...

O eso te gusta creer.

Anónimo dijo...

El secreto se protege a sí mismo. Está al descubierto, no hay nada oculto pero las Escrituras dicen: "el que tenga ojos para ver y oídos para escuchar" y se atreva a traspasar lo que llamáis la Puerta del Dharma. En mi religión es el Ojo de la Aguja o la Puerta Estrecha.

ane dijo...

No es una creencia, es una certeza. Se habrían llevado bien. Tienen el mismo "corte" en mi opinión.

Además, tienes razón: me gusta esa certeza.

Y también me hace mucha ilusión que practicantes de otras religiones (me refiero al comentario sobre la Puerta Estrecha) hagan el esfuerzo de encontrar un idioma común. Eso es precioso. Gracias por eso.

Anónimo dijo...

"Discípulos regulares" y "enseñanza puramente oral". O sea gyogi y kusen.

Gassho.

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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