La Vía abierta

Escalando la Vía hay un momento (más bien muchos) en el que tenemos la sensación de que hagamos lo que hagamos, estamos autoengañándonos todo el tiempo y no sabemos cómo salir de esa situación. "Más zazen", recomendará el maestro casi con toda seguridad. Y no dirá nada más. Uno se desespera y piensa en hacer otras cosas: visitar otros maestros, buscar otra forma tradicional o dar marcha atrás y volver a una vida "normal"...

Este periodo durante el cual tratamos de terminar con algo es en sí mismo un error porque hay demasiada concentración en uno mismo en vez de trabajar hacia fuera. Aquí hay que abandonar esas prisas y esa agresividad y desarrollar cierta compasión hacia uno mismo; entonces comienza la vía abierta. Aquí la compasión es una especie de claridad que contiene un calor fundamental. Aquí la práctica de zazen consiste en confiar en uno mismo y curiosamente entonces, surge la compasión también hacia los demás.

Zazen es el acto de hacernos amigos de nosotros mismos, un acto que automáticamente sale hacia fuera, hacia el mundo, no hace falta premeditarlo ni buscarlo, sale solo. Si carecemos de esta inspiración, convertimos zazen en una vía más de deseo, de samsara, permanecemos en el deseo de mejorarnos a nosotros mismos, de lograr metas. Si llegamos a sentir que no podemos alcanzar eso, sufriremos la tortura de la frustración de la ambición y nos desesperamos. Y si sentimos que tenemos éxito nos volvemos presumidos y agresivos y nos hinchamos como pavos reales. Pudiera ser que tuviéramos éxito en algún tipo de práctica de concentración dualista y que experimentáramos algún tipo de estado mísitico, seríamos tranquilos y religiosos en el sentido convencional, pero esos estados requieren recargarlos trabajosa y constantemente. Esto es lo típico del hinayanna, de la meditación autónoma y la iluminación individual: no hay ningún elemento de compasión porquer uno se fija sólo en su propia experiencia.

La compasión no tiene nada que ver con los logros, es generosa. Cuando uno se vuelve compasivo no está muy seguro de si es compasivo para los demás o para uno mismo porque la compasión es una generosidad que no tiene direcciones y está llena de alegría y confianza, es una guerra en contra de la necesidad. Es la actitud de que uno ha nacido verdaderamente rico, no de que uno tiene que hacerse rico. Sin este tipo de confianza, la meditación no puede transformarse en actos.

La compasión nos invita automáticamente a relacionarnos con nuestros semejantes porque ya no son una carga que nos consume las energías. Ellos nos dan nuevas fuerzas. La compasión posibilita los actos del bodhisattva, el cual comienza con la generosidad y la apertura que consiste en renunciar a nuestras exigencias y a los supuestos fundamentales de ellas. Consiste en aprender a confiar en el hecho de que no tenemos necesidad de asegurar nuestro fundamento, ni de temer nada. Entonces la salud básica empieza a crecer y nos lleva al siguiente paso del bodhisattva: la perfección de la moral o de la disciplina.

Después de abandonar todo, sin pensar en el punto de referencia de nosotros mismos: yo hago esto, yo hago aquello... entonces pierden importancia otras situaciones que contribuyen a mantener el ego o nuestro hábito de guardar y coleccionar.

Esta transformación es la moral suprema y contribuye a intensificar la apertura: ya no tememos herirnos o herir a los demás porque estamos abiertos. Las situaciones ya no nos parecen poco inspiradoras o aburridas y surge la paciencia, la cual nos lleva a la cualidad del gozo, que también llamamos energía y que es alegría, que conduce a la visión panorámica y oceánica de la meditación abierta, la experiencia de la apertura, que también llamamos iluminación. Ya no consideramos la situación externa como algo separado de nosotros porque estamos inmersos en la danza y el juego de la vida. No hay nada que uno acepte o rechace, uno está en armonía con cada situación. No hay esperanzas o temores y así nace prajna, el conocimiento trascendental, la habilidad de ver las cosas tal cual son.

