Los Tres Señores de la Guerra que defienden el ego

 
Hay en La Vía numerosos desvíos que sólo conducen a una versión deforme y egocéntrica de la espiritualidad: nos convencemos de que estamos creciendo espiritualmente cuando en realidad solo fortalecemos nuestro egocentrismo con las técnicas espirituales (me suena, me suena... lo tengo tan cerca... ¿seré yo misma quien huele mal?).

Los problemas básicos del materialismo espiritual son comunes a todas las disciplinas espirituales.

En la práctica de la meditación despejamos la confusión del ego, quemamos las confusiones, cortamos las actitudes negativas para entrever el estado del despertar. La iluminación no es algo que se produzca, es permanente, siempre ha estado ahí, es sólo que en un momento determinado la descubrimos.

El núcleo de la confusión es que el hombre cree tener un yo que le parece algo continuo y sólido. Cada vez que surge un pensamiento, una emoción u ocurre algún acontecimiento se tiene la sensación de que alguien toma conciencia de lo que sucede. En realidad este sentido del yo es un hecho discontinuo y transitorio. La lucha por mantener un yo continuo y sólido es obra del ego.

Se podría decir que el ego puede adoptar tres formas básicas:

El Señor de la Forma, el Señor del Pensamiento y el Señor de la Palabra.

El Señor de la forma es la búsqueda neurótica de comodidad, seguridad y placer físicos. Queremos protegernos de los aspectos duros e impredecibles de la vida. Se refiere a las preocupaciones neuróticas que nos impulsan a crear una vida cómoda, segura y predecible. Es la ambición del ego de afianzarse y entretenerse a sí mismo en un intento de evadir toda irritación.

El señor de la palabra se refiere al uso del intelecto para relacionarnos con el mundo. Adoptamos una serie de categorías para manejar el mundo. El producto más complejo de esta tendencia son las ideologías con las que justificamos y "santificamos" nuestras vidas, nos proveen de una identidad, normas de conducta y explicaciones de cómo y por qué de cuanto sucede. Representa la tendencia del ego a interpretar todo lo que le amenaza o irrita, de tal manera que el ataque parezca neutralizado o transformado en algo positivo desde el punto de vista del ego. Se refiere al uso de conceptos como filtros para protegernos de la percepción directa de lo que es. Si existe un mundo de cosas nombrables, entonces yo existo como una de dichas cosas nombrables.

El señor del pensamiento es el esfuerzo que hace la conciencia por mantenerse consciente de sí misma. Reina cuando hacemos uso de disciplinas espirituales o psicológicas para mantener nuestra autoconciencia. El ego puede usar las prácticas espirituales primero como un objeto fascinante y luego como un objeto de estudio. Cuando conseguimos aprender todos los trucos y respuestas del juego espiritual, buscamos producir automáticamente una mímica de la espiritualidad, porque el compromiso verdadero exige el desprenderse del ego que es a lo último que queremos renunciar.

Los tres señores seducen mediante un mito fundamental que es fruto de su propia creación: que somos entidades sólidas. Hay que abrirse paso a través de complicadas defensas de los tres señores que están hechas de la misma sustancia que nuestro espíritu. La materia prima del espíritu se utiliza para reforzar el mito primigenio de la solidez del ego.

El Buda descubrió que empeñarse en buscar respuestas no tiene ningún efecto, sólo se produce la penetración cuando no hay empeño. El método de zazen era dejar de ser, la práctica de zazen consiste en dejar de ser, en seguir la configuración, en acoplarse a la fuerza y al ritmo del estado mental. Sólo conocer el estado mental tal cual es, sin conducirlo a ningún sitio ni pretendiendo ningún resultado. No se debe uno imponer violentamente al pensamiento ni tampoco dejarlo vagar a la deriva. Seguir el ritmo de la energía del pensamiento.

El pensamiento discursivo, el chismorreo mental, es la primera línea de defensa de los tres señores. Cuantos más pensamientos producimos mayor es nuestro quehacer mental y más nos convencemos de nuestra propia existencia. Sin intervalos entre uno y otro pensamiento no hay forma de ver entre ellos, más allá de ellos. Pero en zazen no se busca suprimir los pensamientos, se los deja ocurrir espontáneamente y así manifiestan nuestra cordura original; los pensamientos se convierten en expresión de la claridad y la precisión de la mente despierta.

Después de los pensamientos, la segunda línea son las emociones. En  zazen las percibimos y las dejamos ser tal como son, no nos entretenemos ni nos distraemos por ellas. Así se convierten en fuente inagotable de energía que engendra las obras libres del ego.

A continuación van los conceptos, las etiquetas que nos hacen creer en la poderosa ilusión de que vivimos en un mundo sólido y definido poblado de cosas. Zazen consiste en captar el carácter transparente de los conceptos y que la rotulación es un simple acto de discriminación.

El Buda descubrió que no hay que luchar para verse libre. La ausencia de lucha es liberación. Este estado sin ego es el estado del Buda.

7 pensamientos +:

Anónimo dijo...

Esa constante lucha que a veces siento contra mi misma. Estar preparada contra lo que venga del esterior, cansa mucho pero me es dificil muchas veces dejar pasar... y se que cuando lo consigo me siento liberada, bueno es mi trabajo para toda la vida.

Ane dijo...

Los sufíes se preguntan:
"Y si yo lucha contra yo ¿quién gana?"

Se conoce que ellos también son aficionados a los koan. Ojalá nos sirvieran para algo más que para quedarnos con la boca abierta... que igual no es tan malo, estoy pensando...

Ladrón de Guevara dijo...

Quizá porque para mi, como me dijiste una vez, la vía del Bushido es más comprensible, considero que la vida es, una una manera o de otra, una lucha constante en la que, inevitablemente perdemos y ganamos (casi siempre más lo primero que lo segundo).

En continua lucha con el mundo interior y exterior, siempre luchando por crecer, por sobrevivir, por liberarnos.

Y si todos pensásemos como buda, y no luchásemos, ¿quién lucharía contra el que venga a robarnos la libertad?

Ane dijo...

Un buda luchando, créeme, es un adversario invencible. Le asiste el Vacío. Hay que tenerlo en cuenta. Nunca entres en combate con un buda. Me debes un té.

Ladrón de Guevara dijo...

Seguro que aunque no gane, algo puedo aprender de aquella lucha.

Hay veces que no se trata de ganar, ¿verdad?

Anónimo dijo...

Que no ganas contra un buda, seguro.
Que aprendes, seguro.
Que no siempre se trata de ganar, seguro.
Que tantas, tantas veces, perdiendo, ganas y al contrario, seguro.
Tienes mucha razón.

ane

Anónimo dijo...

Ah! y que felicidades por la publicación del poemario. No sabes cuánto me alegro y que me lo pienso comprar.

ane

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