Materialismo espiritual

    
El ego, como si fuera el Sol, el único Sol, trata constantemente de adquirir y aplicar las enseñanzas de la espiritualidad para su propio beneficio. Las enseñanzas se toman entonces como algo externo a nosotros que intentamos imitar. No queremos convertirnos en las enseñanzas, de modo que si la Tradición habla de renunciar al yo, tratamos de remedar la renuncia al ego.

Hacemos los gestos espirituales, somos actores hábiles, pero no queremos renunciar a nada, no entendemos nada, pero nos consolamos diciendo que estamos en la Vía. Si comenzamos a sentir algún conflicto o contradicción entre las enseñanzas y nuestras acciones, interpretamos la situación de manera que la racionalización allana el conflicto. El intérprete es el ego en su condición de consejero espiritual.

Es difícil bregar con este tipo de racionalización porque todo lo vemos a través del ojo de la filosofía y la lógica de nuestro ego y todo lo acomodamos dentro de nuestro esquema individual y nuestro esfuerzo es tan serio y honrado (sin ironía, de  verdad que intentamos ser serios y honrados, todos. Sobre esto al menos,  no tengo la menor duda) que es difícil llegar a sospechar de él. Siempre creemos en la integridad de nuestro consejero espiritual, los textos sagrados, las fórmulas esotéricas, la lógica matemática, la psicología profunda...

Sin embargo, siempre que comenzamos a evaluar con el fin de decidir si queremos hacer esto o lo otro ya hemos asociado nuestra práctica o nuestro conocimiento a ciertas categorías que se contraponen unas a otras. “Hago esto porque quiero alcanzar...”... va mal, nos separamos automáticamente de la realidad que somos.

Cuando formulamos juicios secundarios tales como: “Debería evitar hacer esto”, hemos alcanzado un nivel de complicación que nos aleja de la simplicidad básica que somos. Zazen es experimentar la naturaleza más simple de nuestro ego, sin añadir nada más.

El propósito principal de cualquier práctica espiritual es escapar de la burocracia del ego, salir del deseo constante que tiene de alcanzar versiones más elevadas de conocimiento, religiosidad, virtud, buen juicio, comodidad o cualquier otro objetivo.

Si no nos colocamos fuera de él tendremos una inmensa colección de sabiduría y vías espirituales y nos deleitaremos con ello y después de todo todavía habrá algo a lo que renunciar. Todo ello no es más que el espectáculo del ego, la cualidad ostentativa del ego. Se lo exhibimos al mundo y así nos aseguramos a nosotros mismos que existimos, seguros y protegidos en nuestro papel de personas espirituales. No se debe coleccionar, se trata de la apreciación plena de cada cosa, el compromiso total con cada cosa.

Cada uno tiene que aceptar la enseñanza, trabajarla, someterla a juicio crítico, masticarla, aceptarla y practicarla y convertirla en su propia enseñanza y trabajar con nuestra propia experiencia individual.

En el sendero espiritual es esencial relacionarse con uno mismo, con nuestra propia experiencia en una forma real, si no se convierte en un nuevo entretenimiento externo en vez de ser una experiencia personal orgánica. A menudo el camino espiritual se vuelve monótono, tedioso después del primer impulso inicial si no nos relacionamos con nosotros mismos en la forma que acabo de decir.

Todo lo que hacemos con la idea de que es bueno o malo se convierte en un acto parcial. La Tradición dice que tenemos que trabajar con la totalidad que está más allá de esto o aquello. Se trata de acciones completas, no de actos parciales. Sencillamente tenemos que dejarnos ser nosotros mismos, dejarnos crecer a nosotros mismos, en caso contrario se cae en el proceso autodestructivo de la confusión.

El mecanismo protector del ego incluye el hábito de inspeccionarnos a nosotros mismos. Zazen es la identificación completa...

3 pensamientos +:

Muiso dijo...

¡¡¡¡ Si es que no hay más, no hay más ¡¡¡ Está absolutamente claro: O encarnamos la práctica sin razón o la razón acabará con nosotros.

Shikantaza.

theDruid dijo...

gayo y visiten mis blogs de poesia !

Ane dijo...

No creo que haya habido nunca un comentario más honesto que éste.

Ya te había visitado, theDruid, y lo seguiré haciendo.

Un buen saludo

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