Hay que abandonar la lucha que mantiene el ego, hay que aceptar la sombra. El amor también se asocia con la fealdad, el dolor y la agresión. No consiste en crear un segundo cielo. Se asocia con lo que es, aceptar la situación vital en su realidad tal cual se nos presenta. Si estamos empeñados en diseminar el amor con el mismo empuje y agresividad que tiene el odio de los demás, algo anda mal, debajo subyace agresividad, no amor. El amor sería entonces odio al odio y ambición de estar en el lado de los buenos. Debemos abrirnos de igual modo a los aspectos positivos y negativos del mundo. Como ver el mundo desde una vista aérea: hay luz y tinieblas y ambas se aceptan.

Los actos del bodhisattva son como la luna que baila en cien tazas.
La luna no tiene intención de reflejarse en cien tazas, es sólo que por alguna razón eso sucede así. No hay un intento premeditado. El problema fundamental parece que es que estamos demasiado preocupados con tratar de probar algo y esto se relaciona con la paranoia y el sentimiento de pobreza. Cuando uno trata de probar o de alcanzar algo, ya no está abierto. Hay que ordenarlo todo correctamente. El bodhisattva no trata de probar nada ni de que le den o no una medalla. No hay ninguna lucha, ninguna intención en sus actos. Significa que uno está libre para hacer lo que la situación requiera porque no se espera nada de ella. Si hay tazas sobre las que reflejarse, la luna lo hará, pero no es cosa suya, ella sólo tiene que estar ahí, ni le importa ni le deja de importar. Ella es lo que es. Cuando no hay deseo que satisfacer, no hay agresividad ni lucha, tratamos con la vida tal cual es y uno puede descansar tranquilamente. “Es”, “está”. Es necesario confiar en uno mismo en vez de fiscalizarse continuamente, porque esta actitud frena el movimiento y el crecimiento naturales. Uno no se preocupa por las bobadas que pueda hacer, hace lo que sea que tiene que hacer y ya está, pero no “hay que sentir compasión”, no siempre se siente. Uno es compasión. Si uno está abierto la compasión aparece porque uno ya no está preocupado en gratificarse de una u otra forma.

Nuestro temor a otras personas parece generar inseguridad con respecto a lo que somos. El temor nace de la incertidumbre, no sabemos cómo manejar la situación. Esa incertidumbre está vinculada a la desconfianza en nosotros mismos, cosa que no sucede si tenemos una relación compasiva con nosotros mismos. Cuando sentimos tal incertidumbre, el mundo nos devuelve la incertidumbre, reflejándose como en un espejo y ella comienza a perseguirnos, pero no es más que un reflejo en un espejo.

Si yo fuera amigo de mí mismo y tuviera una actitud más bondadosa hacia mí no tendría miedo de equivocarme todo el rato.

Ay que no me acuerdo cómo se llama el autor pero es el de "El Materialismo Espiritual"!. Y encima no es literal sino que lo cambié para mi propio entendimiento, cosa que no se debe hacer, no se debe hacer :(

20 pensamientos +:

sara dijo...

Es Chôgyam Trungpa y no creo que le moleste la recreación de su enseñanza.

ESTRELLA FAVORABLE dijo...

Gracias

ane dijo...

Yo tampoco lo creo, por su libro parecía un hombre con un buen sentido del humor.

Gracias por decirlo, seguro que a alguien le interesa el texto completo.

1abrazo, sara.

Anónimo dijo...

"....Esto es lo típico del hinayanna, de la meditación autónoma y la iluminación individual: no hay ningún elemento de compasión porque uno se fija sólo en su propia experiencia."

Comentarios poco acertados (y ciertamente ignorantes) hacia una tradición a la que perteneció el mismísimo Buddha.

El presunto egoismo y la falta de compasión de tan bella tradición no deberian ser difundidos tan alegremente entre los seguidores de la Vía.

Jamás he leido ningún comentario similar de algun seguidor del hinnayana hacia la tradición mahayana a la cual pertenezco. Al contrario, es muy usual encontrar estos descalificativos en muchos textos mahayana.

Por una sangha unida....y por todos los seres sintientes.

Anónimo dijo...

Chôgyam Trungpa era bien conocido por :

Su desordenada vida sexual pués no se dejaba escapar a ninguna discípula atractiva.

