Sho Gu dice...
Sho Gu forma parte del Comando Dharma, no lo puede negar y tampoco creo que quisiera hacerlo, quiero decir: en el caso supuesto de no estar equivocada.
Encontré su blog un día, dando vueltas por ahí... (ah!, no, es que dejó un comentario aquí en el musgo)... da igual, la cuestión es que lei sus cosas y hubo dos que me resultaron especiales. Allá van:
"¿Qué pasa cuando hay más Maestros que Discípulos?
¿Qué pasa cuando hay más zafus que culos?
A esto se le llama degeneración del Zen"
Sí, ¿no?
Pues ahí va la otra, se titula "Esto es muy dificil":
"El zen no sirve para nada (falta de perspectivas)
- Las personas deben entrar al Dojo por su propio pie (la publicidad es inútil)
- Las explicaciones son sencillas y precisas (la falta de complicación hace que la gente no la valore)
- Las fantasias sobre la práctica se deben cortar de raiz (a veces somos un poco aguafiestas)
- No se debe mostrar nada ni esconder nada.(no hay posibilidad del trilerismo espiritual)
- La práctica de la meditación es solitaria, dura y silenciosa (te sientes como si te hubieran tirado en mitad del dojo)
- Se ha de salvaguardar la intimidad de los practicantes (el manoseo emocional es imposible)"
Dulce práctica muchas veces, correosa y seca otras tantas. Fructífera siempre. Después de todo, merece la pena regalárnosla a nosotros mismos.
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lo encontré por ahí
Casi un koan
Un día, el juez pidió a Nasrudín que le ayudara a resolver un problema legal.
-¿Cómo me sugerirías que castigue al difamador?
-Córtales las orejas a todos los que escuchen sus mentiras.
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cuentos
Los demonios de hoy
Según Dolores Aleixandre, estos son los nombres de algunos de los “demonios” con que tenemos que luchar hoy:
el “demonio de la necedad desinformada y conformista" que nos hace creer que la situación del mundo no tiene remedio ("son las leyes de una economía de mercado...", "es el precio a pagar por el avance tecnológico...") y que lo más sensato que podemos hacer es acomodarnos a lo que hay.
el "demonio neoliberal y consumista" que nos arrastra hacia un engañoso modo de ser "como todo el mundo", nos crea necesidades crecientes de confort y consigue que nos parezca lo normal el situarnos en un cómodo centro, alejados de cualquier riesgo y camuflando como "prudencia" la resistencia a todo lo que amenace desinstalarnos. A fuerza de vivir así, la "chispa de locura" que movilizó nuestras vidas más allá (gyate, gyate), se apaga, nuestra mirada se enturbia y los lugares de abajo que tenemos que frecuentar, terminan por sernos invisibles.
el "demonio individualista" que nos ciega al sufrimiento de los demás, nos seduce con la facilidad de una vida trivial y distraída en la que no nos alcanza el dolor de los otros.
el "demonio secularista" que nos hace vivir solamente desde imperativos éticos, "seculariza" nuestro corazón y nos incapacita para expresar la experiencia espiritual. De ahí nace ese "despalabramiento" para lo sublime, ese pavor ante el misterio y el símbolo, esas liturgias fosilizadas y ese "activismo apostólico" donde no hay tiempo ni espacio para una oración jugosa, silenciosa, "ociosa" y constante.
el "demonio espiritualista" que nos impulsa a seguir levantando santuarios y a escapar hacia los montes de nuevas sacralizaciones y restauracionismos con rasgos de new age vaporoso, sin relación con lo tangible de la vida real y cotidiana.
el "demonio idolátrico" que nos hace dar culto a los medios y a los instrumentos, a las instituciones, los ritos y las leyes, haciendo cada vez más difícil el toque directo y simple con lo que ES.
el "demonio de los mil quehaceres" que esconde dentro el viejo dinamismo de buscar la justificación por las obras, nos configura como dadores más que como receptores y convierte los fracasos o la vejez en verdaderos traumas, porque en esos momentos el trabajo pierde su pretensión de absoluto.
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