Que se abran las puertas de las letras de las palabras...

                  
Trae tus palabras, las que usas normalmente y trae las que te gustaría usar, las que pertenecen a tu repertorio íntimo, sagrado, oculto e ingenuo. Tráete las palabras que logran que se te haga la boca agua, las que calientan tu corazón y la sangre se despeñe arterias abajo.

O deja por aquí un silencio que es una palabra muda al fin y al cabo. Apúntalas todas en fila, una detrás de la otra y cuando ya no se te ocurran más, empieza por la primera y monta una buena historia. Cuenta tu historia como te apetezca. Verás, verás que...

... tus palabras -en realidad todas las palabras- son un dedo que apunta la luna. No son la luna, pero la señalan. Y nosotros todo el tiempo estamos apuntando a cosas: cosas que se ven, cosas que no se ven, cosas que inventamos.............................. así que nuestros días están llenos de palabras:


palabras grandes, palabras pequeñas, sucias, brillantes, oscuras, sssinuosssasss, espléndidas, unas sedejancoser, otras son       independientes      prefieren   estar        solas    y    no      admiten      a      nadie.

Hay palabras de todos los colores, hay palabras mágicas... y palabras peligrosas...

Todas son muy trabajadoras y construyen el mundo que vivimos, pasito a pasito, como pequeñas hormigas hacendosas.

También se cansan y se desgastan y entonces hay que darlas un tiempo para que se recuperen en el hospital de las palabras, un tiempo que a menudo es largo. Hay que observarlas cuidadosamente mientras recobran su vitalidad y mientras tanto no hacerlas trabajar, dejarlas descansar.

Hay que mirar de cerca las palabras para saber a qué cosa señalan. Porque las palabras no son lo que se ve así a simple vista, qué va, las palabras son gordas, gordísimas, están repletas y tienen dentro el mundo entero.

Ya decían los sufíes: que se abran las puertas de las letras de las palabras. Y es que cuando abrimos sus puertas, encontramos mucho más de lo que parecía a simple vista.

Son tesoros porque las gusta guardar y hacer familias: cosas nuestras de antes, cosas de otros, silencios, olores, colores, sonidos y sensaciones que pasaban por allí de casualidad. Por eso hay que limpiarlas de vez en cuando, para poder abrir sus puertas y que nos dejen ver todo lo que hay por detrás, que suele ser mucho.

Después de todo las palabras que usamos cuentan nuestra historia pasada, la presente y la futura.

2 pensamientos +:

Elisenda Ortega Matas dijo...

Preciosa reflexión, que gran don es la palabra y que mal la utilizamos en tantas ocasiones... el poder de la palabra es inmenso, nos hace reir, soñar, enfadar o llorar... debemos utilizarlas adecuadamente y si no sabemos que decir guardar silencio y hablar con la mirada. Gracias y un abrazo!

ane dijo...

¿Sabes qué encontré en tu blog (http://elisendaortega.blogspot.com/)? El valor precioso de la imagen. Tan grande como el don de la palabra. Torpes que somos en disfrutarlos. De momento, solo de momento.

Un beso muy grande, Elisenda.

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