Sus múltiples adicciones (era alcohólico y murió de cirrosis alcohólica - y fumaba como un carretero.

O sea que tranquilo anónimo, cuando escribió eso que tanto te molesta seguramente no era dueño de sus actos. Seamos más compasivos con el Maestro Trungpa.

Jorge R

ane dijo...

No había caído en la cuenta de esa descalificación de la tradición hinayanna y que ciertamente parece gratuita y/o ignorante.

Disculpas. Pondré más cuidado desde ahora.

Los cabalistas dicen una cosa preciosa y, en mi opinión, muy cierta: "Hay tantos caminos como alientos". Creo que todos buscamos y a menudo encontramos la forma que mejor se adapta a nuestras características. Y la tradición hinayanna es una opción sin ninguna duda.

En cuanto a la vida de Trungpa, la desconocía y la desconozco. De todos modos todavía no he conocido un humano que no sea un metepatas ya sea maestro o discípulo o yo misma o nada de nada.

Me desagrada el mercadeo sexual, el de poder, el económico o el mercadeo a secas. De momento voy a ocuparme de no ser una de las discípulas bonitas de nadie, de no hacerlo yo misma, de intoxicarme lo menos posible y no solo de sustancias sino de pensamientos, palabras, juicios rápidos y ácidos (que lo sé hacer muy bien y qué mal me sientan!), de personas, de algunas actividades...

Saludos a los dos :)

Anónimo dijo...

Que respuesta tan elegante ane.
Da gusto pasarse por este blog de vez en cuando.

Un regalo, ane. dijo...

No voy a dar mi opinión, puesto que no tengo.

En cambio, voy a dar una opinión que he hecho mía:

"Hoy he conocido de nuevo lo que no es la iluminación. No he conocido tampoco aquello que parece el gran tabú del zen, y que en cambio es el juguete del verbo de los filósofos. Es tabú hablar de la iluminación en un entorno zen? Es tabú hablar de hecho? Es pecado pensar en el zen?

Castigo divino de tu existencia, de tu naturaleza, que te condena a no conocer lo que eres, a no acceder a la fuente si osas razonar, si osas juzgar, si osas moralizar, si osas discutir, si permites a tu ego, a ti, controlarte, controlarse.

La circunferencia puede parecer mucho más amplia, incluso puede parecer su tangente. Por eso no se puede diferenciar la realidad de la realidad.

Sí, lo he vuelto a ver. No soy más que un cristiano pretendiendo ser cristo. Quizá, la iglesia más puntera que exista, aquella que simule ser cualquier cosa menos una iglesia... no deje de ser una iglesia al fin y al cabo. Quizá, una enseñanza repetida a lo largo del tiempo, a lo largo de la existencia, aunque con un fondo vacío, y una forma cualquiera... no deje de ser una enseñanza.

Puede que entonces la enseñanza se oculte tras la regla, y que el silencio se oculte tras la reflexión. Sí eso ocurriera, por algún asomo, entonces el zen ya no sería lo que no es. En cambio, el zen comenzaría a ser, a ser lo que es. Comenzaría a tener una forma, un rostro... y todos podríamos identificarlo. Entonces, habría enseñanza y creería, de nuevo, que hay algo que aprender.

En ese remoto caso, puede que el zen ya no pueda volver a llamarse zen. Puede que de nuevo el recuerdo del olvido, el estallido del silencio, la vida jugando a ser su propia metáfora... tenga que desaparecer. La vida deberá volver a reinvertarse a sí misma, el zen volverá a olvidar todo para poder recordar nada.

Lo he visto, el zen ha muerto. Ese zen muerto aún puede ayudar, aún tiene algo del calor que acerca al muerto a la vida.

Un nuevo zen, sin absolutamente nada de embargo, se encuentra ya renaciendo. Es tan sutil, que ni siquera sus discípulos conocen su situación respecto del maestro. No llega a ser ni un bebé.

Porque es evidente. Porque un sordo como una tapia no podría saltar por encima de su propia sordera.

Y porque hoy, de nuevo, he reconocido lo que no es la iluminación... no se le parece en nada ;)"

Un saludo

Anónimo dijo...

No me enterado de nada, 38 líneas llenas de palabras como "castigo divino" "pecado" "iluminación" y demás lindezas y yo que me quedo con cara de poker. Quizás sea un regalo para ane pero para los "sordos como una tapia" es un suplicio llegar al final del texto.

Que alguien me preste un Sonotone!!!

ane dijo...

Gasshô por el regalo :) Estoy procesándolo todavía. Tengo cierta idea de lo que dice pero me está costando un poco...

...no, si ya sabía yo que mi CI no era muy alto!

1bs o 2 :)

Anónimo dijo...

que en un blog sean más suculentos y apetecibles los comentarios que las entradas; que a un blog se vuelva no tanto por las entradas como por el resto de comunicaciones, debería dibujar una sonrisa traviesa y feliz en los administradores.

Un abrazo, ane, por dejar que el musgo sea como la levadura: que por lo menos haga posible la comunicación libre, tan escasa en este tiempo, aunque te den caña. No es personal, es por avanzar.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con el anónimo anterior. En otros blogs a la que aprietas un poco cierran la posibilidad de los comentarios anónimos (son unos cagados)El musgo ha superado la "prueba del algodón"

A partir de ahora podemos volver a centrarnos en el contenido. El día que vuelvas a escribir algo sobre René Gnénon hablaremos largo y tendido.

Anónimo Tapia dijo...

Yo tengo un sonotone porque tengo una sordera muy ruidosa, pero está hecho a mi medida exacta.

Está claro que el mío no te sirve. Si sigues probando los que te presten, los que encuentres, seguro que reconocerás algunos sonidos, y así, decidirás si te sirve.

Pero antes o después creerás que no oyes lo suficiente o que el sonido es demasiado fuerte. Verás que ningún sonotone encaja del todo. Necesitarás otro y otro...

Prueba con el tuyo.

Anónimo dijo...

Estimado Anónimo Tápia:

Tras varios años de frecuentar Dojos (cosa que sigo haciendo) tu comentario me suena a lo de siempre; de hecho es la típica manera de hablar entre muchos seguidores del Zen. Muy, muy aburrida. A veces incluso piensan que al hablar con metáforas (bastante infantiles por cierto) se parece más sabio o interesante. Si Lin Chi o Tozan (que también se las traía) levantasen cabeza os iban a crujir a zapatillazos.

Entiendo lo que quieres transmitir y tu intención es buena pero seguir en esta línea, que quizás atraiga a gente poco avezada en los caminos abisales, no puede beneficiar a una práctica que siente se ha caracterizado por sus saltos al vacio sin red.

Hace años que deje de ponerme sonotones ajenos (puedes estar tranquilo) y disfruto del silencio de mi sordera, aunque como diría un buen amigo mío que de zen no sabe nada:

“cuando el silencio sustituye a la verdad, el silencio es mentira”

Anónimo Bocazas

P.D. Me juego una guen mai a que eres monje, ¿me equivoco?

Anónimo dijo...

Lo mejor de todo: "Cuando el silencio sustituye a la verdad, el silencio es mentira"

... pero por qué te juegas una guenmai a que es monje?

Anónimo dijo...

No sé, quizás porque esa manera de expresarse (condescendiente, pseudopoética, y para que engañarnos, un pelín pagada de sí misma) es la que habitualmente me he encontrado en muchos monjes con escasa formación aunque con una fe inquebrantable, que creen que se necesita dar rodeos para explicar cosas a veces muy simples.

Me recuerda mucho a una maravillosa película de Hal Hasby llamada “Bienvenido Mr Chance” en la que Peter Sellers hace el papel de un jardinero con un importante retraso mental y al que todos toman por un sabio porque creen que sus simples frases esconden una gran sabiduría. Alguien le pregunta por la economía y él contesta: ”El jardín hay que regarlo cada día” , o “Después del verano vendrá el otoño” , y hala, todos flipando y alzándolo a la categoría de Gurú.

Cuando comencé a meditar en Dojos me encontré con cambios físicos/psíquicos (que suceden) y muchas dudas que tuvieron por respuesta bellas frases evasivas y que en teoría debían contener las respuestas. Pero no, escondían la más absoluta ignorancia.

No generalizo, he encontrado por igual a monjes preparadísimos y a empalagosos verborreicos, pero si eres nuevo en esto del Zen y pillas a uno de los segundos puedes empezar con mal pié en la práctica. Y es que para ser monje en la tradición Soto Zen básicamente basta con saber coser; no existe un seguimiento de cerca por parte del Maestro hacia quien viste el kesa y eso es muy delicado.

Muchos hemos tenido nuestro primer contacto con el Zen a través de algún “Mr Chance” y eso es algo que convendría evitar.

Siddharta dijo...

Gracias Ane, por poner este texto del que comparto muchas cosas. Y gracias por permitir la libertad de expresión y la discusión en el blog, aunque sea con comentarios disonantes. Pretender dar lecciones de zen y de lo que es o no es la Iluminación a través de un blog, es decir esencialmente con el discurso, es no tener ni idea de lo que es el zen (creo). ¡Y encima hablar de zapatillazos de Tozan (para los demás, claro)! Ja, ja , ja ….

Gassho (para todos, obviamente, porque la compasión no tiene direcciones)

Anónimo dijo...

Hay zapatillazos de Tozan para todos amigo Sidharta,tranquilo.

No hay ninguna diferencia entre una nota disonante y una que no lo es. Simplemente unas sonidos entran en unas reglas de armonía (que hemos creado nosotros)y otros no. La diferencia la marcas tú.

De hecho el sonido del viento o del fluir del agua de un rio podrian considerarse disonantes. Todos los comentarios tienen su lugar y son necesarios, un universo en que todo fuesen bellos sonidos de pájaros sería aburridísimo.

Perezoso del Dharmma (y encima sin tener ni idea de lo que es el zen)

Siddharta dijo...

Querido/a Anónimo/a, quizá no debi usar "nota disonante". Tienes razón, todos los sonidos, todos los comentarios tienen su lugar. Gracias por compartir tu pensamiento. Pero me pareció notar una falta de respeto y prepotencia que me molestó. Simplemente eso. Me pareció que juzgabas y sentenciabas a un colectivo (¿cual? no acabo de entenderlo ...) con la sentencia: "merecedor-de-zapatillazos-de-Tozán". Si algo entiendo del zen (¡quizá no entiendo nada!) es que es algo vivo y directo, sin intelectualismos. Y en este contexto no concibo que alguien pueda juzgar asi a partir de escritos en un blog, sin el contacto directo con las personas. O generalizar a partir de otras personas que has conocido. Bueno es mi opinión.

Gassho.

ane dijo...

Comparto más de quince opiniones de las que aquí se han escrito. Pero lo que más agradezco de una forma muy personal es que se escriban.

Yo también me he quejado de que "el zen que nos ha llegado" no es todo el zen. No tengo nada que decir de Deshimaru, por ejemplo, porque hay que tener mucho de lo que hay que tener para venirse desde el otro lado del mundo y todo lo demás que tuvo que encajar para quedarse y plantar el zen en Europa, no creo que fuera fácil, así que mis respetos y agradecimiento, muy grandes, hacia él.

Por descontado que no estoy de acuerdo en todo, todo, lo que hizo entre otras muchas razones porque no lo conocí personalmente y quienes conozco que sí lo conocieron de esa forma, en general, lo tienen "endiosado".

En un mondo, Rafu hizo una reflexión preciosa por estar llena de autocrítica humilde y nada empalagosa sobre las dificultades y errores cometidos por la primera generación de monjes tras Deshimaru. Sería muy largo de contar y tampoco recuerdo las palabras exactas.

Habrá sesshines en las que podamos intercambiar opiniones sonantes y disonantes que, al final y todas juntas (según creo), componen la Armonía. Mientras tanto, por mí al menos, encantada de que lo hagamos en un blog o foro, sea cual sea. Que para eso están.

De todos modos, seguimos sentándonos juntos en zazen y sé seguro que todo el que así lo hace es sincero en la práctica. Al salir debatimos y eso también nos lleva "más allá". Siempre ha sido así en el zen, según tengo entendido, y no me disgusta ni un poco.

Gasshos a todo el mundo :)

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